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La vida de Adèle: ¿por qué nos asusta el sexo?

Más allá de la polémica, para quienes buscan ser inspirados y posiblemente transformados por un cine inteligente, La vida de Adèle es una apuesta segura.

Foto: La vida de Adèle

Más allá de la polémica, para quienes buscan ser inspirados y posiblemente transformados por un cine inteligente, La vida de Adèle es una apuesta segura.

Mucho de lo que críticos, lesbianas y feministas (sin contar con que se puede ser las tres cosas a la vez) han escrito sobre La vida de Adèle, desde su explosivo estreno en Cannes 2013, lleva entre líneas una confesión. El rechazo o la admiración sin matices que la película despierta dice más del espectador, y su intrincada biografía, que de la película misma.

¿Es posible, a estas alturas, ver este film como un hecho objetivo sin contaminarlo de nuestro propio mundo afectivo? Me temo que no. Pero es razonable, al menos, un intento de cordura.

Primero hay que examinar los argumentos de ambas partes. Los fervorosos defensores hablan de un milagro, de una película en “estado de gracia”, de una revelación (con la carga religiosa de esta palabra) y de un logro inédito en cuanto a la representación del sexo entre mujeres.

Los acalorados detractores acusan a Kechiche de sobreexponer los bellos cuerpos de las actrices protagonistas para satisfacer deseos y fantasías masculinas, de un erotismo inverosímil, o de las recargadas y pedantes referencias culturales que van desde Marivaux hasta el arte neoclásico.

De primeros planos y otras apuestas

Desde ambos lados de la contienda hay mucho poder de vociferar, pero en una época de reclamos minoritarios e identidades endurecidas (“la cultura de la queja”, descrita por el gran crítico Robert Hughes), lo más probable es que el segundo grupo –los detractores– grite más alto y se haga escuchar mejor.

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Porque en su argumentación echan mano de una supuesta excepcionalidad biográfica que les da autoridad para hablar, y de paso se la niegan a los otros. Julie Maroh, autora del cómic del que parte la película, dice que reacciona como lesbiana cuando escribe en su blog que el sexo en la película le pareció “un despliegue brutal y quirúrgico, demostrativo y frío, de sexo supuestamente lésbico que deriva hacia el porno y que me hizo sentir muy incómoda”.

Y agrega que lo que faltó en el rodaje de la película fueron… lesbianas. Amy Taubin, crítica de la prestigiosa revista Film Comment, escribe sobre el rechazo que le produjo la película. A propósito de uno de sus planos iniciales: “¿Por qué, me preguntaba, en un plano que representa al personaje central mientras camina hacia la escuela, el foco de la imagen está en su culo?”.

¿La vida de Adèle es exagerada?

En estas dos reacciones lo que se ve es obtuso puritanismo, deseo de mantener el sexo –lésbico, gay, transgénero o heterosexual– en el clóset, como el secretico de alcoba que nadie puede tocar, culpabilización del placer “perverso” que nos reporta –a hombres y mujeres de todas las opciones sexuales– ver la deriva de unos cuerpos sobre la pantalla, venganza contra la belleza.

Objetivamente, La vida de Adèle es una gran película. A través de largas secuencias desarrolla de forma vívida y creíble una historia de amor en sus distintas fases: el enamoramiento, la pasión del sexo, la rutina, la separación y la melancolía de un nunca posible reencuentro.

Es una película cuya tensión psicológica constituye un logro cinematográfico explicable no por un estado de gracia, sino por la combinación de artificio y naturalidad, de melodrama y realismo. Es decir, por el trabajo y el talento de dos extraordinarias actrices en manos de un director obsesivo y consecuente con lo que quiere lograr.

Una relación de poder que no sale del cliché

Lo más diciente de la película son esos diálogos de apariencia cotidiana. Nos hablan con perspicacia del poder de las relaciones y las relaciones de poder. El destino de Adèle se explica desde los códigos de la tragedia, donde los personajes son manejados por fuerzas que escapan de su control.

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En este caso, lo incontrolable es el deseo de Adèle, nunca del todo asumido pero imposible de reprimir. Más allá de la polémica, para quienes buscan ser inspirados y posiblemente transformados por un cine inteligente, La vida de Adèle es una apuesta segura.

Calificación: ****1/2 (4,5)

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Marzo
20 / 2021
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