Murió la artista Ana Mercedes Hoyos

POR: Revista Diners
 / septiembre 5 2014
POR: Revista Diners

Publicado originalmente en la Revista Diners edición 442 de enero de 2007. 

La pintora colombiana abre en Zaragoza, España, una exposición de 50 pinturas y dibujos de los últimos 25 años. La muestra se llama “por el color hacia la conciencia” y se realiza en el Centro de exposiciones y congresos donde sólo han expuesto grandes artistas como Picasso, Dalí, Chagall, Diego Rivera, Tàpies…

Hace años conocí en Madrid a Ana Mercedes Hoyos. Nos presentó un amigo común, el pintor Luis Caruncho. Después, varios encuentros en Barcelona y posteriores visitas a su estudio en Bogotá y Nueva York me confirmaron que estaba ante una persona de extensa cultura, extraordinaria artista y excelente conversadora, que vive la pintura y la palabra como un ejercicio de liberación.

A mi regreso a Barcelona memorizaba sus cuadros y me perseguía la idea de mostrar una exposición de su obra en España, creo que la primera en nuestro país. Propusimos el proyecto a Ibercaja, que con el interés por el arte que la caracteriza, ofreció los medios para que esta muestra fuera posible.

Zaragoza es ciudad de gente agradecida, acogedora, e importante cuna de cultura. Desde el primer momento, Ana Mercedes Hoyos se mostró muy ilusionada. Y nuevamente en mi visita a Nueva York me recibieron, en su casa-estudio del Soho, Ana Mercedes y el gran arquitecto Jacques Mosseri, su marido (compañero y amigo y fiel admirador, como ella misma dice). Mientras conversábamos de muchas cosas me mostró parte de su obra antigua, que me parece de una gran coherencia evolutiva.

En unos días intensísimos salíamos a airearnos y visitábamos museos y exposiciones. Tuve la suerte de compartir mesa en diversos restaurantes y hablar de gastronomía y vinos en la Gran Manzana. Pasear con Ana Mercedes por Nueva York es una experiencia muy enriquecedora. Mientras hablaba con vehemencia y me hacía cómplice de todo lo que saltaba ante su aguda visión, se impregnaba de cuanto la rodeaba y captaba impresiones, sentimientos y situaciones de la gente que pasaba por las calles. Cualquier elemento puede ser un símbolo, un aviso, ya sea un cartel, una portada de revista o fotos de los periódicos.

Es una artista que vive con pasión entregada a su tiempo; una mujer luchadora y comprometida con las cuestiones universales que siempre han acompañado a la humanidad; y sensible ante la situación de los más débiles, denunciando las injusticias y colaborando en causas sociales.

Pienso en su obra de los últimos años y acuden a mi memoria ramalazos de imágenes. Sobre personajes que aparecen en sus cuadros, en los retratos de palenqueras, y concretamente ante el de Zenaida (a quien conoce desde hace muchos años), me comenta: “Cuando pinto un retrato de alguien, tengo que conocer su alma, impregnarme de ese rostro y de todo aquello que encierra su expresión…”, cosa que puedo constatar. En su estudio me enseña su archivo fotográfico de más de diez mil fotografías sobre San Basilio de Palenque. Una exhaustiva historia fotográfica de las gentes, fiestas y tradiciones y de su cultura presente y ancestral. Fotografía documental, herramienta hacia la memoria perseguida.

La exposición “Por el Color Hacia la Conciencia” la integra una selección de cincuenta pinturas y dibujos desde los pasados años setenta hasta nuestros días. Son obras procedentes de colecciones de varios países del mundo como Estados Unidos, México, Colombia y España. La selección surgió de su afán por la recuperación étnica, que empezó hace más de veinticinco años.

Esta búsqueda la centra especialmente en los descendientes de hombres y mujeres que fueron arrancados de sus familias y sus tierras por el brutal comercio de esclavos de África hacia América. Ella misma me dice: “Soy una recuperadora de la memoria de un pasado ignorado aunque existente, una politóloga, una documentalista de las costumbres y tradiciones de los palenqueros”.

