‘Todos somos extraños’: un retrato de amor y nostalgia

Todos somos extraños, la adaptación cinematográfica de la novela del japonés Taichi Yamada, ha llamado la atención por su inquietante historia de amor y fantasmas. Diners conversó con su protagonista, el irlandés Andrew Scott.
 
‘Todos somos extraños’: un retrato de amor y nostalgia
Foto: El actor irlandés Andrew Scott tiene 47 años y es el protagonista de 'Todos somos extraños' / Fotos: Cortesía de Searchlight Pictures. /
POR: 
Mario Amaya

El actor irlandés Andrew Scott cautivó al público con su interpretación de James Moriarty en la exitosa serie Sherlock. Su carrera tuvo mayor proyección gracias a su papel del carismático sacerdote en la serie Fleabag, junto a la actriz Phoebe Waller-Bridge. Y ahora llega con la película Todos somos extraños, dirigida por Andrew Haigh.

La cinta es una adaptación de Extraños, la novela del japonés Taichi Yamada publicada en 1987. En ella se narra la historia de un guionista londinense llamado Adam, interpretado por Scott, quien mientras se vuelve a “conectar” con sus padres fallecidos encuentra un inesperado amor en su vecino, Harry, interpretado por Paul Mescal (Aftersun).

La esencia de la película radica en el viaje sobrenatural de Adam para reconciliarse con su pasado después de muchos años de soledad. Sin embargo, en esencia, Todos somos extraños vibra con vida propia por la conmovedora relación entre Adam y Harry. 

¿Qué es lo que más le llamó la atención de esta historia?

Cuando hablé por primera vez sobre este proyecto con el director Andrew Haigh, no podía sacarme de la cabeza la idea de cómo sería volver a encontrarte con tus padres mucho después de que ya no estén en tu vida. Y ese concepto me resultó fascinante para explorar la familia, el amor, el dolor de nuestro pasado. Y como la novela es una historia de fantasmas japonesa muy tradicional, Haigh sintió que debía haber una adaptación que tuviera sentido para una cultura occidental como la de Inglaterra, que es donde se ambienta la película. 

¿Cuánto sabía sobre la versión japonesa original?

En realidad, evité deliberadamente saber algo de la historia original. El guion era tan fuerte que mi trabajo fue interpretar la visión de Andrew Haigh.

Cuando leyó el guion de Andrew Haigh, ¿a qué se aferró y qué influyó en su enfoque para interpretar a Adam?

Pienso que me impresionó mucho, me sentí conectado de inmediato con él, sentí que sabía cómo interpretar a ese personaje, y estaba realmente emocionado de que Haigh hubiera pensado en mí para ese papel. Desde el principio, nuestras conversaciones fueron sobre no actuar, por así decirlo. A mi juicio, se habría sentido un poco perverso crear un personaje que estuviera demasiado alejado de lo que podría haber sido la experiencia de crecimiento de Haigh y de lo que mi experiencia podría haber sido de adulto. Y, de cierto modo, es una especie de recopilación de nuestras experiencias. Ninguno de nosotros conoce a la familia del otro, pero siento que tuvimos que unirnos para hacer eso. Y quería que fuera algo sin adornos.

El concepto de la película es bastante original, por decirlo de alguna manera…

Honestamente, creo que por eso la película está afectando a tanta gente. Pienso que hay una potencia real para despertar nuestras emociones a partir de los sueños. Algunas veces puedes despertarte increíblemente molesto, afligido, muy enojado; puedes despertarte con todo tipo de cosas en tu mente y eso es muy potente. Entonces, el desafío para nosotros como actores fue crear una atmósfera en la que no pensáramos en eso y solo pensáramos en la autenticidad de los personajes.  

La historia igual demuestra que las conexiones humanas son muy poderosas…

El guion de Andrew Haigh me conmovió mucho, y una de las razones fue por la crueldad accidental que a veces se ve en las familias. Basados en el amor verdadero, les decimos cosas a nuestros familiares que son brutales y que los pueden hacer sentir invisibles. Y para muchas personas que salen del clóset, como Adam, no se trata necesariamente de un rechazo total ni de un abrazo sincero, está en algún punto intermedio; considero que es una experiencia por la que atraviesa mucha gente de la comunidad LGBTIQ+.

Uno de los grandes aprendizajes de Todos somos extraños fue la poderosa oportunidad de echar un cierre, de decirle algo a alguien incluso cuando pensaba que era demasiado tarde. ¿Cómo resonó eso personalmente?

Para mí, se trata de amar y ser amado. Pienso que Adam se encuentra en una especie de purgatorio donde no es capaz de seguir adelante. Está estancado, y parte de eso se debe a que se ha restringido como persona.  

Para que alguien pueda seguir amándose a sí mismo, no solo los homosexuales, sino la gente en general, necesita que sus padres lo vean. “Esto es lo que soy”, debe decir. Y hay una parte en el Adam adulto que nunca lo ha hecho. Lo imagino cuando tenía unos veinte años preguntándose: “¿Mis padres me defenderían en esta situación? Me pregunto si me conocerían”. Y ahora tiene cuarenta años y puede manifestar: “Voy a decirte algo”. 

Y lo más hermoso es que una vez que empieza a ser amado por sus padres, de alguna manera puede salir de ese purgatorio y comenzar a amar a alguien más.

¿Qué tuvo en cuenta para que el resultado final fuera una historia importante que contar?

Nunca dudé que era una historia importante que contar. Ahora vivimos en la era de la identidad, y lo que algunas veces encuentro preocupante es cómo nos separamos. Cuando decimos: “Bueno, yo soy esto”, nos etiquetamos a nosotros mismos. “Soy una persona gay, soy una persona heterosexual. Soy esto, soy aquello”. Y la película ha tocado a muchos tipos de público, porque todo el mundo tiene una relación con sus padres, una idea de sí mismo, del duelo. Por ese motivo, la gente se ve a sí misma en esta película. Y eso es lo que la hace universal. 

(Lea también: ‘Yo, capitán’, una mirada distinta al drama migratorio)

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
marzo
14 / 2024