¿Cuál es el secreto de Ellen DeGeneres para ser exitosa?

Ellen DeGeneres es una de las presentadoras más populares de los Estados Unidos. Descubra por qué los expertos la llamaron como la sucesora de Oprah.
 
¿Cuál es el secreto de Ellen DeGeneres para ser exitosa?
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POR: Revista Diners

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 528 de marzo de 2014

Días antes de la celebración más importante del año en Hollywood, los premios Óscar, la comediante Ellen DeGeneres revelaba que no habría chistes crueles en sus intervenciones como maestra de ceremonias de la gala, una tarea que ya había realizado siete años atrás. Con esta garantía, los invitados a la fiesta respirarían más tranquilos.

“Es un gran año para ser la anfitriona. Hay películas nominadas muy buenas y gente divertida en la audiencia con la cual puedo jugar. No voy a herir a nadie, pero será divertido. Básicamente también los conozco a todos. Julia (Roberts) es mi amiga, Meryl (Streep) es encantadora, Sandra (Bullock) es divertidísima, Leo (DiCaprio) es fantástico. Hice la película EDtv con Matthew (McConaughey) y definitivamente haré bromas con él”, comentaba previamente a la revista People.

Nadie esperaba que Ellen utilizara el humor negro, muy negro, de un comediante como Ricky Gervais, quien en la entrega del Globo de Oro incomodó a más de uno, y mucho menos que utilizara el muy subido de tono por el que optó en la edición pasada de los premios de la Academia el también humorista Seth MacFarlane. Con Ellen el asunto era diferente, con Ellen iban a la fija, al menos quienes no querían molestar a tanta vaca sagrada o a tanto ego abarrotado en el teatro Dolby, ubicado en una turística intersección de avenidas en Hollywood.

Selfie de Ellen DeGeneres.


Ellen y un estilo fresco para la televisión

DeGeneres es lo opuesto al estilo de estos dos últimos comediantes o de cualquier otro conductor de los famosos talk shows diurnos y nocturnos de la televisión gringa. El estilo de esta mujer de 56 años es casi pueril, inofensivo. Cuando quiere ser mordaz, lo hace siempre bajo un halo de ingenuidad.

En lo personal, me quedo mil veces con Gervais, pues se atreve a bajar del pedestal a muchos de los que se sienten intocables, bien por su fortuna o por su poder de influencia, dentro de una industria que supo pulirlos y fomentar esa adoración, ese fervor, entre su público. Ellen no se atrevería a ello, tiene sus límites y jamás se pasaría de la raya. En ese sentido su estilo es muy similar al que impera entre el resto de sus colegas.

De todas las bromas que llevó a la ceremonia del Óscar, la que más pudo haber llegado a ofender fue la que hizo sobre Liza Minnelli. Sin embargo, en la misma velada se tomaron un “selfie” con la etiqueta “besties” (mejores amigas). “Tengo que decir que uno de los imitadores de Liza Minnelli más impresionantes que haya visto en toda mi vida (está aquí)”, dijo Ellen, mirando a Minnelli y en clara referencia a los hombres que suelen caracterizar a la estrella de Cabaret en los bares gays. “Buen trabajo, señor”, concluía mientras parte de la audiencia reía, uno que otro bajaba la cara y Liza simplemente se debatía entre sonreír o quizá disimular una incomodidad.

Contenido casi familiar

Pese a todo, en general, Ellen es inofensiva. Eso le genera puntos en contra aunque más puntos a favor. Sus críticos la consideran demasiado “PG” (clasificación que en las películas garantiza un contenido casi familiar) y hasta de una naturalidad un poco falsa. Pero sus adeptos, que parecen ser la mayoría, la encuentran traviesa y graciosa. Esa popularidad la ha convertido hoy en la sucesora natural de quien por décadas fue la número uno de la pantalla chica: Oprah Winfrey.

“La mayoría de la comedia está basada en hacer reír a expensas de alguien más. Y yo encuentro que en gran medida  eso es solo una forma de ‘bullying’. Lo que quiero ser es un ejemplo de que se puede ser divertido y amable, y hacer reír a la gente sin herir los sentimientos de nadie”, explicaba Ellen a la cadena CBS hace un par de años.

