El video es inherente al arte contemporáneo

La presencia de este medio de expresión en las exposiciones de arte, no obedece simplemente a la búsqueda de una diversidad de formatos, se trata de una alternativa de expresión muy potente para el artista actual.
 
Foto: Miguel Jara
POR: 
Claudia Arias

En la foto: Let’s Face it, video instalación de Miguel Jara

Ante mi poco gusto por los videos en las exposiciones de arte, decidí hacer un recorrido por el 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas 43SNA, en el que los incluyera, con el fin de descubrir qué me gustaba de ellos, qué no y aquellos factores que facilitaban y dificultaban mi acercamiento. Estoy en el Museo de Antioquia y, lo primero que encuentro, es que como normalmente deben estar en espacios aislados, para que se puedan expresar totalmente y no interfieran con las demás obras de arte, a veces están tan “arrinconados”, que se puede pasar de largo frente a ellos, ignorándolos.

Las gruesas cortinas tipo teatro, son indicadoras de que allá, en ese rincón, hay algo para ver, una obra con la cual involucrarse, entonces me acerco y, con suerte, encontraré una ficha técnica que me indique el nombre de la obra y me dé una valiosa información: su duración. Me decanto por las de máximo cinco minutos, y cuando son más largas corro la cortina y tanteo con qué me encuentro, para ver si me quedo o no. No obstante tengo claro que hay obras como Sanctus Tatarî Âli, de la cubana Lisandra Ávila Romero –en la Casa del Encuentro–, que requieren de una hora y veinte minutos, así que entiendo que eso requerirá la inversión de más tiempo de mi parte.

Volviendo a los videos cortos, en el Museo de Antioquia corrí la cortina que daba paso al cuarto oscuro que guarda la obra Fogata en un zoológico, un video de 4:54 minutos, de los finlandeses Markku Laakso y Annika Dahlsten; cuando entro por primera vez, algo me indica que el video está por terminar, así que salgo y aprovecho para los cuadros en acrílico de Lorena Espitia, hasta que siento la sala en silencio. Entro nuevamente, me siento e inicia un video en blanco y negro que me remite a tiempos pasados.

Por fortuna me regalé estos cinco minutos, se trata de la historia de la familia de Markku, de uno de sus antepasados sámi (tribu que habitan la zona ártica de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia), y de los viajes que hizo con su familia, a finales del siglo XIX y principios del XX, para participar en diversas exposiciones en Europa. Lo divertido (y también patético del asunto), es que ellos viajaban por meses con sus animales, atuendos y objetos de uso personal, no para ver exhibiciones, sino para ser exhibidos con todo su “exotismo”. Una historia corta muy bien narrada y con gran humor, que alude al interés de los artistas en el tema de la identidad.

Muy cerca de este trabajo se ubica –en un espacio menos cerrado y oscuro–, la video instalación Los advenedizos del colombiano Giovanni Vargas. Aquí no hay información de tiempo de duración, pero el montaje resulta atractivo, pues en lugar de la tradicional banca que se dispone para sentarse a ver el contenido audiovisual, hay una cómoda reclinomatic de cuero rojo. No me siento, veo la pantalla unos segundos y aparecen imágenes del campo, de pronto funde a pantalla negra y aparece la palabra “preludio”, no me cautiva mucho, así que me remito a una mesa delgada y alargada que hay en la parte posterior del espacio, y que complementa el trabajo con la exhibición de objetos que aluden a los recuerdos infantiles de alguien: un cubo de rubik, un yoyo, la caparazón de una tortuga, restos vegetales… todo dispuesto con gran cuidado y, sin duda, lo que más me gusta de la obra. Creo que no le di el tiempo suficiente al video.

Un lenguaje fundamental en el arte contemporáneo

Para no seguir reflexionando desde una perspectiva personal, me acerco a Óscar Roldán-Alzate, curador del Museo de Arte Moderno de Medellín y uno de los curadores del 43SNA, a que me exponga, desde su perspectiva, la importancia de este medio en el arte de hoy. Le cuento mi limitación y me dice que la entiende, pero que hay que tener claro que el video en sus distintas posibilidades (acciones en video, video performance, video instalación…), no está dentro de la selección del salón en aras de asegurar una diversidad de medios, sino porque, sencillamente, resulta una manifestación fundamental en la estética contemporánea.

“El video entrega alternativas muy completas para el arte actual y, como diría Hal Foster, el artista contemporáneo es un vagabundo entre los medios; además, hay que tener en cuenta que cuando aparece algo objetivable, son los artistas los primeros que están allí para probarlo, tal y como sucedió con la fotografía. Hoy el video constituye un espacio de investigación muy valioso”, explica Roldán.

Adicional a ser un medio ideal para la investigación, el curador está convencido de que el video construye estéticas muy potentes, que no se logran fácilmente con otros medios, pues aquí aparece la particularidad de la imagen en movimiento. Así mismo, en tiempos en que el arte requiere comunión entre la obra y el espectador –que no está allí solo para observar–, las artes performativas cobran una relevancia innegable.

Ahora, no se puede pretender establecer una relación con el video si no se le da tiempo, “si pasamos por una exposición tan rápido como pasamos las hojas de una revista, no vamos a lograr establecer una empatía”, reflexiona Óscar. En suma lo mejor es disponerse, porque cuando se logra la cercanía y se pasa la barrera que nos invita a seguir de largo, aparecen propuestas muy interesantes. En cualquier caso, concluye el curador: “Pensar el arte contemporáneo sin este medio, resulta casi absurdo”.

Let’s face it – Extravios mentales from Miguel Jara on Vimeo.

 

         

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septiembre
30 / 2013