De paseo en bicicleta por Nuenen, el pueblo que inspiró a Vincent van Gogh

Diners pedaleó por los paisajes que inspiraron al artista Vincent van Gogh en Nuenen, un pequeño pueblo al sur de Holanda. Tome nota y anímese a disfrutar un recorrido que combina bicicleta, naturaleza y arte.
 
De paseo en bicicleta por Nuenen, el pueblo que inspiró a Vincent van Gogh
Foto: Creative Commons / Andrew Black
POR: 
Ramón Andrés Nivia

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Ámsterdam, Róterdam y La Haya son los referentes inmediatos para el que quiera descubrir Holanda. Sí, son metrópolis que sorprenden, que deslumbran con su propuesta cultural, arquitectónica y nocturna, con su diversidad. Sí, son ciudades que deben conocerse, donde las personas pueden pasar horas y horas caminando sin notar el cansancio, inmersas en un ambiente del cual resulta difícil no enamorarse. Pero de ser posible viajar un poco más hacia el sur de este país, el pequeño pueblo de Nuenen es una gran elección.

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Autorretrato realizado en agosto de 1889, exhibido en la National Gallery of Art, en Washington.

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Lejos del Distrito Rojo y los grandes museos, de la arquitectura moderna o de los palacios de Gobierno –a hora y media en automóvil de Ámsterdam– es como viajar hacia el pasado, con una atmósfera que envuelve de inmediato a sus visitantes. Aunque para la gran mayoría el nombre de Nuenen no signifique mucho, su interés aumenta al saber que durante dos años –de 1883 a 1885– fue el hogar del maestro posimpresionista neerlandés Vincent van Gogh. Allí llegó a los treinta años, luego de trabajar como comerciante de arte, estudiar teología y ser misionero en una mina de Bélgica. Su padre era pastor en una de las iglesias; sin embargo, Vincent, influenciado por los consejos de su hermano menor, Theo, había decidido ser artista. En este lugar tuvo una intensa producción artística, pues se estima que realizó 195 pinturas incluida una de sus primeras obras maestras Los comedores de patatas, 313 dibujos, 25 acuarelas y 19 bosquejos en sus cartas.

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El artista tuvo una de sus etapas más productivas durante sus dos años de estadía en Neuen. Calculan que realizó 195 pinturas.

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Nuenen logró valerse de su historia para ser un referente de la obra de Van Gogh, a pesar de no tener ninguno de sus cuadros. Su Vincentre –cuya entrada cuesta siete euros para adultos y cuatro para niños– usa la tecnología, las instalaciones de video y la interactividad para narrar a lo largo de tres pisos su paso por esta población e incluso es posible escuchar algunas de sus cartas. Al final, se tiene una percepción completa de esos dos años de vida del maestro y los visitantes están listos para el mejor momento: un recorrido en bicicleta por los espacios retratados por el artista.

Pedaleando en medio del arte

Al costado del Vincentre están estacionadas las bicicletas blancas –ideales para personas que superen los 1,80 metros de estatura–, con las cuales se realiza el recorrido de aproximadamente dos horas y media, a un costo de 23 euros. Tras pedalear muy poco, casi por una cuadra, se llega a la casa de los padres de Van Gogh, donde instaló su primer estudio –en la actualidad el sacerdote protestante de la localidad vive allí–. “En aquella época los artistas salían y realizaban bocetos que luego se convertían en cuadros en la intimidad de sus estudios”, explica el guía Hans Keijzer, quien trabaja como voluntario del centro. Al terminar el estrecho callejón y tras unas rejas altas, el visitante encuentra un imponente paisaje con una iglesia al fondo, escena que inmortalizó en su dibujo The Kingfisher (1884) y que las personas pueden apreciar desde la misma perspectiva del maestro. Este momento es, en pocas palabras, vivir en carne propia el arte, la inspiración, su punto de vista, y tan solo el inicio de lo que ofrece el pueblo.

