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Juan Cárdenas: arte en planos diversos

Juan Cárdenas presenta una nueva exposición en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Se trata de un recorrido a través de dibujos, pinturas al óleo y collages fotográficos de un artista que a sus 77 años ha expuesto poco en el país, pero que cuenta con una sólida reputación en galerías de ciudades como París o Nueva York.

Foto: Karim Estefan y Cortesía Museo de Artes Visuales UJTL

Juan Cárdenas presenta una nueva exposición en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Se trata de un recorrido a través de dibujos, pinturas al óleo y collages fotográficos de un artista que a sus 77 años ha expuesto poco en el país, pero que cuenta con una sólida reputación en galerías de ciudades como París o Nueva York.

Primero fue la tarea de encontrarlo en Bogotá y no en su casa de Nueva York. Después, una breve llamada para concretar la entrevista, y luego una cálida acogida en el taller de Mónica, su esposa, situado en el barrio La Concepción, donde hasta hace algunas semanas colgaban de las paredes las obras que hoy forman parte de la exposición que Juan Cárdenas (Bogotá, 1939) presenta en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. El pintor; el catedrático de anatomía artística en universidades de Estados Unidos y Colombia; el estudioso de las Ciencias y la Historia (ambas con mayúscula); el merecedor de la Orden de las Artes y las Letras en el rango de Caballero, otorgada por el Gobierno francés; o el septuagenario prudente con mirada de niño atónito, reúne en esta muestra ciertas claves de una trayectoria estética dedicada a desentrañar los misterios de la existencia y de la creación.

Ya quedaron lejos los efervescentes años sesenta del siglo pasado, cuando un joven Juan Cárdenas aterrizó en el país como dibujante de periódicos, luego de vivir dos décadas en Estados Unidos. En ese entonces, pasó 72 horas en un calabozo capitalino por cuenta de una parodia del escudo nacional, publicada en el diario La República, en la que denunciaba los inicios del tráfico de cocaína. Él dice que eso ya es historia antigua. Pero de esos días conserva el interés por la sátira, que queda certificado en la muestra a través de unos 17 dibujos recientes: “Las caricaturas son burlas a los seres humanos, a su forma de ser, a su soberbia y su petulancia o a su doblez moral. Tengo dos o tres del tema político. Y una, incluso, contra el Congreso y sus magistrados, que es vigente y bastante fuerte”.

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Cárdenas rechaza la idea de que la pintura al óleo es anacrónica, y a sus 77 años siente que recién ha llegado a su etapa de madurez artística

El sinnúmero de lecturas y referencias artísticas, filosóficas o personales que atesora cada obra del artista bogotano son una sutil invitación a plantarse frente a cada una con tiempo y voluntad de contemplación y reflexión. Basta recurrir al ejemplo de una serie de paisajes a lápiz, montañas o humedales, que a simple vista parecen estudios clásicos académicos, pero que desentrañan un llamado de atención sobre los efectos del calentamiento global que el mundo vive. Cuenta el curador de la muestra, Álvaro Medina, que Cárdenas trabaja a partir de temas idealistas. Juega con la Historia, pero también retrata el mundo contemporáneo. Le gusta alterar los espacios y las dimensiones.

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En algunas obras ha tratado incluso de alterar la imagen de una escena en su apartamento neoyorquino más allá de los límites imaginables: “Me interesan las distorsiones”, afirma mientras recorremos uno de los salones del primer piso del casón, “el reflejo en una esfera o en un espejo convexo tiene límites, pero el cerebro no. Y sobre eso he trabajado. Todo esto tiene que ver con la física nuclear y las ideas de Albert Einstein de las deformaciones que pueden ocurrir, por ejemplo, en un hoyo negro”.

Una de las obras en las que mayor tiempo se detiene este pintor de estatura baja, gafas, saco de lana verde oscuro y una corbata cuyo nudo apenas se entrevé, gira en torno a la Grecia Clásica. Se trata de un óleo de un espacio interior. Del estudio del pintor, para ser más precisos. Las formas abstractas se intercalan aquí y allá con artilugios tan reales como un caballete. Luego se atisban tres mujeres.

