Welcome to New York, lo nuevo de Abel Ferrara

A pesar de ser un director poco conocido en el país, el estreno de Welcome to New York es un es un acontecimiento insólito que permite acercarse a la obra de Ferrara.
 
POR: 
Pedro Adrián Zuluaga

La película sobre el escándalo sexual que en 2011 involucró a Dominique Strauss-Kahn, director del FMI, se ha estrenado en muy pocos países. Más allá de la polémica o de sus mayores o menores virtudes, gracias a esta película podemos acceder a la obra de Abel Ferrara, un director inclasificable y una figura de culto que se ha especializado en filmar el mal y, en la tradición de sus orígenes católicos italo-irlandeses, de vislumbrar la redención. La siguiente entrevista revisa algunos temas inseparables de su filmografía.

En el cine norteamericano de las últimas décadas, Abel Ferrara es lo que se suele llamar un maverick, el rebelde que se enfrenta al sistema, aunque en ocasiones haya rodado con altos presupuestos o dirigido estrellas como Madonna, en Dangerous Game. Tampoco le ha sido ajeno el beneplácito de la crítica y los festivales de cine, en particular por la mítica Teniente corrupto (Bad Lieutenant) que significó su consagración en una zona intermedia entre director de culto de películas de asuntos oscuros y formatos plebeyos (super 8mm, porno, exploitation, el álgido downtown neoyorquino de los años setenta), y un auteur en la más respetable tradición europea.

2014 ha sido un año especial para Ferrara, de 63 años, por la coincidencia inusual del lanzamiento de dos películas suyas, cada una con su dosis de polémica. Welcome to New York, que se estrena este jueves 30 de octubre en Colombia, y Pasolini, una inmersión en las últimas horas del cineasta y escritor italiano, asesinado en 1975. En la primera, a la que Ferrara describe como un “semi-documental”, se inspira en el escándalo sexual que protagonizó Dominique Strauss-Kahn, por entonces director del Fondo Monetario Internacional. El realizador de orígenes italo-irlandeses, trabajó de la mano con Gerard Depardieu, para dibujar el retrato de un hombre agobiado por sus pasiones, afectivamente vaciado, incrédulo y sin embargo en busca de redención. En Pasolini, por su parte, se apoya en Willem Dafoe, un actor con quien ha realizado cuatro películas y que parece interpretar mejor que nadie el mundo atormentado del director.

Welcome to New York es de las pocas películas de Ferrara que ha merecido un estreno comercial en Colombia, a pesar de que en la mayoría de países fue directamente a la distribución video on demand, sin pasar por las salas. La favorece el escándalo mediático asociado al personaje protagonista, quien amenazó con demandar al director, e incluso que Depardieu haya renegado de la manera como Ferrara lo expone en escenas de sexo gráfico donde “reluce” su cuerpo adiposo y envejecido.

Ferrara accedió a responder unas pocas preguntas desde Italia, donde vive buena parte del año, lo que me ofreció la ocasión para preguntarle por sus comienzos como cineasta, a finales de los años setenta, en medio de una ambiente marcado por su inscripción en la cultura italo-norteamericana, pero abierto a la vibrante escena contracultural neoyorquina de esa década (Ramones, Talking Heads, Julian Schnabel). Aunque su primera vocación fue la música, derivó hacia el cine independiente con ejercicios afines a las películas de explotación especializadas en filmar las “calles peligrosas” y sus gentes. “No soy un tipo nostálgico –responde cuando le pregunto por esos años–, estoy bien con el presente, pero me divertí mucho en ese tiempo, realmente disfruté lo que hicimos en esa época”.

En 1992 cuando el Festival de Cine de Cannes presentó Teniente corrupto y la primera película de Tarantino, Perros de reserva, los periodistas los llamaron a ustedes “hijos de Martin Scorsese”. ¿Cuál es la influencia en su obra de esa corriente italo-norteamericana representada entre otros por Scorsese o Francis Ford Coppola?                                                                                                  

Martin (Scorsese) era como una pasión para nosotros, amábamos sus películas. Taxi Driver, Mean Streets: su obra en los setenta es monumental. Él trabajaba en la tradición de Cassavetes, que era el padre de todos. También estaba Pasolini… era un momento muy excitante para un joven realizador, por la oportunidad de estar al tanto de esas películas, de esas tradiciones en el mismo momento en que ocurrían. Sentíamos que era algo que debíamos mantener y continuar, nos mostraba las posibilidades de lo que estábamos haciendo y lo que podía llegar a ser.

Su film sobre Pier Paolo Pasolini es un viejo proyecto en su carrera. ¿Por qué hizo la película ahora y qué cambios realizó al proyecto original?

Una película es pensada mientras haces otras; en el set cuando se rueda y se crea en el mismo momento. Para Pasolini tuve muchas ideas diferentes sobre cómo abordarla, pero mi experiencia en documentales como Mulberry St o Chelsea on the Rocks, y la filmación en tono cuasi documental de Welcome to New York, nos dio el foco de cómo queríamos hacerla (con fragmentos de las películas de Pasolini o puestas en escena de algunas de sus últimas entrevistas).

Hablemos de su trabajo con los actores que en sus películas siempre son obligados a revelarse y trabajar en los límites (Harvey Keitel masturbándose en Teniente corrupto, sin ir muy lejos). En primer término le pregunto por Willem Dafoe, con quien ha hecho cuatro películas. ¿Qué representa él para usted?

Dafoe es mi amigo, es mi socio, nos conectamos. Un director siempre está en busca de un actor que personifique lo que hace. Desafortunadamente, existe el riesgo de que se vuelva una estrella-vehículo. Pasolini, 4:44 Last Day on Earth o Go Go Tales tienen muchos buenos actores, pero básicamente son películas que giran en torno a un tipo, y ese tipo es Willem. Él no es de Nueva York, pero vino a Nueva York a buscar su fortuna creativa. Tenemos mucho en común, y él ha evolucionado conmigo desde el comienzo.

¿Cómo fue el trabajo con Gerard Depardieu, quien se echa encima la carga de interpretar a Devereaux asumiendo una enorme cantidad de riesgos para representar de forma cruda y directa la “enfermedad” del personaje? ¿Por qué cree que le molestó la versión final de la película?

Él es un revolucionario, es todo lo que quieres en un actor. Me encantó el día que lo conocí y me encanta mucho más ahora. Es un sueño trabajar con él. Lo que puedo decir sobre él es que es fantástico.

En sus películas anteriores, y también en Welcome to New York, usted reincide en temas como la redención, la locura y el mal. ¿Por qué su atracción por estos asuntos y cómo sus ideas respecto a ellos han cambiado con los años?

Trató de hacer películas sobre personajes que intentan hacer una transición de la vida que llevan hacia otra vida. Cuando alguien atraviesa por una transformación, de hecho se está redimiendo. “Redención” es una palabra que se usa mucho para hablar de mis películas, pero que yo no veo realmente en ninguna de ellas. De pronto el público sí encuentra redención viendo a estos personajes. A mí me interesa hacer películas donde un personaje sale de un lugar oscuro, de las fuerzas del mal. Solo quiero hacer films sobre personajes que entienden ese proceso y lo pueden expresar.

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
octubre
30 / 2014