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Las casas de esta población al sur de Holanda, incluso la pequeña iglesia protestante donde su padre daba misa los domingos fueron inmortalizados en pinturas, dibujos, acuarelas y sketches.

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El goce de recorrer las calles en bicicleta revive momentos de la infancia que se mezclan con la emoción de recrear los pasos de Van Gogh. Si logra hacerlo cerca del atardecer, la luz transforma el espacio en una obra de arte en sí misma.

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Imponentes paisajes donde se aprecia una Holanda más clásica, más nostálgica, acompañan al visitante durante el recorrido en bicicleta, con una duración de cerca de dos horas y media. Foto: Andrew Black.

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Tras unas cuantas cuadras y poco esfuerzo físico se llega a otro punto de interés. La iglesia protestante en la cual el padre de Van Gogh daba misa todos los domingos –en ese momento, de 2.500 habitantes solo 100 eran protestantes–. “Su madre se fracturó una pierna y le era imposible asistir al templo, por eso él le dijo que le llevaría la iglesia a casa”, comenta el guía mientras se prepara para tomar su bicicleta y continuar el trayecto. Ahí, en ese exacto lugar, surgió Congregation Leaving the Reformed Church in Nuenen (1884), pintura robada el 7 de diciembre de 2002 del Museo Van Gogh, en Ámsterdam.

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De Watermolen van Opwetten, retratado por Van Gogh en Water Mill at Opwetten (1884), es en la actualidad un hotel y restaurante donde los visitantes pueden cenar antes de tomar el trayecto nocturno inspirado en la obra La noche estrellada.

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Por calles y ciclovías perfectamente delimitadas y ordenadas continúa el recorrido. Al llegar al arroyo Hooidonkse y en cuyo paisaje de fondo se ve el molino Roosdonck, es inevitable detenerse para tomarse unos minutos y contemplar la imponente vista. Y, más allá de ese molino, una pequeña casa construida después de la Segunda Guerra Mundial llama la atención, no por su arquitectura, sino por su ubicación, pues se trata del lote donde vivían los campesinos que inspiraron el cuadro Los comedores de patatas, considerada su primera obra maestra. Una reproducción en escultura de este cuadro se puede ver frente a una imponente iglesia católica que colindaba con el segundo estudio del artista, que no quiso permanecer en la casa de su padre protestante. En total, son 23 puntos alrededor del pueblo en los que uno puede conocer más detalles sobre la vida y los cuadros de este artista (ver mapa).

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Para seguir pedaleando con fuerzas, una buena opción es detenerse y cenar en De Watermolen van Opwetten, una de las casas que Van Gogh pintó en repetidas ocasiones –como en Water Mill at Opwetten (1884)– y que ahora está adecuada como hotel y restaurante. Uno de los menús que uno puede elegir es, por supuesto, el menú Van Gogh, que tiene varias opciones como carpaccio, de entrada; de plato fuerte, salmón a la parrilla o risotto de setas y de postre, un parfait de naranja, todo por 25,50 euros.

El último sendero

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El sendero nocturno que recrea la obra maestra La noche estrellada, tuvo un costo aproximado de 750.000 euros. Foto: Studio Roosegaarde.

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La noche estrellada. Esta pintura, considerada la gran obra del artista holandés, realizada en 1889, tres meses antes de su muerte, inspira el último y nocturno trayecto del tour en bicicleta por Nuenen. Antes de tomar este sendero, el guía pide apagar las luces para sumergirse en un oscuro pasaje. Pocos metros más adelante, pequeñas piedras importadas de China, que se cargan con la luz del sol, marcan el camino y proyectan una halo fluorescente que recrea La noche estrellada. Recorrer esta senda de 600 metros, diseñada por la firma holandesa Studio Roosegaarde, es pedalear por el cielo que en sus últimos años plasmó Van Gogh en su lienzo, es dejarse llevar por una emoción indescriptible, es el cierre poético para un recorrido que transporta a las personas a los momentos de inspiración del artista, es conocer Nuenen de una forma que, difícilmente, se olvidará.

         

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abril
18 / 2016