Una de ellas con marcados rasgos asiáticos. Son Cloto, Láquesis y Átropos, tres hadas de la antigua Grecia, responsables de la vida humana sobre la Tierra. Cloto tiene en sus manos un hilo con el que va tejiendo el desarrollo de la vida. Láquesis mide y decide la longitud del hilo, es decir, de la existencia. Y Átropos, con sus tijeras, se encarga de cortarla.
Afirma el curador Álvaro Medina que Juan Cárdenas ha bebido y cultivado diversas corrientes artísticas y que, sin embargo, es un artista insular. Se diferencia y destaca de otros creadores por su trabajo con los espacios. “Toma un método tradicional que viene del Renacimiento, la perspectiva, y la trastoca de forma novedosa: trabaja con un solo punto de fuga y trata de presentar un espacio tal como nosotros lo vemos. Él, en general, no altera eso, pero va añadiendo una serie de planos, reflejos, recortes, que configuran un espacio con múltiples posibilidades, como un laberinto. Yo lo describo como una ‘intrarrealidad’, es decir, la exploración de todo lo que cabe dentro de la realidad”.

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Lote vacío. Óleo sobre lienzo, 47×80 cm, 2016

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El pintor añade que su obra es modernista, pero al mismo tiempo va en contra de muchos de los conceptos contemporáneos, a los que señala como equivocados: “Entre otras cosas la idea actual de que la pintura al óleo está mandada recoger, que es anacrónica en estos tiempos. Cosa que yo rechazo, porque me parece un exabrupto, y una ridiculez decir semejante cosa, siendo que la necesidad que tiene el ser humano de poner marcas sobre una superficie plana es tan inherente a su manera de ser como el hecho de expresar una idea con pigmentos. Nadie puede salir con una teoría tan ridícula como esa. Y, que yo sepa, Átropos no la ha cortado aún con sus tijeras”, remata con algo de humor.

Subimos al segundo piso. Cárdenas advierte que nada “a mano derecha es mío”. Son obras de su esposa, también artista y a quien conoció cuando era profesor de la Universidad de los Andes. “En ese entonces me pareció que la única forma seria para dictar una cátedra de anatomía, a la que me invitó a dictar el pintor Roda, era armar excursiones al anfiteatro de la Javeriana. Eran todas niñas y se desmayaban una tras otra. La única que aguantó fue Mónica. Y me casé con ella”, cuenta antes de pasar a explicar un poco alguno de sus collages.

Se acerca a una especie de recorte en forma rectangular de color amarillo, pegado sobre una de estas creaciones que también cobran vida, como los óleos, en un espacio que se asemeja al taller de artista. De una pequeña forma geométrica emprende una explicación con gotas de acento pedagógico: “Estoy colocando unos colores amarillo y gris claro. Los voy ajustando a tal punto que me den un color que genere una reacción óptica violenta. Un color emite una onda, una vibración de una frecuencia, digamos de unas cinco mil vibraciones por segundo, o por centímetro, y su ojo lo percibe y lo manda al cerebro. Pero esa vibración es transparente, no tiene color, la retina lo recibe y el cerebro lo interpreta como un color rojo o amarillo, pero el color afuera no existe, es una ilusión total. Y eso es lo que busco a través del trabajo con los colores: que su cerebro cambie la frecuencia de esa onda”.

Queda claro que, de no haberse ido por los entresijos de la pintura, Juan Cárdenas habría sido, con alta probabilidad, científico. Lo confirma una vez terminado el repaso por parte de su nueva muestra. Lo dice sentado alrededor de una mesita redonda donde se suma Mónica. Señala que lo que le causa mayor entusiasmo de la nueva exposición es el hecho de ver obras de tantas épocas reunidas. “Cuando uno trabaja como artista, uno no ve sino pedacitos de lo que va haciendo a lo largo de la vida, pero en el momento en el que le toca reunir todo lo que uno escribió, o pintó, en un gran volumen, pues dice ¡uy!, esto fue todo lo que hice, la obra de mi vida. En gran parte lo entusiasma a uno y en gran parte lo hace pensar, bueno, esto fue lo que yo hice, a lo mejor me voy a morir y esto fue lo que quedó”.

Juan Cárdenas sabe que a sus 77 años se encuentra en una etapa de plena madurez. Una suerte de dimensión desde la cual revalúa aspectos de su carrera y se desprende de viejos dogmas que en algún momento pesaron como lastres. Hay quien dice que como artista se ha vuelto más perspicaz. Más incisivo. Él cuenta que ha aprendido a tomar distancia de los críticos. “Yo confieso que durante muchos años creí lo que me decían los historiadores y críticos de arte en Nueva York y Berlín. Creía que decían verdad y que tenían razón y que había que respetarlos. Hoy en día pienso todo lo contrario. Me parece que nos han metido una cantidad de mentiras y que se hicieron pronunciamientos exagerados, mentirosos, sofistas y eso le quitó libertad de pensamiento a la humanidad”.

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Octubre
03 / 2016

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