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Gustavo Germano captura la esencia humana en sus fotografías

Desaparición, olvido y ausencia reflejan las imágenes del fotógrafo Gustavo Germano que se exhibirán en las calles de Medellín hasta finales de mayo.

Desaparición, olvido y ausencia reflejan las imágenes del fotógrafo Gustavo Germano que se exhibirán en las calles de Medellín hasta finales de mayo.

Qué puede hacer un artista ante la pérdida y la muerte? ¿Cómo mostrar lo que no está, la desaparición, el olvido, la ausencia? Pues si la imagen implica siempre una afirmación de la presencia, ¿cómo podría existir una imagen de lo que no está? Viejas cuestiones y retos para los tiempos convulsos de América Latina. ¿Qué podrían hacer nuestros artistas además de reiterar visualmente las atrocidades o estetizar lo macabro o simplemente mirar para otro lado?

La estrategia del fotógrafo argentino Gustavo Germano ha sido la del silencio, pero no para hacerse cómplice, sino para escucharlo. Hay algo que no cabe en la cabeza de los familiares de los desaparecidos y es que un ser querido de carne y hueso simplemente se desvanezca. Ayer estaba, hoy no, y la vida sigue. Germano ha hundido su lente en ese silencio cargado, en esas huellas de la nada. Ha comprendido las maneras de los fantasmas, su ruido silencioso, el espacio negativo que queda entre los objetos íntimos que antes los rodeaban, entre los brazos que ya no tienen nada que abrazar.

Cuando alguien no está más queda la prueba infalible de una fotografía. Los familiares de los desaparecidos saben de eso y por eso se las cuelgan en el pecho. No están, pero estuvieron, y eso es lo que necesitan afirmar. Germano ha recogido esos trofeos de la presencia que son las fotos familiares de los desaparecidos y las ha reconstruido con los sobrevivientes 30 años después.

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Y en el después está la clave. ¿Qué pasó entre una foto y otra? En una playa había dos chicos, en esa playa ya no hay nadie más. En una silla se sentaba una pareja exultante de recién casados, ahora sólo está una anciana de ojos congelados. Un papá y una mamá casi adolescentes cargan a una bebé, ahora la adolescente es la hija pero está sola. Los desaparecidos son en esa segunda foto un hueco en el espacio que ya no se ocupa y en el tiempo que no se vivió. Salieron del registro de los cuerpos sólidos, vivos, temporales. Son ahora recuerdos petrificados de papel que no sienten, hablan, ni se transforman.

En unos tiempos en los que la vejez es un pecado y un anatema, Germano piensa que lo que más le hubiera gustado hubiera sido ver envejecer a su hermano desaparecido que hoy vive para la posteridad en una eterna y tiránica juventud. Privilegios, trampas y misterio de la fotografía: eterniza pero a la vez es siempre un recordatorio de la muerte.

 

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Estas fotografías-memoriales de Germano están hoy en las calles de Medellín y en el Parque Biblioteca Belén de Comfenalco. Irán en marzo Urabá (lugar como pocos de huecos y silencios) y en mayo volverán al Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Son un abreboca del Museo Casa de la Memoria que se inaugurará este semestre en la ciudad para recordar nuestros propios muertos, ausencias y fantasmas.

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Abril
16 / 2012

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