Carlos Reygadas comparte con el espectador

El director mexicano Carlos Reygadas, ganador en 2012 del premio a Mejor Director en Cannes estará en Bogotá del 26 al 30 de mayo en el Simposio Internacional de CIne de Autor.
 
Carlos Reygadas comparte con el espectador
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Pedro Adrián Zuluaga

El nombre de Carlos Reygadas (Ciudad de México, 1971) se asocia de forma inmediata a la idea de “cine de autor”. Tras cuatro largometrajes, todos ellos exhibidos en el prestigioso Festival de Cine de Cannes, “el estilo Reygadas” sigue siendo difícil de definir o encasillar. Todas sus películas,  desde la opera prima Japón (2002) hasta la más reciente Post Tenebras Lux (2012), plantean desafíos que pasan por el tempo narrativo, su representación del cuerpo y la sexualidad, la relación con la tradición cultural mexicana  y el abanico de sentidos que sugieren en el público. Reygadas vendrá a Colombia entre el 26 y el 30 de mayo como protagonista central de un simposio sobre cine de autor que tendrá como sus otros invitados al también mexicano Amat Escalante, el español  Pedro Aguilera y el argentino Pablo Trapero. La siguiente es una breve conversación sobre el lugar de la filmografía de Reygadas en el cine mexicano y las múltiples derivas y sentidos de una obra que también incluye varios cortometrajes y los largos Batalla en el cielo (2005) y Luz silenciosa (2007).

PEDRO ADRIÁN ZULUAGA: ¿Se siente cómodo con la etiqueta de “cine de autor” dentro de la cual se clasifica a su obra?

CARLOS REYGADAS: Las categorizaciones no son la mejor forma de nombrar las cosas: las cosas son lo que son. Pero sí tenemos que distinguir el cine de entretenimiento del cine de autor; en este último hay una persona interesada en transmitir sus ideas o su visión del mundo, o por lo menos de ciertas cosas, para no exagerar. Solo en ese sentido lo que yo hago es “cine de autor”. Me interesa compartir una experiencia con el espectador, no entretenerlo.

Algunos espectadores y la mayoría de los críticos, buscan referencias para tratar de interpretar sus películas y así devolverlas a zonas conocidas. Por ejemplo, se postulan relaciones entre Japón y el mundo literario de Juan Rulfo, o entre Luz silenciosa y la película Ordet del director danés C.T. Dreyer. ¿Usted se reconoce en esas referencias?

No me interesa en lo más mínimo hacer un cine referenciado hacia el exterior. Para mí una película, como un buen libro o un fragmento de música, es mucho más interesante cuando es un mundo auto contenido. Los críticos, para tratar de explicar las películas, buscan vínculos que muchas veces resultan absurdos. Cuando hice Japón, jamás pensé en Juan Rulfo; sencillamente me imagino que el campo se parece y el campo mexicano se ha de parecer aún más, entonces si alguien habla de la gente de ahí puede parecer rulfiano. Pero en Japón yo estaba pensando en mi infancia. Cuando hice Luz silenciosa quería hacer una historia de amor, algo que no tiene nada que ver con la película de Dreyer. Muchísimas películas son historias de amor y no están conectadas entre sí. Para mí el motor de Luz silenciosa es la muerte por dolor, en una pareja que se está destruyendo por un enamoramiento, lo que yo concibo como un estado alterado de la conciencia. Luz silenciosa trata mucho más de temas humanos mientras Ordet trata básicamente de teología. Pero resulta que como los personajes de Luz silenciosa son de origen germánico y los hechos ocurren en el campo, alguna relación puede establecerse. Y luego ocurre algo que no pasa en muchas películas y es que alguien, desde la muerte, vuelve a la vida. Pero eso también pasa en Blancanieves y ningún crítico ha pensado en esa relación. Creo que es un asunto que desde la infancia nos impresiona mucho, más allá de Ordet, que es una película que adoro. Pero no hace falta que la gente se referencie hacia afuera. Quien tiene el sentimiento directo puede ver Luz silenciosa tal como es.

A propósito del enfoque teológico, en su manera de filmar el sexo y en general el cuerpo se traspasa algunos límites convencionales; a pesar de lo físico de esa representación hay una especie de misticismo o espiritualidad. ¿Está usted de acuerdo con esta observación?

En el mejor de los casos puede haber algo de eso. Pero sí es así se debe a que algo está siendo observado por un ser humano que siente y piensa, y también puede tener fe. Entonces esas impresiones ocurren como un subproducto de la acción de observar y capturar esos momentos. Yo ni siquiera hablaría de representación. No es algo que me interese en grado sumo. Desde luego que conozco la pintura y me interesa mucho el cuerpo humano, pero mi manera de ver viene de la vida misma, de mi vida. Es así como veo el sexo cuando yo mismo lo llevo a cabo; y esos cuerpos que fotografío los veo hermosos o feos, no importa, pero en todo caso son poderosos. En la mirada está todo. No hay ninguna búsqueda de trascendencia implícita, solo hay observación y la observación puede tener características espirituales porque todos nosotros somos espirituales. Pero esto se da por defecto o por resultado paralelo.

