210 años de la primera publicación de los hermanos Grimm

En Diners recordamos a los hermanos Grimm con uno de sus cuentos más icónicos para la humanidad. ¿Adivina cuál podrá ser?
 
210 años de la primera publicación de los hermanos Grimm
Foto: Penguin Random House
POR: 
Revista Diners

Cuando hablamos de los hermanos Grimm y sus cuentos, nos remontamos a historias escritas a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Dos siglos después, adultos y niños disfrutan de los cuentos más clásicos de la historia.

Estos dos hermanos Grimm, amantes de los libros, crearon personajes con los que muchos crecimos  (y los que no, no tuvieron infancia) que nos enseñaron como Blancanieves, a no confiar en extraños, como Los tres cerditos a trabajar en equipo, como al Rey Rana a cumplir lo que prometemos y más moralejas.

Una historia entrañable de los hermanos Grimm

Diners los recuerda con la publicación de uno de sus cuentos. Tómese cinco minutos para leerlo y recordar sus aventuras de infancia.

El Rey Rana

Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino.

Cerca del castillo del rey, había una inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y cuando el día esta muy caliente, la hija menor del rey iba a la selva a sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.

Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo, tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo.

Y mientras se lamentaba oyó que alguien le decía:

-“¿Que te sucede, hija del rey?, te lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad”-

Ella miró alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vio a una rana sacando del agua su gran cabeza.

-“¡Ah!, vieja corredora de aguas, ¿eres tú?”- preguntó.- “Estoy llorando por mi bola de oro, que cayó dentro del pozo”- concluyó diciendo.

-“Quédate tranquila y no llores más”- contestó la rana. “Yo te puedo ayudar, pero ¿que me darás a cambio si te regreso ese juguete de nuevo?”-

-“Lo que tú quieras, querida rana”- dijo ella. -“Mis vestidos, mis perlas y joyas, y hasta la corona de oro que llevo puesta”-

Los hermanos Grimm y la rana respondieron:

-“No me interesan tus vestidos, tus perlas o joyas, ni la corona de oro, pero si me amaras y me dejaras ser tu compañera y socia de juegos, y sentarme contigo en tu mesa, y comer de tu plato de oro, y beber de tu vaso, y dormir en tu cama junto a tí. Si tú me prometes cumplir todo eso, yo bajaré y traeré acá de regreso tu bola de oro.”-

-“Oh, claro” – dijo ella, -“yo te prometo cumplir tus deseos, si me regresas la bola”-

Ella sin embargo pensaba: -“¡Cómo habla esa tonta rana! ¡Ella vive en el agua junto a las otras ranas y sapos y no podría ser compañera de ningún ser humano!”-

Pero la rana, una vez recibida la promesa, metió su cabeza en el agua y se sumergió profundamente, y momentos después subía nadando trayendo en su boca la bola, y la tiró en el zacate. La hija del rey quedó encantada de ver una vez más de nuevo a su juguete, y recogiéndola corrió con ella.

-“¡Espera, espera!”- gritaba la rana. -“¡Llévame contigo, que no puedo correr como lo haces tú!-

Pero ¿de qué le serviría gritar, aún con su croak, croak, tan fuerte como podía? Ella no la escuchaba, y corrió a su aposento y pronto olvidó a la pobre rana, que se vio obligada a regresar al pozo de nuevo.

Al día siguiente, cuando se sentó a la mesa con el rey y los cortesanos, y había empezado a comer en su plato de oro, algo llegó brincando y sonando splash, splash, a las gradas de mármol, y cuando llegó arriba, tocó a la puerta y gritó:

-“Princesa, la más joven de las princesas, ábreme la puerta a mí.”-

La princesa corrió

Ella corrió a ver que había afuera, pero cuando abrió la puerta, encontró a la rana sentada al frente. Entonces ella tiró la puerta a toda prisa, y regresó a sentarse a la mesa y quedó muy asustada. El rey vio que estaba sumamente alterada y que su corazón latía fuertemente y le preguntó:

-“Mi muchachita, ¿qué es lo que te asustó tanto?, ¿está por casualidad un gigante afuera que quiere raptarte y llevarte lejos?”-

