Seguros Bolivar presenta su nueva colección de libros de arte

POR: Revista Diners
 / enero 22 2015
POR: Revista Diners

Durante treinta años, a través de sus libros de arte, Seguros Bolívar documentó y recopiló el trabajo de los más destacados pintores y escultores modernos en Colombia. Sin embargo, dos años atrás, adaptándose al cambiante panorama artístico nacional, quisieron renovar su formato editorial para darles paso a los más reconocidos exponentes del arte contemporáneo local.

Para hacerlo, recurrieron al curador José Ignacio Roca, quien sugirió publicar tres libros de artistas diferentes en cada edición y reunirlos en una caja, pensando armar una colección. Además, invitó al curador Alejandro Martín para que se uniera al proyecto. “La idea es que en cada edición haya artistas muy diferentes entre sí, creando contraste entre sus obras y mostrando un espectro más amplio de lo que está sucediendo en este espacio”, le dijo Martín a Diners. En la primera edición los elegidos fueron María Fernanda Cardoso, Luis Roldán y Oscar Muñoz.

En esta oportunidad, el trío está integrado por Johanna Calle, Antonio Caro y Danilo Dueñas. “Es importante lograr un conjunto fuerte, que funcionen juntos, pero que cada uno se defienda solo. Todos los libros tienen una identidad muy marcada, acorde con el artista y su obra”. En este caso, las producciones y las personalidades de los invitados no podían ser más diferentes.

Símbolo Nacional

Antonio Caro, uno de los precursores del arte conceptual en Colombia, comenzó su carrera en los años setenta, y aunque tiene muy pocas obras, las ha rehecho varias veces, adaptándolas a la actualidad nacional durante más de tres décadas. “En el trabajo de Antonio la repetición es muy importante, y él lo logra no solo con exposiciones o las variaciones de su obra, sino que cada vez que una de sus piezas aparece publicada en la prensa, esto hace parte de su obra, y él lo documenta”, explica Martín. De esta manera, no solo ha logrado convertirlas en símbolos, de ahí el título de su libro: Símbolo Nacional, sino que ha conseguido que se mantengan vigentes y funcionen de maneras diferentes, de acuerdo con el contexto en el que se presenten.

Entre sus creaciones más reconocidas están Aquínocabeelarte, presentada por primera vez en el Salón Nacional de 1972. En este caso, el significado cambia totalmente si se desconoce el contexto. Caro escribió esta frase en letras mayúsculas negras, cada una pintada en una cartulina aparte. A primera vista es un guiño al visitante, pues dice que en ese lugar —por lo general un museo o una galería— no pertenece el arte. Pero al acercarse, puede leerse debajo de cada letra un nombre, un lugar y una fecha. Se trata de los nombres de personas que fueron asesinadas durante manifestaciones contra el gobierno, que tuvieron lugar en esa época.

Sin embargo, la pieza con la que más se le identifica es Colombia, Coca-Cola, en la que escribe la palabra Colombia en la tipografía de la popular marca de bebidas. “Cuando realizó la primera versión, hacía referencia al carácter cultural subalterno de un país que miraba a la vez con recelo y fascinación al país del norte y su sistema económico. Una década más tarde, Colombia hace referencia directa al problema del narcotráfico, un nuevo orden económico en el cual el país es el principal productor y los Estados Unidos el principal consumidor de cocaína en el mundo”, escribió Roca en la introducción al libro, haciendo referencia a cómo la obra se adapta al tiempo y al contexto en el que se presenta.

Cada uno de sus trabajos principales tiene un capítulo en el libro, que al igual que los demás de la colección, no está concebido para leer de corrido. “Son fragmentarios, están pensados para enganchar al lector, para que empiece por lo que le llame la atención”, dice el curador, quien recalca que además de documentar el trabajo de los artistas, otro de los objetivos es acercar al público al arte contemporáneo. “Sería maravilloso que la gente se tomara el tiempo y perdiera las prevenciones, y, simplemente, tratara de disfrutar lo que ve, no siempre tratando de buscar un significado o una explicación”.