En una época en la que muchos miden la popularidad de una estrella por su número de seguidores en redes sociales (algo que podemos debatir en otra ocasión), Ellen es la reina indiscutible entre los entrevistadores de la programación diurna. En Twitter tiene un poco más de 27 millones de seguidores, mientras que Oprah cuenta con 23,3. Por su parte, Jimmy Fallon, quien hoy es la nueva estrella masculina de los shows de variedades, no llega ni a los 12 millones y eso que cuenta con un horario nocturno que colocaría a Ellen en desventaja.

Del stand-up al late night show

Como cualquier otra historia de superación en Hollywood, la de Ellen cuenta con sus altos y bajos. Luego de ganarse la vida viajando con su espectáculo de comedia en vivo o “stand-up”, tuvo sus primeros “quince minutos” de fama (en realidad fueron 5 minutos, 20 segundos) presentándose en el popular e influyente show de Johnny Carson, en 1986.

En ese momento, Carson le dio su primer gran espaldarazo al calificar su material de “muy inteligente, muy refrescante”. También le expresó su solidaridad al reconocer que para una mujer era más difícil sobrevivir en el mundo de los clubes de comedia de improvisación. “Eso mismo digo yo y los hombres creen que soy machista”, le respondió Ellen.

Sus pinitos en televisión fueron a finales de los ochenta y en 1994 se estrenó la comedia que utilizaría su material de humorista y llevaría su propio nombre. Y fue en ese programa, y en 1997, cuando su vida tomaría otro giro al compartir con el público la orientación sexual de su personaje ficticio. Fue una maniobra que ella luego explicaría como respuesta a lo que en su vida personal ya estaba evaluando, pero que aún no se atrevía a admitir ante el mundo.

Impacto histórico

Ese momento, cuando la Ellen de la ficción declara al personaje interpretado por Laura Dern: “Susan, soy gay”, quedó registrado en los libros de historia de la comedia estadounidense. Por su significado social, por el impacto que generó entre la audiencia o porque simplemente se prestaba para parodias, nadie puede negar su relevancia.

En abril de ese mismo año, la revista Time le ofreció una portada con el titular: “Así es, soy gay”. A cambio, Ellen concedió, en exclusiva, una entrevista en la que contaba por qué había decidido revelar que era lesbiana. “Una vez dejé vacío el clóset de tal manera que terminé en la portada de la revista Time”, es una de las citas con las que Ellen bromeó luego sobre este otro episodio importante de su vida.

Eran otras épocas y que una celebridad hiciera este tipo de anuncios generaba incomodidad dentro de la industria. Hacerlo hoy, solo desata el apoyo masivo de colegas y público. En los noventa, no obstante, algo similar activaba una inmediata operación de manejo de crisis.

Oprah la llevaría a conversar del mismo tema y en el mismo año a su programa de televisión. Curiosamente, Oprah había participado en el famoso episodio donde Ellen abandonaba el clóset, caracterizando a una terapeuta que habría motivado al personaje protagónico a declarar su atracción por la famosa Susan.

“Nunca pensé que fuera asunto de otro lo que yo soy o con quien estoy. Pensé: ‘¿Por qué la gente tiene que saberlo?’, pero luego me di cuenta de que mientras tuviera que mantener en secreto algo que me preocupaba tanto, iba a parecer que no era correcto”, explicaba en ese entonces a Oprah.

Pese a la inmensa publicidad que recibió tras el anuncio, no toda fue positiva. Académicos, críticos y hasta feministas tuvieron algo que decir negativo sobre la forma en que la comediante había manejado el tema. Algunos programadores y anunciantes terminaron dando la espalda a su programa de televisión y eventualmente salió del aire.

Second chance

De nuevo, Ellen volvía a sus rutinas de comedia. Pero la televisión le ofreció una segunda oportunidad y esta vez de manera contundente. De todas las celebridades que recientemente han intentado lanzar un programa de entrevistas, el de Ellen ha sido el de mayor popularidad y permanencia.