Hablando de su vida, ya que usted la menciona, entiendo que  Post Tenebras Lux fue rodada en su propia casa y con su familia.

Es correcto.

Hay una vocación de realismo en sus películas. Sin embargo, esa puesta en escena realista, como en Post Tenebras Lux, da paso de forma natural a lo sobrenatural.

El realismo como corriente artística es una cosa y el realismo como categoría existencial es otra. A mí me interesa la realidad, no el realismo como fue definido por ejemplo en la historia de la pintura. La realidad no solo es el mundo físico, los sueños pertenecen al mundo de la realidad. Las visiones, los miedos, los recuerdos, las proyecciones del futuro. Todo eso pertenece al concepto de realidad o de existencia. Para mí prevalece el sentimiento de existir, de estar vivos, con todas nuestras características. Las imágenes que usted llama sobrenaturales, o que podríamos llamar extra físicas, están dentro de lo que yo considero la realidad. Pueden ser imágenes de mi infancia, sueños, visiones del futuro que se imaginan los propios personajes. Usted puede imaginarse viejo, con sus nietos, aunque probablemente eso no ocurra porque muera antes. Pero eso no quiere decir que esas imágenes, por estar en su cabeza y en ninguna otra parte, no existan. Yo más bien me vincularía con el concepto de existencia.

Pero en su cine, eso se concreta en algo físico, como el caso del demonio rojo que aparece en Post Tenebras Lux.

Sí, es verdad que no entra dentro de la corriente más clásica del cine, pero desde luego que no soy el único director en hacerlo.

¿Cómo se ubica usted mismo en relación con la generación que lo antecede, y de la cual hacen parte González Iñárritu, Guillermo del Toro o Alfonso Cuarón? ¿A usted le interesaría hacer un cine desarraigado de la realidad mexicana como el que han hecho estos directores?

No lo sé. Siento que lo que uno es, en cuanto a nacionalidad se refiere, lo es porque ahí están sus raíces. Yo podría quizá irme a vivir a China y al cabo de cinco años se me ocurriría una película en China. Es probable, pero no estoy seguro. La mayoría de cosas que se me vienen a la cabeza tiene que ver con mi vida, que está vinculada a México, pero no quiere decir que no podría hacer una película en Estados Unidos. Pero otra cosa es que a mí no me interesa el cine de entretenimiento, no me interesa el cine de grandes presupuestos. No quiero trabajar con gente conocida disfrazada de personajes, no es la actividad a la que yo me dedico. Estoy muy a gusto haciendo lo que hago, es una necesidad personal.

Usted, con Mantarraya, ha producido películas como Alamar o el cine de Amat Escalante. ¿Se siente más cercano a las preocupaciones de esa generación más joven de directores mexicanos?

La verdad, lo que me hace sentirme próximo o lejano a alguien tiene que ver con el nivel de expresión humana, de agudeza o simplemente el caudal de visión que pueda tener alguien. Me puedo identificar muchísimo con un turco que no conozco, o con un japonés, y no con mi vecino. Yo trato de alejar mucho estas cuestiones culturales de la creación para concentrarme más en el aspecto humano. Con todos los directores que usted ha mencionado me identifico a partes iguales.

Pero dentro de la industria esas etiquetas como “Nuevo cine mexicano” funcionan y sirven para posicionar las películas.

Para usted quizá, porque así se relaciona con el cine. En mi caso yo ni lo oigo mencionar. Es como un escritor de libros que se identifica con gente que escribe en su estilo. Quizá un García Márquez se identifica con lo fantástico de Michael Ende, y no con alguien que está escribiendo metafísica analítica en Cali. Si usted escribe en español seguramente se identificará más con los escritores que publica Siruela, a los que ve en las reuniones y en las fiestas de esas compañías. Pero una cosa es el cine y otra la industria en torno a él, o las asociaciones periodísticas que se hacen con las películas. Me da risa cuando la gente dice que el cine es una industria. Yo nunca he visto que la gente diga que la literatura es una industria. Hay una industria editorial en torno a la literatura. Pero la literatura es un arte y punto y el cine lo mismo. Hay una industria cinematográfica que hace que el cine exista pero el cine no es una industria. No me identifico en lo más mínimo con esas etiquetas ni esos conceptos.

Podemos hablar de su próximo proyecto. Se lo pregunto sobre todo por la manera como usted se reinventa en cada película. Batalla en el cielo no se parece a Japón. Post Tenebras Lux es muy distinta a Luz silenciosa.

Le agradezco y me identifico con esa observación. Espero que lo que haga refleje mis cambios todo el tiempo. Las cosas que me interesan han cambiado a lo largo de los catorce años que llevo haciendo películas. Mi visión de las cosas espero que siempre siga transformándose. Pero no le puedo hablar de mis próximos proyectos y no porque quiera mantener secretos sino porque en la etapa de la creatividad las cosas son tan endebles que si uno empieza a hablar de ellas, por ponerlo en términos simples, termina perdiendo la fuerza por la boca y se le cae el impulso para crear. No puedo hablar de las cosas que todavía no he terminado.

         

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mayo
21 / 2014