Descubra al irreverente artista Luciano Jaramillo en este libro de lujo

En el libro que lanzaron recientemente el Banco Davivienda y Seguros Bolívar se propone un recorrido por la obra del artista manizaleño Luciano Jaramillo, cuyas críticas aún siguen vigentes.
 
Descubra al irreverente artista Luciano Jaramillo en este libro de lujo
Foto: Retrato de Luciano Jaramillo realizado por el fotógrafo Hernán Díaz. /
POR: 
Yhonatan Loaiza

A comienzos de la década de los setenta, la extinta Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS) de Bogotá le comisionó al artista manizaleño Luciano Jaramillo una serie de murales para las plazas de mercado de la ciudad.

Casi medio siglo después, la obra que Luciano Jaramillo pintó para la plaza de mercado del 20 de Julio sigue siendo uno de los tesoros visuales más valorados de este espacio. “Es el único mural que logramos encontrar en Bogotá”, cuenta Camilo Chico, artista plástico y curador del libro Luciano Jaramillo: pintura y dibujo, que acaban de lanzar el Banco Davivienda y Seguros Bolívar.

 Y es que para esta publicación especial, en la que se recorre la obra de este artista que nació en 1938 y falleció en 1985, el equipo encargado hizo un barrido de todo el catálogo de obras de Jaramillo, incluida esta serie de murales de la que solo sobrevive el de la plaza del sur de la capital del país.

“Es muy bonito, porque en las fotografías que se tomaron para el registro se ve cómo las personas que habitan la plaza quieren mucho el mural”, asegura Chico sobre este trabajo, que tuvo como punto de partida la gesta independentista colombiana. 

Más allá de ese valor casi arqueológico del mural, que al igual que la plaza se llama 20 de julio, esta pieza se podría considerar un resumen de la obra de Jaramillo, que en sus creaciones, en las que experimentaba con una mirada modernista de la pintura, solía exaltar el alma rural del país. 

“La importancia de Luciano Jaramillo reposa, sin duda, en la modernidad. Fue un artista que empezó muy joven en la escena, a los dieciséis años, y deslumbró de una u otra manera. Su pertinencia —antes de hablar de influencia— para la escena plástica colombiana es fundamental”, comenta Chico.

Derrota de san Román - Homenaje a
Uccello - Caballería # 2 (1961).
Derrota de san Román – Homenaje a Uccello – Caballería # 2 (1961). Foto Óscar Monsalve.

Tras pasar los primeros años de su infancia en una finca a las afueras de Manizales, su familia se trasladó primero a Bogotá, en 1942, y una década más tarde se radicó en París, ciudad que fue esencial en el desarrollo artístico de Jaramillo. Allí, por ejemplo, pintó sus primeros dos cuadros: Niño pensando y El gallo.

En 1956, con escasos dieciocho años, Luciano Jaramillo realizó su primera exposición individual en la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, sobre payasos y bodegones. Un año después, en 1957, impulsado por el éxito de esa primera muestra, el artista manizaleño regresó a la capital de Francia, donde estudió pintura y publicidad en L’École Paul Colin. Allí, aconsejado por el mismo Colin, Jaramillo se enfocó en la pintura y dejó el otro oficio de lado. 

“Claro que esto a mi papá no le gustó nada, me acuerdo de que tuvieron una pelea intensa (…). Mi papá le decía que eso no lo iba a llevar a ninguna parte porque no le iban a dar diez pesos por una pintura”, recordó María Victoria Jaramillo, la hermana del artista, en el video que acompañó el conversatorio en el que se presentó este libro. 

Según Camilo Chico, el texto está dividido en tres partes que abarcan, cronológicamente, las etapas de la obra del artista. “La primera parte son esos procesos de formación. Él estuvo en Francia y llegó con esas ideas a Colombia, donde también tuvo la influencia de Alejandro Obregón y de la escena local”, explica el curador.

La segunda etapa, que va desde 1964 hasta 1970, es según el curador el momento más expresionista de Luciano Jaramillo y su periodo maduro, del que nacieron obras tan importantes como la serie del Festín de Baltasar. Ya en la tercera parte, que va desde 1970 hasta el final de su existencia, Jaramillo se concentró en la crítica social. 

“Hay que tener en cuenta que la escena que estaba dominando las artes plásticas en Colombia se derivaba, básicamente, del muralismo mexicano y del indigenismo, y creo que estas propuestas de modernidad fueron las que hicieron de Luciano Jaramillo, como decían los críticos de su momento, el más joven de los maestros”, añade Chico.

Para el historiador de arte Nicolás Gómez Echeverri, que también formó parte del equipo que trabajó en el libro, Luciano Jaramillo fue un artista que se caracterizó por ser distinto de los demás, una diferencia que estuvo determinada por el estilo de sus obras, que se podría catalogar como nueva figuración. 