-“Oh, no”- replicó ella. -“No es un gigante, sino una horrible rana”-

–“¿Y qué hace una rana contigo?”-

-“Ah, mi querido padre, ayer yo estaba en la foresta, sentada junto al pozo, jugando con mi bola de oro, cuándo ésta cayó a lo profundo del pozo. Y como yo lloraba mucho, la rana me la regresó, y como ella insistía, yo le prometí que podía ser mi compañera, ¡pero nunca pensé que sería capaz de alejarse de sus aguas! Y ahora está ahí afuera, esperando que la ingrese conmigo.”-

Mientras tanto la rana tocó a la puerta por segunda vez, y gritaba:

-¡Princesa! ¡La más joven de las princesas!
¡Ábreme a mi la puerta!
¿Recuerdas lo que me dijiste
ayer en las frescas aguas de la fuente?
¡Princesa, la más joven princesa!
¡Ábreme a mi la puerta!

Entonces dijo el rey:

-“Lo que tú has prometido, debes cumplirlo. Ve y déjala entrar”-

Ella fue y abrió la puerta, y la rana saltó y la siguió a ella, paso a paso, hasta su silla. Entonces, cuando la princesa se sentó, la rana gritó:

-“Levántame para estar a tu lado.”-

Ella no actuaba, hasta que el rey le ordenó hacerlo. Cuando la rana ya estaba en la silla, le pidió estar en la mesa, y una vez en la mesa dijo:

-“Ahora, empuja tu plato de oro más cerca de mí de modo que podamos comer juntos.”-

Ella lo hizo, pero fue fácil ver que lo hacía sin su voluntad. La rana disfrutó de la comida, pero casi todos los bocados que la princesa tomaba, la estremecían. Al final dijo la rana:

-“Ya he comido y estoy satisfecha; ahora estoy cansada, llévame a tu dormitorio, alista tu sedosa cama, y ambos iremos a dormir.”-

El llanto de la princesa narrado por los hermanos Grimm

La hija del rey empezó a llorar, porque tenía miedo de la fría rana que ella no quería tocar, y que iba ahora a dormir en su preciosa y limpia cama. Pero el rey se molestó y dijo:

-“Aquel que te ayudó cuando estuviste en apuros, no debe ser decepcionado por tí.”-

Así que ella tomó a la rana con sólo dos dedos, la llevó arriba y la puso en una esquina. Pero cuando ella se metió a su cama, la rana sigilosamente se le acercó y le dijo:

-“Estoy cansada, quiero dormir tan bien como tú, levántame o se lo diré a tu padre.”-

Entonces ella se enojó terriblemente, la tomó en sus manos y la lanzó con todas sus fuerzas contra la pared.

-“Ahora te estarás quieta, odiosa rana.”- dijo ella.

De la rana al príncipe encantador

Pero cuando cayó al suelo ya no era una rana, sino un encantador príncipe de bellos modales.

Ahora, él, por decisión de ella y de su padre, es su compañero y esposo. Entonces él le contó cómo había sido hechizado por un malvado brujo, y cómo nadie lo había sacado nunca del pozo, excepto ella, y que mañana podrían ir juntos a su reino.

Ambos fueron a dormir, y a la mañana siguiente, al levantar el sol, llegó un carruaje con ocho caballos blancos, con plumas blancas de avestruz en sus cabezas, y con arreos con cadenas de oro, y atrás venía el fiel sirviente Henry. El fiel sirviente Henry había quedado tan infeliz cuando su patrón fue convertido en rana, que se había atado tres bandas de hierro alrededor de su corazón para que no reventara de pena y tristeza.

El carruaje condujo al príncipe a su reino. El fiel Henry les ayudó a ambos, y se puso a sus órdenes de nuevo, y estaba lleno de dicha por su rescate. Y cuando iban de camino, el hijo del rey escuchó que algo se quebraba atrás de él. Se volvió y gritó:

-“Hey, Henry, el carruaje se está quebrando.”-

-“No, patrón, no es el carruaje. Es una banda que está sobre mi corazón, que me había puesto por mi gran dolor por su encantamiento como rana dentro del pozo. Otra y otra vez volvieron aquellos sonidos, y el hijo del rey pensaba que el carruaje se estaba quebrando, pero sólo eran las bandas que se reventaban de alrededor del corazón del fiel Henry porque su patrón era ahora libre y feliz.

Enseñanza de los hermanos Grimm:

Lo que se promete, siempre debe cumplirse.

También le puede interesar: 5 compilaciones de escritores de cuentos colombianos

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
junio
1 / 2021