El colorido arte urbano del colectivo Boa Mistura

POR: Revista Diners
 / octubre 26 2015
POR: Revista Diners

A mediados de septiembre, cinco jóvenes españoles aterrizaron en Bogotá: Javier Serrano, Juan Fernández, Pablo Ferreiro, Rubén de Lucas y Pablo Purón. Venían con las manos vacías, sus herramientas los esperaban aquí. Un par de decenas de brochas y cientos de litros de pintura de colores. El resto –cinco cabezas repletas de ideas y diez manos ansiosas por trabajar– viajaba con ellos. Son pintores callejeros, acepción que reciben con orgullo y en ellos es sinónimo de arte.

Boa Mistura (buena mezcla, en portugués) es un colectivo conformado en 2010 por un arquitecto, un ingeniero, dos artistas y un publicista. Dejaron sus trabajos para perseguir el sueño que los unía, y establecieron su base en Madrid. De la capital de España provienen varios de sus miembros y, paradójicamente, esta ciudad es uno de los contados rincones del planeta donde sus trabajos aún escapan de la legalidad.

Fuera de los límites de España, gobiernos y entidades de todo el orbe invitan y reciben con los brazos abiertos al colectivo de la “buena mezcla”, confiados en que los vecinos de alguno de sus barrios, habitualmente alguno de los más marginados, se sepa ciudadano al participar de su arte urbano.

Las “cinco cabezas, diez manos y un solo corazón” que componen Boa Mistura no nacieron con el saco de buenas ideas que hoy los alimenta. A estos cinco muchachos y su amplia red de colaboradores los une un extenso historial de travesuras callejeras. En aquel entonces empleaban su adolescencia en agotar, escondidos de las sirenas de policía, en alguna estación de tren, debajo de un puente, o tras los muros de una escuela, cientos de tarros de espray que, en forma de grafiti, pasaron a formar parte del paisaje urbano madrileño.

“Nos dimos cuenta de que el arte callejero es mucho más que pintar con espray”, cuenta Pablo Purón, ilustrador y publicista, y uno de los fundadores del colectivo. “Nos despojamos de toda etiqueta y comenzamos a crear nuestro estilo, nuestro arte”. Desde entonces, viven y trabajan fuera de los estándares callejeros, más comprometidos con la calle que cualquier pintor noctámbulo y fugitivo. El arte urbano se volvió todo para Boa Mistura y ellos se volvieron la referencia del arte urbano para todos.

El mundo, un monumental museo

Milán, Barcelona, La Habana, Belgrado, Nueva Delhi, Malabo, Panamá, São Paulo, Berlín, Ciudad del Cabo y ahora Bogotá. Las calles de estas ciudades, entre otras, son algunas de las galerías de Boa Mistura, que se ha apoderado de sus esquinas a base de color, ilustraciones cargadas de simbolismo y gigantescas tipografías. Estas urbes son ahora dueñas de sus muros convertidos en obra, de los corazones de tinta latentes en sus edificios y de sus mensajes de esperanza grabados sobre pintura imborrable.

La responsabilidad (la de cambiar el signo de los barrios a base de pintura) se cruzó en su destino en un viaje cualquiera, en los inicios, cuando fueron contratados por un galerista de Ciudad del Cabo. El trabajo parecía pura diversión: decorarían los muros de una residencia de artistas a su antojo. Viajaron para pasar el verano entre tarros de pintura en el continente del color. Pero Sudáfrica no era, como no lo era aquel barrio de Ciudad del Cabo, el paraíso libre y festivo que creyeron. La primera semana del mes que pasaron en aquella comuna, la dedicaron, por instrucción de su cliente, solo a pasear. “Debíamos hacernos con las calles, mostrarnos como amigos del barrio ante las bandas que lo gobernaban, para que empatizaran con nuestro trabajo”. Aquella experiencia llevó a Boa Mistura a reconocer el poder de su obra y a encontrarle un sentido más allá del estético.

Crossroads, el arte como herramienta de cambio

Desde aquel viaje esclarecedor, todos han sido inolvidables para Boa Mistura. El de Ciudad del Cabo fue el primero de las decenas de trabajos que inspiró un cambio. “Allí nació lo que hoy llamamos Crossroads”, reconoce Javier, también fundador del colectivo y arquitecto de formación. “Nos dimos cuenta de que la actitud de los vecinos cambiaba sustancialmente cuando su barrio se llenaba de color”. Javier describe la esencia del proyecto mientras empapa su rodillo con pintura verde: “Que los habitantes del lugar participen en el proceso los convierte en autores de la obra, pues hace que se sientan capaces de mejorar sus vecindarios y sus vidas”.