“Era un estilo, una tendencia, en que los artistas acudían a la representación del ser humano no de una manera realista, con toda la perfección del cuerpo y demás, sino de un modo que transforma el cuerpo, la gestualidad y las facciones, y casi raya en lo monstruoso; esto da cuenta de una preocupación por la condición humana”, explicó Gómez Echeverri en el lanzamiento del libro. 

Por su parte, Sylvia Suárez, profesora del Departamento de Artes Visuales de la Universidad Javeriana, aseguró en el conversatorio que Jaramillo, como todo buen creador, va a tener una permanencia como parte de la cultura visual, y no solamente en la de los artistas.

Murales y críticas de Luciano Jaramillo contra la sociedad

A pesar de que su obra tuvo un gran despliegue en la década de los setenta, con opiniones muy favorables de la crítica, Jaramillo decidió organizar su agencia de publicidad, lo que lo divorció un poco del mundo del arte. 

“Eso lo aleja de la escena y hace que la gente, de una u otra manera, no lo mire con tanta atención. Este libro que editaron Davivienda y Seguros Bolívar es un merecido homenaje a un gran artista, cuyo nombre estaba un poco en el olvido”, asegura el curador. 

Chico cuenta que cuando conoció la obra de Luciano Jaramillo, hace más o menos quince años, lo impactó mucho la fuerza que tenía su pintura. Además, para él fue una agradable sorpresa encontrar un interesante acervo de pintura y dibujo, que es lo que los lectores podrán disfrutar en este libro. 

En esos trabajos también se vislumbraba al gran pensador, al gran crítico social que estaba detrás del artista, cuyos reparos a su sociedad contemporánea también se podrían plantear a la nuestra. 

cocktail
Cocktail (1983), una crítica a la alta sociedad. Foto Óscar Monsalve.

“Básicamente, la crítica que él estaba haciendo era a los seres humanos y su relación con esos nuevos medios de influencia: la televisión, los reinados de belleza, las competencias y toda esa cantidad de símbolos que se estaban imponiendo”, explica.

Entre las piezas que recoge el libro, Chico destaca La familia cafetera (1982), con la que Jaramillo ganó el concurso de mural de Caldas para el Banco Cafetero. En esta tela, que hoy en día reposa en el Recinto del Pensamiento en Manizales, se mezclan retratos de diferentes familias típicas con un gran paisaje de las montañas cafeteras, pintadas con ese trazo siempre figurativo.

En ese trabajo con obras de gran formato también sobresale el telón de fondo que Jaramillo pintó en 1964 para el teatro Los Fundadores de su ciudad natal. “Es una pieza gigantesca, de unos 18 metros de ancho por 8 metros de alto. Es superinteresante, porque ahí lo que está haciendo es una reflexión alrededor del ejercicio del teatro”, señala Chico. 

El curador destaca igualmente las piezas que Jaramillo creó en homenaje a los grandes pintores que lo influenciaron, como Henri Rousseau y Rembrandt. En recuerdo del francés, ícono del surrealismo, el manizaleño pintó en 1963 obras como La gitana dormida y La guerra. “Es bien interesante ver eso en Luciano, o por lo menos en sus momentos de formación, y es que a él le interesaba mucho la historia del arte universal”.

En 1964, Luciano Jaramillo realizó una exposición en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, que en aquel entonces dirigía Marta Traba, en la que incluyó el cuadro Los festines, que recordaba al Festín de Baltasar, del maestro holandés Rembrandt. 

Desnudo (1961) Colección
Banco Davivienda
Desnudo (1961) Colección Banco Davivienda. Foto Óscar Monsalve.

“De la misma manera como el Festín de Baltasar en el siglo XVIII hablaba de las relaciones entre la Iglesia y el poder, en el caso de Luciano este les está haciendo una crítica a las mismas relaciones desde un punto de vista contemporáneo”, explica Chico. 

Justamente, esa capacidad de retratar las grietas y los problemas más profundos de la sociedad colombiana es lo que les da a las obras de Jaramillo la cualidad de seguir siendo relevantes décadas después de haber sido pintadas.  

“Los poderosos siguen abusando del poder que tienen, la alta sociedad continúa siendo tan hipócrita como la retrató mi padre en sus cocteles, los niños se siguen muriendo de hambre, la guerra continúa existiendo”, manifestó Ángela Martínez, hija de Luciano Jaramillo, en el lanzamiento del libro. 

Martínez recordó además la escena íntima de su papá alzándola con una mano, con la que también sostenía la paleta, mientras pintaba con la otra. Su hermano, Juan Jaramillo, rememoró  también la rutina de verlo parado frente al lienzo, siempre dedicado a ese oficio que lo consagró como un artista cuyas obras se pueden ver con una nueva, luz gracias a este libro. 

“A pesar del vaticinio de mi papá, (Luciano) sí vendía cuadros”, recordó por su parte María Victoria Jaramillo, hermana del artista manizaleño. 

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enero
23 / 2024