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Ever Astudillo: "No podemos pelearnos con el espectador, porque vivimos de ellos”

Ever Astudillo fue un tradicional artista caleño que recuerda el nacimiento del movimiento cultural de Cali. Hablamos con él la ciudad “destruida” que retrató en sus cuadros.

Ever Astudillo fue un tradicional artista caleño que recuerda el nacimiento del movimiento cultural de Cali. Hablamos con él la ciudad “destruida” que retrató en sus cuadros.

Los cuadros de Ever Astudillo son ciudad, son oscuridad. Son el retrato de sus calles, de sus momentos, de su gente. Ver sus pinturas está más allá de quedarse con la imagen plasmada, pues sus personajes parecen contar historias, como si nos hubiéramos encontrado con una escena muda que hace parte de una secuencia, con un antes y un después. No es gratuito entonces que la mayor influencia para este artista caleño, más que otro trabajo pictórico, haya sido el cine y la fotografía. Astudillo acabó de cerrar su exposición en Proartes, en el centro de Cali, con tres pinturas de gran formato fechadas en 1995 y una serie de treinta cuadros.

La exposición “cuenta episodios de la ciudad que están resueltos a manera de historieta y amplían el espectro de preocupaciones que hoy asaltan al ciudadano, que se debate entre las expectativas de la supervivencia y el suspenso que implica la inseguridad y el caos en una urbe desbordada en su crecimiento”, explica en el texto de presentación de la exposición, el curador Miguel González.

En la reciente apertura de la colección permanente del Museo de Arte Moderno La Tertulia, este artista también cuenta con dos obras que podrán apreciarse en las tres salas abiertas al público.
Conversamos con Ever Astudillo sobre ciudad, la historia cultural de Cali y el divorcio, que según él existe entre el público y los gestores culturales.

¿Por qué la constante del blanco y negro en sus obras?

Siempre ha sido así, aunque he tenido etapas de color pero siempre regreso. Yo creo que hubo en mí una influencia de la fotografía y del cine de la época cuando nos llegaba en blanco y negro, igual que la televisión. Vimos cine desde niños, como el mexicano, el negro, de gángsters, que venían sin color.
En cuanto al juego de la composición, este varía un poco, entre las obras pequeñas que son más rápidas e inmediatistas, con movimiento; en cambio, los cuadros grandes son más intensos y remiten a los recuerdos o los sueños.

¿Y por qué ese particular interés por pintar la ciudad?

Desde niño siempre estuve compenetrado con los lugares, el barrio, la gente y siempre fui muy dado a observar. Todo el tiempo grababa las cosas que me impactaban. Por ejemplo, en eso soy muy diferente a mi familia, porque siempre estaba pendiente de la realidad del momento, mientras los demás no lo hacían. A veces pregunto sobre algún suceso y ni mi papá ni mis hermanas se acuerdan.

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También le prestaba atención a las horas del día. Por ejemplo, las 5 de la tarde es algo muy especial, porque me lleva a una evocación, una nostalgia, mientras en la noche está la oscuridad, el misterio y la ausencia de luz.

En esas imágenes misteriosas de sus cuadros, quizás angustiantes, el espectador puede preguntarse si es Cali la que allí está retratada. Y es posible, pues para Astudillo esta ciudad donde siempre ha vivido y trabajado está precisamente en uno de sus momentos más difíciles, a pesar de que tiene una historia económica y social no muy afortunada. Cali está “destruida, desbaratada, parece escombros”, y el peligro inminente ante esta situación es que los ciudadanos se acostumbren a vivir en esa incertidumbre de si algún día el panorama cambiará o todos se acostumbrarán y decidirán no regresar a las zonas de difícil acceso.

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El Museo de Arte Moderno, La Tertulia, acaba de abrir tres salas de exposición permanente en donde están un par de sus obras. ¿Qué significa este proyecto para la ciudad?

Estaba en mora. Y que ya se esté logrando me parece magnífico. No es un espacio más, es más abierto, más activo y con posibilidades de ampliarse. Y es que en este momento el arte goza de una apertura, de una libertad que no se tenía en otros tiempos. Ahora uno puede trabajar con diferentes temáticas y no hay tabúes. En alguna época, si catalogaban el trabajo como político o se hacían desnudos había represiones. Aunque de todo eso queda algo hoy, pero no es mucho.

La Tertulia es un proyecto de memoria histórica latente. Nos refresca la memoria, porque somos testigos.

Para mí es gratificante hacer parte de esta colección y es un orgullo tener la compañía de maestros que hacen parte de la colección en ese reciento que uno ha visto crecer.
La Tertulia, cuando yo era niño, estaba en la casita de San Antonio. Era el único lugar de arte en la ciudad, por eso tuve la oportunidad de ver a Marta Traba y mucha gente que llegaba allí. Entonces se consolidó ese grupo cultural y fue cuando lograron ampliarlo en la zona del Charco del Burro junto al río Cali a fines de los 60. Era la manera de cruzarse experiencias y conocer artistas en un ambiente productivo.

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¿Todo ese crecimiento le ha dado al público una mayor apertura hacia el arte?

Hay un divorcio entre los curadores y quienes manejan los designios de la plástica con el público. A pesar de las aperturas y las partidas económicas y ayudas para los artistas, hay una corriente que vuelve el arte como un lenguaje esotérico. Es como si se promovieran eventos ocultos, donde no pueden participar todos los artistas; hay que mejorar los programas de divulgación, para que también el público comprenda mejor las aperturas del arte. Ahora se fusiona la plástica con el video, con las imágenes y eso es una oportunidad maravillosa para el espectador, que disfrutar más del arte y la conmueve. Pero incluso hay obras que se exhiben sin la información y el público quiere saber cómo se llaman, qué significan y uno no puede pelearse con el espectador, porque se vive por ellos, por un público, por gente que aprecie o rechace el trabajo.

Sobre Ever Astudillo

Nacido en Cali en 1948. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali e hizo estudios de posgrado en la Universidad Autónoma de México. Ganador de la segunda Bienal Americana de Artes Gráficas en 1973, del XXIV Salón Nacional de Artistas, 1973, Mención de Honor, I Bienal, La Habana 1984. En 2006 se presentó una retrospectiva de su trabajo en distintas instituciones de Cali titulada «Proyecto de ciudad, la memoria urbana».

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Abril
17 / 2012

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