De cuando el amor se encuentra con la creatividad: cuatro parejas creativas

Cuatro parejas colombianas le contaron a Diners los retos que implica compartir un oficio donde la creatividad es la materia prima.
 
De cuando el amor se encuentra con la creatividad: cuatro parejas creativas
Foto: Karim Estefan y Paul Terrie
POR: 
Sandra Martínez

Inspiración, conexión, una suerte de energía que impulsa la creatividad. Las parejas que comparten una vocación artística dicen experimentar esto hacia el otro. Ejemplos en el mundo hay muchos. El artista estadounidense Jackson Pollock, pionero del expresionismo abstracto, y su esposa, Lee Krasner; los artistas mexicanos Diego Rivera y Frida Kahlo; el escultor francés August Rodin y Camille Claudel, son algunas de las parejas que compartieron esa fuerza creativa. Sin embargo, todos ellos llevaron una relación que podría calificarse como tormentosa.

Y es que del arte no se pueden desprender. Está ahí, presente, las veinticuatro horas del día. No hay límite, no hay descanso. A veces puede ser tensionante. Existen preocupaciones artísticas que se deben resolver, asumir el sufrimiento que a veces genera el proceso creativo y enfrentar las críticas del otro, no es fácil. Cada uno lo vive con pasión e intensidad.

Sin embargo, estas cuatro parejas colombianas le encuentran más ventajas que desventajas a esa convivencia, explican cómo viven su cotidianidad, cómo transcurre ese diálogo permanente entre sus oficios, que se complementan y se enriquecen mucho más que si vivieran con alguien que no comprendiera en absoluto su lenguaje. Aquí ninguno es sombra del otro, cada uno tiene un nombre propio y aunque van en la misma dirección, mantienen su individualidad.

Laura Laurens & Álvaro Robledo

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Ella es diseñadora de modas, él es escritor de ficción. Se conocieron hace ocho años en un bar de Bogotá que ya no existe. “Y desde entonces, comenzamos un diálogo sobre lo divino y lo humano que no se ha acabado. Me gustó mucho su forma de estar en el mundo”, asegura Álvaro.

Comparten actividades juntos, como la meditación y practicar artes marciales, y ven como una gran ventaja tener a una pareja creativa. “Alguien que entienda las dificultades de la agonía de los procesos creativos es fundamental”, explica Laura. “Para mí siempre ha sido un alimento a mi experiencia como escritor. Además, me interesa mucho la moda, un mundo incomprendido en este país, que se asocia con algo ligero, incluso tonto, ignorancia nuestra, por supuesto, porque en realidad es un universo muy poderoso con el que se pueden expresar cosas muy profundas”, afirma Álvaro.

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Laura confiesa que son muy críticos con los proyectos de cada uno. “Nos damos durísimo, como en un ring de boxeo”, dice entre risas. Sin embargo, Álvaro difiere de esta opinión. “Yo comparto mucho lo que escribo con ella, pero cuando miro lo que Laura hace es como asomarme a un universo, que resulta muy interesante, pero que me parece muy distante, porque la factura misma es distinta (…) Además, a veces considero que la crítica es una pendejada, creo mucho en el tao de los chinos, y esa no acción, que las cosas alcancen a tener su ciclo, es mucho más potente que estar uno opinando”, dice.

Lo cierto es que Laura, quien por estos días vive la angustia de tener todo listo y perfecto para exhibir a finales de septiembre su colección en la Semana de la Moda de París, y Álvaro, que está pensando en su siguiente novela, que espera que gire en torno a los viajes del tiempo, consideran hacer algún día un libro ilustrado juntos, quizás de cómic. “Ya veremos”, comenta Álvaro, “me encantaría que se puedan unir los dos universos, que tenga texturas”, dice Laura.

Por ahora, ambos tienen claro que van en la misma dirección, por el mismo camino. “Somos dos almas que están en la misma carretera, que van viajando paralelamente, pero que jamás se coartan. Somos dos naranjas, no dos medias naranjas”, asegura Laura.

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Assaf Wexler & Daniella Benedetti

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“Él es un maniático con la visualización, dice que para que las cosas pasen, uno tiene que ver lo que quiere que pase. Y bueno, también me ha enseñado algo muy útil: a cobrar por mi trabajo”.

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Daniella y Assaf se conocieron en Barcelona hace siete años. Estudiaban en la misma universidad. Ella, diseño gráfico; él, diseño de producto. Eran solo amigos. Sin embargo hace un año y medio, en Colombia, se volvieron a encontrar, la excusa de un nuevo proyecto los unió, y comenzaron a salir.

Ambos se consideran ciudadanos del mundo, viajeros empedernidos en busca de nuevos aprendizajes. Daniella se decidió por la fotografía como forma de expresión. Vivió durante nueve años fuera del país, primero en Barcelona, luego en Milán y después en París. Assaf nació en Israel, vivió en Europa varios años y terminó dirigiendo en Colombia una oficina de arquitectura y diseño llamada ODA.

Assaf piensa que aunque son disciplinas distintas, “hay cosas que son transversales en estas áreas creativas, como la estética, la composición, el color y la luz”, razón por la cual siempre están apoyándose el uno del otro. “No competimos, sabemos quién es fuerte en qué y nos damos el espacio”, agrega.

