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Diálogos entre el arte y la ciencia con pinturas rupestres de la Orinoquía

A partir de pinturas rupestres de la Orinoquia, el MAMBO reinterpreta su colección e invita a generar una reflexión de la mano de la artista Rosario López.

Foto: Ministerio de Cultura del Perú, cortesía Museo del Oro de Bogotá

A partir de pinturas rupestres de la Orinoquia, el MAMBO reinterpreta su colección e invita a generar una reflexión de la mano de la artista Rosario López.

El artículo ‘Diálogos entre el arte y la ciencia con pinturas rupestres de la Orinoquía’ fue publicado originalmente en la versión impresa de la Revista Diners, edición mayo del 2021

Los abrigos rocosos que conforman los yacimientos arqueológicos de Cerro Azul y Nuevo Tolima, en la serranía de La Lindosa, Guaviare, fueron durante un periodo que oscila entre los 5.000 y los 12.000 años, el lugar de reunión y expresión de comunidades ancestrales.

En estas paredes de roca, dichas sociedades prehistóricas plasmaron pinturas rupestres que hoy nos acercan a sus culturas y tradiciones. Aquellas imágenes que sobreviven al paso del tiempo configuran nuevamente un espacio de reunión en el que esta vez el escenario es el museo y las conversaciones que generan interconectan disciplinas como las artes plásticas, la biología y los estudios feministas.


Se trata de la exposición Trazas, oficios y territorios del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), que estará abierta hasta el 1 de agosto de 2021. La iniciativa forma parte del proyecto La colección en escena, un espacio de investigación y experimentación que invita a diferentes artistas a ofrecer nuevas interpretaciones, lecturas y conexiones con las piezas de la colección de este museo.

La artista Rosario López es la encargada en esta oportunidad, junto al curador junior del museo Germán Escobar, de liderar el análisis que parte de la investigación de la colombiana en la serranía y los vínculos que se desarrollan con las piezas del museo.

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Del territorio al museo

En 2019, López se aventuró junto con un grupo de científicos, biólogos, antropólogos y artistas de la Universidad Nacional a investigar las pinturas rupestres de la serranía La Lindosa. Meses después recibió la invitación del MAMBO para entretejer una exposición a partir de sus fotografías.

“Cuando me acerqué a las obras de arte del museo la idea era buscar conexiones formales o relaciones simbólicas para establecer una suerte de contemporaneidad entre esas pinturas que fueron realizadas miles de años atrás y las piezas de arte moderno y contemporáneo del MAMBO”, le cuenta a Diners Rosario López.

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“Los hallazgos fueron muy enriquecedores. Encontré que había serigrafías y pinturas abstractas que pueden relacionarse con nociones cartográficas. También hay patrones que uno identifica en un paisaje que se pueden ver en las imágenes de la palma de moriche del Guaviare”, agrega.

Seleccionó alrededor de 45 piezas de la colección, entre dibujos, pinturas y esculturas para crear una exposición que propone ver las obras por medio de un recorrido “a vuelo de pájaro, es decir, uno recorre el espacio como sobrevolando un territorio”.


Para esto, Trazas, oficios y territorios se dividió en siete mesas a las que llaman terrazas y que invitan a reflexionar sobre circularidad, territorio, nociones cartográficas, paisaje amazónico, tramas, histología análoga y río.

“Las mesas están diseñadas a partir de una serigrafía del artista polaco Serge Poliakoff. El espectador se encuentra con una polifonía en la que no hay jerarquía o una sola lectura. En Occidente estamos muy acostumbrados a que la imagen tiene un único significado, pero en este caso tiene muchos”, explica López.

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Una mirada múltiple

Tanto en la investigación previa de López como en la exposición, cobra suma importancia la inclusión de nuevos elementos. Además de disciplinas que aportan su mirada a aquella conexión entre obras de arte.

Una de las ciencias que aportó a la conversación es la biología. “Dentro del estudio que hacíamos encontramos que en los paneles rupestres había una especie de líneas que entrecruzadas configuraban un tejido. Observamos también que esos mismos diseños aparecen en los objetos que las comunidades de la actualidad utilizan”. De esta manera se incluyó la fibra de palma de moriche en la investigación. Ubicada a lo largo de la Orinoquia y la Amazonia.

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Se suman también los estudios de género al establecer los roles que ejercían hombres y mujeres en las comunidades. “En las imágenes rupestres se aprecian unas líneas que aluden a los canastos y mochilas que usa la mayoría de mujeres de la región hoy. Al haber identificado la palma de moriche sabíamos que los hombres la recolectan, pero las mujeres la tratan y la configuran en una fibra para ser tejida”, dice.

López considera que la exposición es una “provocación para el espectador al encontrarse con las obras e identificarse con un territorio ancestralmente habitado. Y recordar la importancia de cuidar este patrimonio que nos identifica”.


Además, es una oportunidad para volver a habitar espacios como los museos. “Debemos defender estos lugares en donde lo político, lo artístico y lo sensible nos ayudan a sanar y a reconfortarnos. En ese sentido, el museo es un lugar que nos interpela, propone y refleja, y hace que valoremos lo grande que es la vida”, finaliza.


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Junio
03 / 2021

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