Se lo debe a su estilo particular de baile y de comedia, pero también a la forma en que conversa con sus invitados, los cuales hace sentir siempre cómodos. Ella, al igual que ellos, es estrella y conoce muy bien lo que puede entenderse como un acto entrometido o de agresión.

En la reciente entrega del Óscar así lo demostró. Poniéndose en su nivel, es decir, bajando del escenario, recorriendo los pasillos del teatro Dolby e incluyéndolos en sus números de humor. A varios los puso a comer pizza para luego hacer una colecta que cubriera el costo de la misma. Se atrevió a pedir dinero al propio Harvey Weinstein, uno de los productores más temidos de Hollywood, y luego a Brad Pitt. Ninguno iba a negarle el aporte y mucho menos ser partícipe de sus bromas.

pizza Ellen DeGeneres


Conversando con alguien que ha escrito comedias en Hollywood, incluyendo la galardonada Cheers, me expresaba sin embargo su insatisfacción por el desempeño de Ellen durante la ceremonia. La consideró  monótona, repetitiva y nada original.

Las redes sociales: un arma de doble filo

En Facebook, Teddy Antolin, uno de los estilistas más famosos de Hollywood y que ha trabajado con Jane Fonda y aún lo sigue haciendo con David Bowie, escribió durante la emisión de los premios: “Espero que se atragante con la pizza”. Eliminó las palabrotas que utilizó en su “posting” pero en el mismo añadió: “Me enferma. Vete al diablo, Ellen”. Hay que anotar que Antolin fue quien se encargó de arreglar a Liza Minnelli para la gala y quizás sus críticas eran en respuesta a la broma que de su maquillaje hiciera Ellen.

Pese a este par de comentarios negativos, en un mar de elogios que ha recibido, los índices de audiencia no pudieron ser mejores. En esta edición del Óscar, con Ellen a la cabeza, se registró un incremento del 7 % frente a la del año pasado y se convierte en la ceremonia más vista desde el año 2000. Incluso, si se compara con programas de entretenimiento en general,  superó en ratings a la transmisión del capítulo final de la serie Friends, en mayo de 2004.

Y ni hablar de la influencia que Ellen demostró tener en redes sociales. Con su ejército de admiradores y quienes seguían la gala en vivo, logró que una foto tipo “selfie” con un grupo de actores que estaban sentados en las primeras filas del teatro, se convirtiera en la más retuiteada de la historia de Twitter.

Cuando la cámara se apaga

Indagando un poco más sobre Ellen, escuché algunos testimonios que pintan una imagen diferente de la mujer simpática y hasta tierna que vemos en la pantalla. Por diversas razones, nadie quiso respaldar con su identidad lo que me describieron como episodios de histeria y de grandeza. Cierto o no, no sería la primera vez que una celebridad es descrita como alguien de trato difícil.

Pero si hay una característica humana que Ellen ha promovido entre su público, ha sido la de la filantropía. En su libro Seriously…I’m Kidding, de 2011, aconsejaba: “Contribuye al mundo. Ayuda a la gente. Ayuda a una persona. Ayuda hoy a alguien a cruzar la calle. Ayuda a alguien con una dirección a menos de que tengas un terrible sentido de orientación. Ayuda a alguien que está tratando de ayudarte. Simplemente ayuda. Crea impacto. Muéstrale a alguien que te importa. Di ‘sí’ en lugar de ‘no’. Di algo lindo. Sonríe. Haz contacto visual. Abraza. Besa. Desnúdate”.

Y así lo puso en práctica en la reciente entrega del Óscar. Al muchacho repartidor de pizzas, que no era un actor, le entregó mil dólares de propina. Cuatrocientos salieron de su bolsillo.

Ellen, con su ejército de admiradores y quienes seguían la gala en vivo, logró que una foto tipo “selfie” con un grupo de actores que estaban sentados en las primeras filas del teatro, se convirtiera en la más retuiteada de la historia de Twitter.

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