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Levi van Veluw, un artista que hace un paisaje de sí mismo

Levi van Veluw es un artista holandés que explora su cabeza y sueña hasta materializar los contenidos de sus deseos, casi siempre orientados a la modificación de objetos y materiales, que empiezan con su rostro.

<div>Landscape III</div>
<div>Origin of the Beginning 2.2</div>
<div>Origin of the Beginning 2.3</div>
<div>Landscape II</div>
<div>Origin of the Beginning 1.3</div>
<div>Origin of the Beginning 1.2</div>
<div>Landscape I</div>

Levi van Veluw es un artista holandés que explora su cabeza y sueña hasta materializar los contenidos de sus deseos, casi siempre orientados a la modificación de objetos y materiales, que empiezan con su rostro.

No hace retoques digitales. Cada línea sobre su rostro ha sido trazada por él mismo. La obra del holandés Levi van Veluw (1985) recoge la tradición barroca del arte de su país y con el refinamiento de un artesano construye autorretratos que buscan darle un nuevo sentido al paisaje. Al hacerlo capas superpuestas de pasto, de árboles y de arados, se aparta de la idea romántica del paisaje que lo concebía como ese lugar idílico del cual, milagrosamente, hacía parte el hombre.

En su obra, sería un artificio creado por este, tan hermoso como desolado. Ese trabajo de la serie Landscapes (Paisajes, 2008) fue la ópera prima de un artista que destelló en su academia de arte (ArtEZ, el Instituto de las Artes de Arnhem, Países Bajos) y que apenas un año antes se había graduado. Van Veluw ha tomado su rostro como campo –literalmente– de exploración estética y en su segundo proyecto The origin of the beginning (El origen del comienzo) empuja aún más esa indagación de sí mismo.

“Cuando pensaba en mis autorretratos trataba de descubrir de dónde había surgido mi fijación por los materiales y las estructuras. Decidí devolverme a mi juventud para recrear el espacio íntimo en donde empezó esta obsesión. De niño pasé mucho tiempo solo en mi cuarto y siempre experimenté con materiales. Así que tomé tres elementos de estas memorias y construí con ellas tres cuartos”, explica.

En efecto, vemos en una de estas habitaciones, construida manualmente en su integridad, una caja gigante. Era la que quería para alojar a una rata que nunca tuvo; en la segunda aparece quemando un escritorio. Siempre soñó con ver cómo se derretían los objetos. Y en la tercera, acostado en su cama, aparecen centenares de pequeñas bolas que le trastornaron el sueño por noches. Dice que su rigor se debe a la necesidad de controlarlo todo, incluso la cabeza. Vemos, así, a un joven artista que tiene todavía muchas puertas que tocar en su creatividad, pero que con solo estos dos trabajos ya demuestra que tiene material para rato.

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Agosto
21 / 2012

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