Alberto Montt: “El humor no tiene nada que ver con la risa”

El diseñador gráfico ecuatoriano-chileno acaba de publicar ‘La conquista de los gatos’, su nuevo libro que expone su teoría sobre las intenciones reales de los felinos en el mundo. Conversamos con él.
 
Alberto Montt: “El humor no tiene nada que ver con la risa”
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POR: Mateo Arias

Las famosas viñetas de Alberto Montt, tan provocadoras, cínicas y elocuentes, podrían hacerle pensar que el caricaturista es un tipo menos tranquilo, calmado y amable de lo que en realidad es.

Es mitad ecuatoriano y mitad chileno. Nació en Quito, en 1972. Estudió diseño gráfico y al graduarse empezó a hacer viñetas. Desde joven ha publicado sus trabajos en varios medios de comunicación en América Latina. 

Desde 2006, Alberto Montt tiene un blog que se llama Dosis diarias y ahora su trabajo también ha migrado a Instagram y a Patreon, una plataforma de mecenazgo colectivo. También tiene un pódcast con Liniers, el historietista argentino, que se llama La vida es increíble.

Desde hace años, Montt ha experimentado hacer viñetas relacionadas con animales. En 2019 publicó Solo necesito un gato y ahora lanzó La conquista de los gatos, su segundo proyecto sobre felinos.

En este último libro, el autor cuenta con astucia y buen humor su hipótesis: “los gatos fueron creados por Dios para conquistar el mundo”. Diners habló con Alberto Montt sobre su más reciente creación y también sobre su concepción del humor y su papel en la sociedad.

He leído un par de veces que usted considera que el humor y la risa son cosas distintas. ¿Me podría explicar por qué, por favor?

Esta es una conclusión a la que llegué después de que me di cuenta de que había muchos humoristas a los que seguía que nunca en la vida me habían hecho reír. Monty Python, Quino, Louis C.K., Les Luthiers. No me sacaron ni una risa, pero sentía que me habían llenado la cabeza y el corazón de algo que yo no entendía bien.

¿Cómo definiría Alberto Montt el humor?

El humor, para mí, es cualquier relación que tengas con alguien o algo y que haga que tu percepción del mundo se modifique. Un comentario, una viñeta te puede abrir la cabeza. Creo que el humor raptó la palabra ‘risa’, pero para mí no tienen nada que ver. Muchas veces me río con cosas que ni siquiera son humorísticas.

¿Qué cree que tienen en común quienes hacen humor?

Me parece que ustedes en Colombia tienen a gente brillante en ese campo, como Daniel Samper Pizano. Y creo que lo que tienen él y otros humoristas es que logran salir con ingenio de situaciones complejas. A mí me pasó esto en el colegio: había un tipo que era un matón y un amigo de mi tío me dijo que, si lo hacía reír, no me iba a pegar. Y así pasó.

Pero hay humor que enfurece a ciertas personas, que es provocador.

Claro. No todo tiene que estar para todos, siempre al servicio de la igualdad. Tengo la sensación, a ver si estás de acuerdo, de que el tema de las líneas que se pueden o no cruzar es cada vez más complejo. Y lo último que yo quisiera es vivir en un mundo pasteurizado, en donde la gente crea que sus sensibilidades no deberían ser tocadas.

Viñeta de Alberto Montt sacada de su Instagram: @albertomontt

¿Cómo debería ser?

A mí me parece que deberíamos luchar por un lugar en el que se cuestionen todas las sensibilidades constantemente. Incluso, si se comprueba que hay cosas que sirven, que igual se sigan cuestionando. El humor, de cierta manera, funciona como un caballo de Troya, pues agarra algo que puede ser muy subversivo y entra a tu cerebro disfrazado de otra cosa a través de la risa. El humor es algo muy serio, para gente que no se toma tan en serio a sí misma.

¿Pero qué pasa cuando alguien se siente ofendido?

Yo nunca trato de herir susceptibilidades. Simplemente trato de hablar de cosas que me importan y plantearlas desde el punto de vista en el que las veo. Eso me permite: vaciar ideas y generar espacios de conversación. Esto segundo es muy importante. Más de una vez mi forma de percibir algo ha cambiado, porque he dicho algo y alguien me responde otra cosa que me hace replantearme. Así es como uno va creciendo.

Hablemos de su nueva publicación. Es la segunda vez que hace un libro sobre gatos. ¿Qué le hacía falta por decir?

En Solo necesito un gato hay una parte en la que cuento cómo los gatos conquistaron el mundo. Dura unas ocho páginas. Ese pedacito siempre me quedó sonando y decidí que quería hablar más de ese tema. De ahí salió ese capricho de producir La conquista de los gatos. Y salen otras ideas: en este hablo de cómo los gatos curan enfermedades, por ejemplo. Seguramente después haré otro proyecto que se desprenda de estos dos libros.

Hay una página doble muy creativa en la que usted describe la receta que usó Dios para crear a los gatos. ¿Cómo se le ocurrió?

Salió de manera fluida. Tienen tres cuartos de taza de tigre, porque no son un tigre completo. También un trozo de nube, para la ternura. Cada parte del gato está ahí deconstruida. Lo que hice fue buscar ejemplos análogos. Me divertí haciendo esa parte. Bueno, todo el libro, en general, porque para mí no tendría sentido hacer un proyecto de este tipo si no la paso bien mientras lo hago.

¿A qué público se imagina viendo y leyendo este libro?

En primer lugar, a todos los amantes de los gatos. Se puede leer muy rápido, te puede dar un rato divertido: a un niño le puede gustar tanto como a un viejo. Es para un público muy amplio.

Hay una viñeta que dice que los gatos llenan el vacío existencial de los humanos…

Creo que vivimos épocas complicadas en las que la gente intenta llenar sus vacíos existenciales, emocionales, espirituales y mentales con cualquier cosa. Con teléfonos, gatos, clases de arco. Por un lado, uno podría decir: adelante, sé feliz con lo que puedas. Pero hay algunos llenadores de vacío, llamémosles, que terminan siendo herramientas de manipulación terribles.

¿Qué opina, por ejemplo, de las redes sociales?

Tienen cosas muy buenas. Hay gente muy creativa a la que vale la pena seguir. Ciertas publicaciones tienen el mismo valor que leer un buen libro o ver una gran película. A veces uno dice “este tipo es un genio”, pero lo que hace solo lo publica en las redes y por eso pasa desapercibida y fugazmente. 

¿Por qué cree que pasa esto?

He visto cosas que perfectamente podrían estar en un museo y nadie les presta atención. Es que todo cambia, ¿no? Los espacios, las percepciones, las necesidades, el consumo. Me estoy poniendo viejo.  A veces siento que ya no entiendo nada. Me voy a suicidar. Últimas palabras de Alberto Montt.

¿Qué va a pasar, entonces, cuando tenga 80 años? ¿Qué va a entender?

Nada. Yo me di cuenta de eso cuando vi un cartel del festival de Lollapalooza en Chile, hace 15 años, y de 77 bandas, solo conocía a una. Ahí entendí que pasó mi época y decidí que voy a oír a Bob Dylan el resto de mi vida.

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marzo
18 / 2022