No me gusta Friends

Friends cumplió 20 años, y como en todo, están quienes la aman y quienes la odian. Contracara entre un amante y una crítica de la serie.
 
No me gusta Friends
Foto: /
POR: 
Dominique Lemoine

Siento mucho ser la chica migraña, pero no me gusta la serie más exitosa de los 90. Sí, son los amigos favoritos de la televisión y sus aventuras y desventuras amorosas hicieron suspirar a muchos, pero la verdad es que no me muero por tomarme un café en Central Perk y me tiene sin cuidado si Ross y Rachel al fin sí terminaron juntos.

El pasado 22 de septiembre la serie “Friends” cumplió 20 años, cosa que precipitó una oleada de nostalgia noventera por el sitcom y sus seis protagonistas. La serie se estrenó en 1994 con un piloto que no impresionó ni a los ejecutivos de NBC y una primera temporada que recibió críticas fulminantes. Sin embargo, la serie continuó por nueve temporadas, repitiendo hasta más no poder el romance entre Ross y Rachel, las “apabullantes” dificultades que tenían los personajes al vivir en un apartamento lujoso en una de las ciudades más caras del mundo, y, claro, los (oh, sorpresa) peligros de tomar café todo el día. Si a pesar de todo esto Friends sobrevivió es porque, claramente, tiene algo que atrae a las masas pero cabe recordar que no siempre lo que nos atrae es bueno. Si paramos un segundo y lo pensamos bien, Friends no era un muy buen programa.

Dejando de lado el insoportable romance que tuvo a Ross y Rachel juntándose y separándose durante las nueve temporadas, mi mayor problema con Friends es que no es chistoso. Los chistes no son buenos: pertenecen a ese humor gringo completamente desprovisto de ironía e inteligencia que necesita desesperadamente las risas pregrabadas para informarle a uno cuándo, cómo y qué tanto hay que reírse. ¿Se acuerdan de cuando Ross quería acostarse con su prima o del flashback con estética de telenovela en el que Ross cae en cuenta de que alguna vez se dio besos con su hermana en una fiesta? Lo siento, pero eso no son más que intentos desesperados de humor, puras patadas de ahogado.

Claro, el humor flojo de Friends no es su único problema. Los seis amigos vivían una vida improbable en Nueva York (incluso en la Nueva York de los 90): ¿cómo un grupo de tontos que a duras penas son adultos y se pasan todo el día tomando café pueden vivir en gigantescos apartamentos en Greenwich Village e irse de paseo cada rato? Pero el problema va más allá de que no es una representación fiel de cómo es la vida en Nueva York: Friends es en gran parte responsable de ese mito (que se sigue perpetuando hoy en día, a una escala aún mayor, en shows como Gossip Girls), ese sueño de ser un veinteañero guapo en una Nueva York mágicamente desprovista de ratas, ritmos frenéticos. arriendos absurdamente altos y demás cosas que hacen que esa ciudad sea lo que es.

Como si fuera poco, la manera en que Friends se burlaba de las personas obesas (entre otras) rayaba en la ignorancia y la tolerancia. Era también una serie en la que la diversidad era inexistente: ¿Había algún personaje feo? ¿Alguien negro o aunque sea moreno? ¿Alguien de otro país? Claro, era 1994 y el mundo era menos políticamente correcto, pero sin importar la época hay límites para todo y Friends ciertamente los traspasaba.

La nostalgia por Friends es explicable pero inentendible. Si acaso, Friends es simplemente la serie que mejor representa el panorama televisivo de esa época. No muy innovador ni interesante ni inteligente: insulso y eterno.

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
octubre
3 / 2014