El espesor de la superficie

Y eso precisamente es lo que Danilo Dueñas quiere lograr con su obra. “Le interesa el arte en el sentido más puro, profundo y espiritual. Su filosofía es que si lo tienes que explicar, no funciona. Si no eres capaz de percibir lo que hay allí, te lo pierdes”. Según Martín, él quiere que la persona se relaje y se tome el tiempo de mirar, de sentir el espacio. “La mayoría de sus obras son espaciales, hay que estar allí para sentirlas”.

En el texto de introducción al libro, titulado El espesor de la superficie, Roca explica cómo Dueñas, quien nació en Cali en 1956, comenzó investigando las posibilidades de la abstracción, en su gran mayoría desde la pintura. “Realizaba obras bidimensionales mezclando los materiales clásicos con elementos recogidos, sobre los cuales intervenía valiéndose del ensamblaje y el lijado”. Más adelante, al darse cuenta de las posibilidades que le brindaban los objetos al ensamblarse, “su trabajo fue invadiendo el espacio y tornándose escultórico, involucrando la arquitectura misma y creando espacios inmersivos. En su obra más reciente, Dueñas trabaja con materiales y objetos provenientes del lugar de exhibición y conforma con ellos complejas instalaciones de gran fuerza poética”.

Entre sus trabajos más impactantes está Salón de actos, la intervención que hizo en un colegio en Cali, para el 41 Salón Nacional de Artistas. “Al verlo, uno podría decir: esto es un desorden. Pero al detallarlo, es una composición impecable, donde todo está meticulosamente colocado. Para él es importante cómo las cosas caen, dejarlas caer y ver cómo quedan, que se sienta el peso de los objetos”, afirma Martín. La intención, es que más allá de entender algo que el artista está tratando de decir, la gente perciba cómo entra la luz, las sombras que produce, ver la parte de debajo de una mesa. Las repisas que están rotas. “Es un artista exigente, que espera mucho del espectador”.

Des(orden)

Es el título del libro de Johanna Calle, quien durante su carrera se ha dedicado a experimentar con diferentes formas de dibujar. Para ello, ha recurrido a materiales como mallas metálicas, hilo, alambre, acero y caseína y a técnicas como costura, lijado, perforado o mecanografiado. “En sus obras, de factura delicada y proceso laborioso, aborda temas diversos como la injusticia social, las cuestiones ambientales, los roles de género y las convenciones del lenguaje. En sus trabajos recientes utiliza la escritura como línea para el dibujo, en obras que conjugan la sutileza del trazo con las implicaciones discursivas del texto. A partir de este recurso ha creado obras de gran formato que semejan hojas, árboles, tejidos foliares, estructuras arquitectónicas o planos de ciudades”, escribe Roca en la introducción.

Una de sus piezas más impactantes y conmovedoras es Nombre propio. Está inspirada en los avisos que publicaba semanalmente el Instituto de Bienestar Familiar, encargado de proteger a la niñez, donde mostraba las caras de los niños abandonados con la intención de conseguirles un hogar. Entre 1997 y 1999, Calle dibujó 1.534 retratos en hilo, alambre y fieltro sobre lienzo. “Dedicó dos años a su bordado, reproduciendo de manera precisa cada cara; aprendiéndose a veces el nombre que se le había dado a cada niño”, escribió la curadora Laurel Reuter en su ensayo Johanna Calle: Significados sumergidos. Así, a través de su trabajo, Calle trata temas fuertes y dolorosos de una manera sutil, minuciosa y llena de significados. Algo que los hace aún más contundentes.

El resultado de los tres libros es un conjunto sólido, ilustrado con imágenes impecables y textos coherentes, que permiten al lector adentrarse en la obra de tres de los más destacados artistas de la actualidad, que con producciones muy diferentes entre sí, invitan a reflexionar sobre diversas temáticas sociales, políticas y culturales del país.

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enero
22 / 2015