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Alejandro Obregón, el máximo exponente de la modernidad en Colombia

Para conmemorar el centenario del nacimiento del artista, el libro de arte del Banco Davivienda y Seguros Bolívar reúne cuatro ensayos que ofrecen una mirada contemporánea a su trabajo, así como una selección de dibujos inéditos.

Foto: Pilar Gómez - archivo Obregón

Para conmemorar el centenario del nacimiento del artista, el libro de arte del Banco Davivienda y Seguros Bolívar reúne cuatro ensayos que ofrecen una mirada contemporánea a su trabajo, así como una selección de dibujos inéditos.

Dos años tardó el comité de curaduría en establecer las variables conceptuales que se pueden recorrer a través de esta edición de lujo, presentada por Ediciones Gamma. La monografía, que recoge cuatro miradas transversales sobre el trabajo del pintor Alejandro Obregón, y un aparte dedicado a sus dibujos inéditos, provee un nuevo acercamiento a este artista que irrumpió en la escena del arte colombiano a principios de los años cuarenta y fue precursor del modernismo en el país.

Alejandro Obregón volcán submarino
Volcán submarino, 1960. / Foto Óscar Monsalve

Los autores, guiados sobre cuatro ensayos gráficos, construyeron diferentes perspectivas que enriquecen la mirada sobre Obregón. Así mismo, establecen nuevos puntos de anclaje sobre su influencia en el panorama del arte colombiano y latinoamericano, ubicándolo como referente fundamental.

Alejandro Obregón Alas
Alas – Morros de Cartagena, 1971.

Singularidad expresiva

El primero de los ensayos, escrito por el historiador y profesor Álvaro Medina, invita a explorar aquel Obregón que desde su estudio generó un lugar en el que su pintura es insular e independiente de las tendencias que pudieron existir en el arte moderno latinoamericano, no sin conversar con ellas en profundidad.

Para ello escoge la fuerza vital, inconmensurable e inestable de la naturaleza, que el artista retrató incesantemente.

Cóndor
Cóndor, ca. 1980. / Foto Cortesía Archivo Obregón

Con varios ejemplos, Medina sostiene que el artista consigue llegar a ser un “expresionista pleno” a finales de la década de los cincuenta, al presentar sus series de cóndores y torocóndores, en una suerte de independencia absoluta de cualquier influencia previa y en particular al expresionismo abstracto norteamericano (una de las últimas vanguardias artísticas del siglo XX, imperante en ese momento). Afirma que se decide por el “expresionismo figurativo, tendencia que cultivó por el resto de su carrera artística”.

Galerna
Galerna, 1980. / Foto Annie Fuller

El panorama latino

Otro tema tratado por Medina es la inserción de la producción de Obregón en el panorama del arte latinoamericano. Además del particular diálogo que establece cuando descubre la convergencia conceptual al afirmar que el “paisaje no es propiamente un paisaje, sino un contenedor de sucesos que nos afectan a todos”.

Así encuentra un paralelo con varios artistas de la región, entre ellos el venezolano Armando Reverón, el cubano Carlos Enríquez, el chileno Nemesio Antúnez, el panameño Guillermo Trujillo, el peruano Fernando de Szyszlo, los brasileños Tarsila do Amaral y Alberto da Veiga Guignard; los uruguayos Pedro Figari, Gonzalo Fonseca y José Cuneo; los mexicanos Dr. Atl, Günther Gerzso y Vicente Rojo; o los colombianos Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar y Teresa Sánchez, todos con una extensa producción en el siglo XX, excepto Sánchez, quien ha desarrollado su carrera desde el último cuarto del siglo XX.

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Alejandro Obregón pájaro cayendo
Pájaro cayendo al mar, 1961. / Foto Cortesía Archivo Obregón

Entre el bodegón y el paisaje

Una interpretación poética de las composiciones de Obregón se expone en el ensayo de Nicolás Gómez Echeverri, actual director ejecutivo del Museo de Arte Contemporáneo de Lima; allí plantea un contexto conceptual para Obregón a través del filósofo Hans-Georg Gadamer, quien describe la percepción del cuadro moderno como algo “que nos asalta con una elocuencia propia, silenciosa”.

Ganado Magdalena
Ganado ahogándose en el Magdalena, 1955. / Foto Cortesía Archivo Obregón

El tránsito entre los bodegones de los años cuarenta y los paisajes de los años sesenta, que se estudia con minuciosidad, exalta la compleja elaboración de un lenguaje propio en la obra del artista. Singular lenguaje que le otorgó en 1962 el premio máximo de la plástica colombiana al obtener el primer puesto en pintura del XIV Salón Nacional de Artistas con la emblemática pintura Violencia, considerada por la crítica como la creación más importante del siglo XX en Colombia, y que puede apreciarse en la colección permanente del Museo de Arte Miguel Urrutia del Banco de la República.