La universalidad de la obra de Ana Mercedes Hoyos está en sus raíces, en el conocimiento de las culturas antiguas e influyentes que posteriormente formaron las culturas de los países que nuestra artista visitó, estudió y vivió profundamente.

Al estudiar su trayectoria resalta el propósito y el sueño de libertad que hierve en su camino. El contenido de su obra nace en ella al viajar hacia su propia identidad, hacia los interrogantes perennes del alma humana, hacia el gran desafío de conocerse a sí mismo que tiene todo artista.

Ana Mercedes nos recuerda e insinúa sabiamente que todos necesitamos una historia para contar, y con sencillez nos ofrece una historia sugerida desde la poética de lo cotidiano, como son las vivencias del pueblo más humilde. Nos precisa con amor y con dolor la historia de esclavitud y libertad que vivió San Basilio de Palenque, el primer pueblo que se liberó del yugo colonial.

Ana Mercedes Hoyos pinta un utensilio frecuente de la vida de los palenqueros: la palangana como elemento multiuso, en su caso como ofrenda de frutas, como la retentiva ineludible de la memoria histórica que todos llevamos en las células. Pinta la palangana como un referente o símbolo de hombres africanos esclavizados por los negreros, despojados de familias y tierras y llevados injustamente al otro lado del mar.

La artista pinta en sus cuadros situaciones cotidianas con el color del trópico como sinfonía. El ritmo mágico de formas y color teje un entramado de música viva que fluye detrás de la tela (sale de debajo de la cama, como diría ella).

En su obra siempre hay una música que se rige por un pentagrama exquisito, equilibrado y a la vez libertario. Una música visual, social y reivindicadora que tanto tiene que ver con el arte, que es la historia paralela y sugerida de los hombres.

Con esta música de formas y colores denuncia en ocasiones las tropelías constantes del ser humano o traza sensualmente su lado poético y amoroso. Otras veces, con el dibujo o la pintura refleja sensualmente cómo la naturaleza nos conduce con terquedad y pillería a su afán por la continuidad de la especie.

Con poesía y vehemencia nos propone la reflexión, que se acentúa especialmente en la producción de los últimos años.

Los cuadros de escenas de mercado, vendedoras y vendedores de San Basilio de Palenque, los  palanqueros, los lazos, el colorido de sus ropas, palanganas llenas de sandías, papayas y plátanos, nos sugieren la viveza y exuberancia que caracteriza a los pueblos donde vive el hombre negro.

La crítica internacional ha destacado siempre la fuerza, imaginación y calidad de su obra, y no es un cumplido. Ella tiene la virtud de escuchar con los ojos. Se entrega con pasión a su entorno, a la historia, y reseña sus injusticias. Su inquietud y perspicacia desmenuza los pequeños detalles y pone ante nuestros ojos de forma hermosa y sugerida el problema de los más débiles.

Tiene Ana Mercedes un andar gatuno y se mueve con agilidad por el territorio movedizo de la pintura. Observen sus cautivadores paisajes cotidianos de la etnia afro-americana.

De la nitidez de sus colores nace un pop fresco, suelto y nuevo. Se nota que sabe que venimos de una historia antigua que se repite una y otra vez, que se lee, se come, se bebe y se digiere, o se vomita. Y como único camino de futuro, para seguir andando con respeto ante la ética y la dignidad, nos avisa que al final sólo queda el mestizaje inevitable que nos llega con las olas de la historia.

Somos herederos de una tradición milenaria, de una herencia ineludible de la que algunos insensatos tratan de escapar con pretenciosos disfraces. Nadie escapa de su historia.

Ana Mercedes Hoyos nos recuerda con firmeza una situación que se repite con demasiada frecuencia en la historia del hombre, y ahí está el arte, comprometido con su tiempo. Tratando de hacer mejor al hombre.

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septiembre
5 / 2014