Arte contemporáneo
Foto: Tapio Haaja en Unsplash
febrero 29, 2024
Cultura Arte y Libros

Arte contemporáneo: ¿Qué significa en nuestros tiempos?

¿No fue contemporáneo el arte de vanguardia, el romántico, el clásico, incluso el griego y el prehistórico en su época? Lucía Elias hace un análisis sobre este rótulo. Su primera fuente: Google.
POR:
Lucía Elias

Hablar de arte contemporáneo no es fácil. Más aún cuando se da por sentado que todos sabemos qué es. Se habla de arte contemporáneo en la academia, en galerías, en ferias de arte, entre marchantes y coleccionistas.

Pero, ¿de qué hablan estas personas? ¿Qué es el arte contemporáneo? La pregunta queda resonando. Alguna vez un fotógrafo del trabajo me preguntó si un fotógrafo que yo conocía hacía imágenes modernas o contemporáneas.

No supe qué decir. O tal vez le respondí “contemporáneas”, simplemente porque son de nuestra época. Eran y son actuales. Sin embargo, y durante todo el día pensé si en realidad sus fotografías eran contemporáneas, y cuáles eran sus características para entrar en esta clasificación.

Arte contemporáneo en el mundo

Después de caer ingenuamente en la premisa de saber qué significa contemporáneo, cómo si fuera un conocimiento con el que uno nace, decidí replantear mi respuesta, o, por lo menos averiguar si había respondido con cierta inteligencia a una pregunta al mismo tiempo sencilla como compleja.

Antes de ir a textos históricos y filosóficos, o de consultarle a galeristas o artistas, consulté la herramienta más al alcance de mi mano: Google (esto también lo hice debido a que en este punto ya surgían en mi dudas sobre mi propia ignorancia del tema). El Internet parecía tenerlo más claro que yo. En la mayoría de las entradas se señalaba que el arte contemporáneo era aquél iniciado en la década de los sesenta y setenta, hasta la actualidad.

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“¡Vaya!”, pensé. Ahora sí quedé más perdida. En mi cabeza entonces debía incluir en un mismo grupo a artistas como el maestro Fernando Botero, Enrique Grau y Eduardo Ramírez Villamizar, junto con otros del siglo XXI como Marco Mojica, Nicolás París o Rosario López. Y sin duda estos tres últimos, por lo menos, se ven más contemporáneos que los tres primeros.

Pero no sólo las décadas son las que constituyen el significado de arte contemporáneo. El mismo tiempo lo define, o, mejor dicho, lo va construyendo en tiempo real. Por ello es que se dificulta definirlo, clasificarlo, apreciarlo, e inclusive, entenderlo.

Nuestro tiempo corre cada vez más rápido…

La “contemporaneidad” histórica y social día a día se muestra más heterogénea. Las tecnologías de comunicación y las migraciones humanas borran límites idiosincráticos –o por lo menos los hacen menos visibles –.

Se tiene acceso a mayor información, los conflictos sociales y bélicos en el extranjero son tan cercanos como los propios; se habla de temas que otrora se consideraban tabú; la sexualidad se trata sin tapujos; la democracia, en la medida en que cada uno tiene una opinión, se hace visible en las redes sociales; la vida privada se hace cada vez más pública; las distancias se acortan y la sensación de la existencia de un “gran hermano” del que hablaba Orson Wells en 1984, se siente más real.

Todas estas confluencias, por así decirlo, forman intrincados pliegues en cada uno de nosotros, y por ende, en las manifestaciones artísticas, que son una expresión del ser humano.

De ahí la variedad de expresiones encontradas en el arte contemporáneo, que, y como lo había visto en Google, da sus primeros pasos en la década de los sesentas y setentas, durante el culmen de numerosas revoluciones que cambiaron no sólo los comportamientos sociales, también la manera en que el ser humano se comunicaba y expresaba con los demás: donde se dio inició a un nuevo orden.

¿Qué se puede hacer dentro del arte contemporáneo?

El arte por su parte se alimentó de estos hechos y también se cuestionó, de la mejor manera que lo puede hacer, estéticamente. Aunque muchos promulgaron el fin del arte, no fue del todo así. Tal vez murió el arte tal como lo conocimos en los libros de historia, en las clases de colegio y de la universidad, o como lo veíamos en las galerías de los grandes museos alrededor del mundo.

El arte como tal, en su esencia, en la capacidad que posee de enfrentar al espectador como espejo de él mismo, su memoria e historia, no murió. Siguió siendo arte. Pero en la llegada de un nuevo orden, debió replantearse su propia entidad.

Ya no eran suficientes las medidas de un lienzo o el espacio de una galería. Tampoco lo eran las herramientas clásicas para materializar el trabajo (por el contrario,  lo más elemental, como un lápiz y un papel, servían ahora para hablar de ideas complejas). Ya no es simplemente hacer arte por el arte, sino hacer uno que en esencia se pregunta por qué hacerlo.

Sin fórmulas para el arte contemporáneo

Se acabaron las fórmulas, cada artista – muchos de ellos ni siquiera lo son desde la academia porque se formaron en carreras como arquitectura, antropología, ingeniería, e, inclusive medicina –, inventa la suya  para expresarse. Nunca antes el arte se ha visto tan alquímico (en el sentido de laboratorio de experimentación) y quimérico (tanto que algunos rayan en lo inexplicable y el sinsentido para un ojo común).

Su forma de hablar, por otra lado, parte de lo individual para hacerse global, y en la medida que lo hace rompe las barreras, apropiándose de lo público (tantos de los espacios como de la opinión).
Por ello, no es de extrañar que en una subasta de arte, donde se especifica que es del tipo contemporáneo (como la de Conexión Colombia; la feria ArtBo o ¡Qué subasta!, realizada por la Fundación Santiago Corazón, en Medellín), se encuentre una selección de artistas con un amplio espectro temático y formal.

Exponentes del arte contemporáneo

Por ejemplo, hay obras de Adriana Marmorek, que investiga y explora los conceptos de intimidad desde el borroso límite entre lo público y lo privado; de Antonio Caro, conocido por realizar trabajos conceptuales en los que existe una crítica histórica del país, realizada a través de imágenes populares de la sociedad consumista. Otros artistas reinterpretan y se apropian de referentes artísticos, y las imágenes fotográficas cada vez más retan al espectador en sus “trampas visuales” que cuestionan la realidad, o supuesta realidad.

Sea como sea, estas manifestaciones de arte “contemporáneo”, tal y como me lo mencionó el docente, artista y crítico Lucas Ospina, son arte. “La verdad no creo en el término arte contemporáneo. Me gusta la palabra arte y ya”, dice. Comulgo con su pensamiento. Toda clasificación y categorización tiende a excluir y sesgar ideas y puntos de vista, algo diametralmente opuesto a la heterogeneidad y multiplicidad de voces que existen hoy en el mundo de la creación.

Además, ¿no fue el arte de vanguardia, el romántico, el clásico, incluso, el griego y el prehistórico, contemporáneo en su época?

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