Las ilustraciones y tipografías de Boa Mistura no han cambiado sustancialmente desde aquel viaje a Sudáfrica, pero ahora el colectivo se considera más consciente del poder evocador de su obra. “El resultado es inmediato y el lenguaje universal”, añade Pablo.

Mientras ultima los detalles de una de las primeras plantas que colorean la Plaza de la Hoja, Purón recuerda lo complicado que resulta en algunas ocasiones llegar a los vecinos. “En São Paulo trabajamos en una de las favelas más pobres. Aquella zona solo está controlada por una banda, y eso, paradójicamente, nos daba seguridad”. También recuerda su experiencia en Panamá, cuando fueron invitados a la Bienal de Arte y decidieron pintar una fachada en el barrio El Chorrillo. “Diecinueve bandas convivían en siete calles, y teníamos que ir presentándonos a todas ellas”. Describe cuando los encañonaron con una pistola y cómo aquellos delincuentes mostraban, después de días de silenciosa convivencia, su lado más humano, olvidando durante un rato el lenguaje de la guerra. Explica por qué eligieron el edificio donde ahora reina un aura de color con el lema “Somos luz” en gigantescas letras. “Era el único donde no había tiroteos todas las noches”.

Como en aquellos barrios olvidados, el alma de Crossroads viaja con Boa Mistura a todos los destinos, motivándolos hasta tal punto que, cuando la ocasión lo exige –en proyectos donde no hay presupuesto, como sucedió en La Habana o Ciudad del Cabo–, trabajan de forma gratuita, regalando su arte a las ciudades que los acogen. La personalidad del colectivo se palpa también en lo rotundo de sus mensajes. “Amor”, “Belleza”, “Luz” y “Vida” son algunas de las palabras que han grabado en algunas capitales latinoamericanas, africanas y europeas. “Elegimos mensajes sencillos, al alcance de todos los habitantes del lugar, y coherentes con su realidad”. Javier y Pablo cuentan los últimos trabajos donde la palabra ha sido el alma de su obra. En Algeria, por ejemplo, inundaron una zona marginal de la capital con mensajes de esperanza, en árabe. Lo mismo, pero usando el alfabeto cirílico, hicieron en un parque de Dubrich (Bulgaria), justo antes de aterrizar en Bogotá con su mensaje vital.

Una selva de vida

No hace más de dos semanas que Boa Mistura dejó su sello en Bogotá, donde aterrizó por petición de la Secretaría Distrital del Hábitat y el cambio ya se respira en la Plaza de la Hoja, que está ubicada en la carrera 30 con calle 19. Es un vasto pavimento de aire industrial donde 457 familias desplazadas han encontrado un nuevo hogar. Desde aquella visita, la plaza de 5.000 metros cuadrados ya no es suelo sino selva.

“Antes de viajar estudiamos cada proyecto y aterrizamos con dos o tres bocetos”, explica Purón, quien reconoce que los borradores suelen terminar en la basura cuando conocen personalmente el lugar. “Solo tomamos decisiones tras respirar el ambiente y conocer a los vecinos del barrio, su problemática, su energía”. Por eso escogieron pintar, sobre el pavimento de esta plaza, una selva con plantas de todo el país. Por eso, cuando se juntaron con aquel grupo de familias desplazadas, días antes de comenzar, y las escucharon ilusionarse de nuevo, supieron que el proyecto merecía la pena. “Esta plaza es y será siempre suya. Es su obra”.

Mientras repasan los próximos proyectos en la agenda –de nuevo Bogotá, esta vez de la mano de Idartes, y luego Barranquilla, Ciudad Juárez y un barrio perdido de Nicaragua–, un grupo de ancianos custodia la que ahora es su plaza. Jóvenes y niños repasan con las últimas luces del día las hojas de todos los rincones de Colombia, que convergen alrededor de una palabra, una máxima que da fuerza a los mil quinientos vecinos, víctimas de todos los frentes del conflicto colombiano, que de nuevo entienden el significado de la palabra “Vida”.

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octubre
26 / 2015