Marina Alejandro Obregón
Marina, 1979. / Foto Cortesía Archivo Obregón

Así, su tesis orbita sobre la importancia de la línea horizontal en la pintura de Obregón, “donde habitan animales y seres que superan nuestra humanidad, donde se extiende el enigma del océano con los reflejos de sus olas o la recóndita oscuridad de su fondo, donde brotan los bosques y manglares encantados entre la luz caribe de aire cálido, donde fluyen recias corrientes de mar y río para barracudas, mojarras y pirañas, estallan volcanes, se alzan las pétreas murallas cartageneras y soplan los vientos que empujan el ascenso y descenso del alcatraz o de Ícaro”. Las palabras de Gómez Echeverri develan la visión sobre el mundo que Obregón nos ofreció.

Agua Blanca
Agua blanca, 1987. / Foto Cortesía Archivo Obregón

La violenta geografía

Por su parte, Isabel Cristina Ramírez, historiadora y docente de la Universidad del Atlántico, indaga la relación entre paisaje y naturaleza, con el contexto político y la violencia en Colombia en Obregón. Una de las principales herramientas fue su investigación, realizada en 2013, para la exhibición Obregón: geografías pictóricas, en el Museo Nacional de Brasil.

Alcatraz
Alcatraz, 1970. / Foto Cortesía Archivo Obregón

En esta desarrolla una serie de conceptos fundamentales de su pintura, entre los que se encuentran las geografías del desdoblamiento, las geografías de cuerpos y tensiones y cuerpos geografía. Todos ellos cimentados en las observaciones y vivencias del artista con la naturaleza, donde “descubre asuntos tan amplios como el misterio de la vida y la muerte, la violencia, el instinto, el dramatismo, la crueldad y las fuerzas implícitas en las relaciones entre los seres vivos y de ellos con el espacio”.

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Después de la lluvia
Después de la lluvia, 1982. / Foto Óscar Monsalve

Esto le permitió a Obregón desarrollar “estrategias pictóricas” para retratar con fuerza y contundencia episodios políticos y sociales que afectaron profundamente nuestra nación a mediados del siglo XX, como en las obras Masacre (10 de abril), que habla de las muertes ocasionadas por el Bogotazo el 9 de abril de 1948, o Estudiante muerto –Velorio, en claro homenaje a la muerte del estudiante Uriel Gutiérrez, el 8 de junio de 1954, ocurrida en protestas contra de la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla.

Bodegón en rojos Alejandro Obregón
Bodegón en rojos, 1959. / Foto cortesía Archivo Obregón

Su conclusión de que “Obregón encontró en la naturaleza un lugar de comprensión sobre la violencia”, es con alta probabilidad una de las tesis más interesantes que establece la historiadora, al revelarnos la manera como el artista sintetizó la fuerza de la naturaleza, como una metáfora de lo visual y de la realidad política colombiana.

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Alejandro Obregón
Almuerzo en el estudio de Feliza Bursztyn con Fernando Martínez, Mercedes Barcha, Gabriel García Márquez, Pablo Leyva y María Clara Gómez. 1977. / Foto archivo María Clara Gómez

Inusual e insospechado

El último ensayo a cargo del actual curador jefe del Museo de Arte Moderno de Bogotá, el italiano Eugenio Viola, está dedicado a un aspecto poco explorado en el trabajo del maestro Obregón, pero muy pertinente para nuestros tiempos: la denuncia ecológica.

A través del texto, Viola nos ofrece una de las más bellas comparaciones formales de la obra de Obregón con los artistas del Land Art, singular e insospechada relación que nos muestra su observación sobre la serie Homenaje a Saint-Exupéry.

Alejandro Obregón
Mujer, 1948. / Foto Óscar Monsalve

Allí, describe estas piezas del artista que “recrean diferentes planos a través de áreas horizontales de pintura de varios colores, dividiendo la superficie de la obra en tres partes, que simbolizan la tierra, el mar y el aire, respectivamente, [brindando] una ‘vista a vuelo de pájaro’ que marca un misterioso contrapunto pictórico con la vista aérea que ofrece la experiencia del Land Art”.

Flor de mangle
Flor de mangle, ca. 1973. / Foto Óscar Monsalve

Un homenaje para Alejandro Obregón

Observador de su entorno, Obregón amó y entendió la naturaleza como pocos. Muy sensible a los cambios provocados por el ser humano, tomó una posición reiterativa de denuncia. A partir de la década de los setenta señaló procesos irreversibles que sufrieron el parque Salamanca, entre la vía Cartagena-Barranquilla, y en la década de los ochenta, el desastre en la ciénaga de la Virgen en Cartagena. Dos momentos explorados en el ensayo del curador italiano que lo llevaron a concluir que la pintura de Obregón influenciará “por siempre en la percepción artística del paisaje natural colombiano y el medioambiente”.

Alejandro Obregón libro
Estudio Homenaje al libro, 1959. / Foto Óscar Monsalve

Este libro es, sin duda, un documento imprescindible que conmemora los cien años del natalicio del artista, publicación indispensable en la biblioteca de aquellos que deseen conocer o reencontrarse con el arte colombiano, y en particular con la vitalidad creativa del principal exponente de la modernidad en Colombia: el maestro Alejandro Obregón. 

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Enero
13 / 2022

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