Juan Fernando Herrán y “la vuelta”

La obra de Juan Fernando Herrán está enriquecida por una serie de potentísimas y fantasmagóricas fotografías y algunas inscripciones in situ de los sicarios de Medellín.
 
Juan Fernando Herrán y “la vuelta”
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POR: 
Dominique Rodríguez

Recuerdo que me impresionó. Ver y oír tamañas verdades resultaba chocante. Había que concederle los veinte minutos al video para abrumarse del todo. Sentarse para resistir esas respuestas francas –demasiado francas– de todos estos hombres que habían conducido la moto en la cual se perpetró un crimen, o que ellos mismos habían cometido. Eran las voces de los sicarios que hablaban más desde la naturalización de su propia realidad, que con impostado cinismo.

Y eso lo hacía aún más escalofriante. Juan Fernando Herrán había decidido que ese documento visual sería la obra que presentaría en el 43 Salón Nacional de Artistas, llevado a cabo el año pasado en Medellín, en donde la cultura del sicariato ha sido expuesta hasta la saciedad. Allí, sin embargo, el artista iba un paso más allá: intentaba entender la sensación de poder que representa decidir sobre el futuro de alguien más. Llamó a su investigación ‘La Vuelta’, jerga que define la misión de estos hombres; la ‘vuelta’ para amedrentar, para robar, para matar.

Lo interesante de esta pieza que ahora se puede ver en Bogotá, y que está enriquecida por una serie de potentísimas y fantasmagóricas fotografías y algunas inscripciones in situ (de sus diálogos mantenidos con estos hombres) es la forma como Herrán llega a que nos cuenten sus historias. Nace de su genuino interés por entender la relación de su enérgico coraje con sus motos. El vehículo se convierte en su extensión, en un elemento que adquiere casi vida propia y les transmite la energía, la masculinidad y la fuerza que necesitan para ser. Para mandar y controlar. Hablan de sus máquinas con un cariño exagerado. Uno de ellos dice que cuando le rayan el tanque lo siente como si lo apuñalearan a él mismo.

La sinceridad como contestan a las preguntas de Herrán y como se va desenvolviendo la trama, en donde para todos es tan lógico que así suceden las cosas, es quizá lo más violento de todo este testimonio. Así es. Para las mujeres, sus mujeres, quien mejor moto tenga, más ofrecerá, mejor partido será. No se siente remordimiento alguno en sus palabras, ni culpa. Así es.
“… que lo llamaron, hay que hacer esto, hay tanta plata, entonces, uno mira la situación en la que esté, uno dice, hagámosle, no tengo plata para salir a farrear, no tengo plata para salir a sacar la pollita o para meterle a la moto o para comprar otra moto; uno dice, hagámosle, según la cantidad de plata, eso ya se ve es como un trabajo, mas no como usted dice que es una adicción, no, sino por decir, si uno está mal uno se tira a hacer el trabajo que tenga que hacer”.

Algo pasa en nuestra sociedad y allí queda plasmado. Herrán retoma su interés por exponer los rezagos del narcotráfico, los límites morales que cruzamos, todos. Ya lo había hecho, también en el Salón 41 de Cali en donde presentó una obra que hacía referencia al Proceso 8.000. Allí está, es parte de nuestra historia. Y más vale no olvidarlo.

LA VUELTA
Juan Fernando Herrán
Hasta el 26 de abril
Galería nueveochenta
Calle 70 No. 9-80
Bogotá
info@nueveochenta.com

         

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abril
15 / 2014