Por esta razón, tienen en mente llevar a cabo muchos proyectos juntos. Por ahora, el más concreto es hacer foto-objetos, “en los que no solo la foto sea la protagonista, sino que la imagen tenga marcos diferentes, doble vidrio o hasta composiciones dentro de un solo marco”, explica Daniella.

En este breve tiempo que han permanecido juntos, Daniella asegura que la mayor enseñanza de Assaf ha sido aprender a visualizarse. “Él es un maniaco con la visualización, dice que para que las cosas pasen, uno tiene que ver lo que quiere que pase. Y, bueno, también me ha enseñado algo muy útil: a cobrar por mi trabajo”, comenta entre risas. Assaf dice que el aprendizaje más importante de ella ha sido el ponerse en los zapatos del cliente, “ahora soy más tolerante, cedo más e intento sumergirme en su punto de vista”, explica.

Saúl Sánchez & Carolina Gómez

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Foto: Paul Terrie
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Dicen que las casualidades no existen. Se conocieron hace 19 años en un trabajo temporal, duraron seis años de novios y se casaron hace 12 años. Juntos se iniciaron como artistas y desde entonces, reconocen ambos, pocas veces han estado separado el uno del otro.

Carolina, que es diseñadora de joyas de profesión, asegura que a Saúl le debe todo lo que sabe de arte. “Conocí el mundo del arte por él, lo que aprendí fue por él, me enseñó a pintar”, exclama con emoción. Saúl lo ve con otros ojos: “No es cierto, ha sido una construcción conjunta, hemos aprendido al mismo tiempo”, dice.

Lo cierto es que Saúl afirma que no puede imaginarse la vida de otra manera. “El arte no es un trabajo en el que sales y cumples un horario. Si te levantas a las tres de la mañana con una preocupación artística o con una idea, ambos lo entendemos perfectamente, porque estamos sintonizados en la misma frecuencia”, dice.

Esa unidad tan compacta que tienen les ha permitido sortear sin mayor problema las dificultades que suelen vivirse en este oficio. “Siempre hablamos en plural, la conciencia de pareja está totalmente metida en las venas. Claro que como en cualquier artista hay egos y competencias, yo creo que es lo más normal, pero como estamos buscando un fin común, eso hace que se reconcilie cualquier sentimiento negativo (…)”, opina Saúl.

Carolina asegura que lo que más destaca profesionalmente de su esposo es su perfeccionismo y su honestidad. Saúl dice que lo que más admira de su esposa es que “no titubea, se arriesga frontalmente, es auténtica, tiene cero pretensiones. No comete los errores que yo y mis colegas hemos cometido, se hace a un lado de la línea de aprendizaje de cómo ser artista en Bogotá. Yo soy lo opuesto, soy inseguro, dudo mucho de mis ideas. Ella es mi polo a tierra”, explica.

Desde hace un año viven en Nueva York, porque Saúl se ganó una beca para estudiar una maestría en Parsons. “Aquí estamos menos preocupados por esa presión de producir que se vive en el país, estamos tranquilos, absorbiendo y absorbiendo todo lo que nos da esta ciudad”, dice.

Y aunque se apoyan incondicionalmente en cada uno de sus proyectos, no tienen en mente hacer algo conjunto. “Casi que nuestro único espacio de individualidad se construye en la obra, así que no creo que eso vaya a suceder”, concluye Saúl.

Amalia Andrade & Camila Brugés

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Aquí ninguno es sombra del otro, cada uno tiene un nombre propio y aunque van en la misma dirección, mantienen su individualidad.

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Esta pareja estudió Comunicación Social en la Universidad Javeriana, pero aún se preguntan por qué nunca vieron clases juntas. Fue después, gracias a una amiga en común, que comenzaron a salir. De eso ya hace seis años.

Amalia acaba de publicar su primer libro: Uno siempre cambia el amor de su vida [por otro amor o por otra vida] y es, además, ilustradora; Camila trabaja como guionista de televisión y es bailarina. Juntas comparten la pasión por la escritura y la lectura. “Cuando uno encuentra una sensibilidad de ese tipo se convierte en su mejor aliada”, dice Amalia. “El riesgo, por supuesto, es que no nos salgamos nunca de nuestros universos, porque entendemos perfectamente la pasión de la otra”, explica Camila.

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Amalia reconoce que Camila es su gran inspiración y que todos los comentarios o críticas que le hace le sirven para enriquecer sus proyectos creativos. “Es mi primera editora, entiende mi trabajo, me da grandes ideas”, dice. Sin embargo considera que en el sentido contrario no sucede lo mismo. “No pienso tanto en imágenes como ella, Camila es más clásica, yo soy transgresora, siempre pienso que contaría sus historias de otra manera”, manifiesta. Camila reconoce que le cuesta recibir las críticas de su pareja, “pero es porque en el fondo me reta a pensar fuera de mi zona de confort”, explica.

Sin embargo, juntas quieren desarrollar proyectos en un futuro cercano, como una serie web en internet. “Amalia siempre va a mil, es casi eléctrica, y esa velocidad en la que va, su insaciable curiosidad y su capacidad de consumir libros y televisión con un propósito, sé que nos va a ayudar en esta iniciativa”, concluye Camila.

         

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septiembre
23 / 2015