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¿Qué cambió en Colombia después de la muerte de Rodrigo Lara Bonilla?

Un sentido homenaje a Lara Bonilla. recuerda la actual situación del país. ¿Estamos igual que hace 40 años? Archivo.

Foto: Archivo Diners

Un sentido homenaje a Lara Bonilla. recuerda la actual situación del país. ¿Estamos igual que hace 40 años? Archivo.

Ad portas de las elecciones, y una vencida Ley de Garantías, recordamos lo que sucedió en Colombia después de la muerte de Rodrigo Lara Bonilla el 30 de abril de 1984 con estas palabras de Ernesto Carlos Martelo, fundador de la Revista Diners, quien en su momento aseguró que el asesinato del político del Nuevo Liberalismo quitarían las vendas que tenían los colombianos.

El relato del cambio en Colombia

En el último día de abril pasado, y en la que parece la última hora de oscuridad de esta República, fue asesinado el ministro de Justicia, doctor Rodrigo Lara Bonilla. Casi que abrumadoramente los indicios apuntaron hacia el crimen organizado el gran culpable de esta imprevisible acción delictiva.

No pocos señalaron hacia nuestra alelada sociedad y su administración por haber dejado sumido en la fatal soledad a su joven Salomón.

Todos a una, en cambio, hemos sido sacudidos por la vileza del hecho y hemos despertado al borde mismo del despeñadero. Es así como afortunadamente Colombia ha reaccionado.

A buen momento el presidente Betancur lanzó una declaratoria de guerra contra el narcotráfico y ha corregido su posición de no conceder la extradición de los delincuentes por la cual luchó tanto, hasta en el mismo Consejo de Ministros, el sacrificado Lara Bonilla.

Ojalá que el primer magistrado proceda con igual energía para enfrentarse a las guerrillas, las cuales siguen asolando ya no solo los campos sino también las ciudades, valiéndose de la generosa amnistía para tratar de reemprender sus bandidescas andanzas.

Una batalla contra los traficantes de drogas

«Sentarnos a llorar sobre el cadáver de quien ofrendó su vida por una causa justa, sería la peor respuesta a su sacrificio.

Comencemos por rendir homenaje a quien conscientemente y en forma casi temeraria, conocedor del peligro que corría, libró una implacable batalla contra los traficantes de drogas.

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«Pero ha llegado el momento de las decisiones. El asesinato del Ministro no es solo un acto delictivo cuya ocurrencia se temía.

Es el producto de un clima que se ha venido creando con las consecuencias que hoy debemos lamentar. El execrable episodio del 30 de abril es el fruto de un espíritu malsano que se ha incubado en los últimos tiempos.

¿Un paro armado?

Durante el mes anterior, los buses quemados, la ofensiva de los alzados en armas, los secuestros, el grado de inseguridad y la muerte de Lara Bonilla forman un conjunto de hechos que golpean a la sociedad y que no deben considerarse casos aislados.

La ciudadanía da justas muestras de una indignación que no puede desaprovecharse y que debe llegar hasta el ánimo del señor Presidente, rector y jefe supremo de los destinos colombianos. No se puede insistir en ciertas actitudes y sí es urgente rectificar otras.

No se debe continuar en esa posición falsamente nacionalista y antiamericana de negar la extradición, solicitada por los Estados Unidos, de quienes están claramente convictos como jefes o «capos» de la mafia, vitalizada por el horrendo producto del narcotráfico y el contrabando.

Honestamente, cuántos se opusieron a la extradición -entre quienes no se contaba el ministro Lara- deben rectificar sus conceptos.

Los movió ese absurdo sentimiento de rechazo a todo lo que hacen los Estados Unidos, en la errónea creencia de que así se compromete nuestra soberanía. Quienes hemos opinado lo contrario, infortunadamente teníamos la razón.

Anhelamos la paz en Colombia

«Hablábamos del proceso delictivo que culminó con lo que podríamos llamar las jornadas de abril. La permanente y soslayada critica a las Fuerzas Armadas, únicas autorizadas por la ley para el porte de armas, forma parte del clima que denunciamos y que requiere actitudes enérgicas.

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No estamos contra la paz. La anhelamos con ansiedad casi desesperada. Pero no compartimos la manera como se ha venido dialogando con ciertos grupos guerrilleros. Ni la solapada simpatía que por los subversivos tienen algunos de los miembros de la Comisión de Paz. Se sabe que ellos son francamente enemigos del sistema, comentaristas de periódicos, radio y televisión, o militantes de otros sectores ideológicos indirectamente afectos a un cambio de nuestro régimen político.

Tampoco disculpamos al gobierno…

Los hechos anotados son factor muy importante en la actitud de los colombianos. Una actitud pasiva y casi conforme con la categoría social que se ha concedido a guerrilleros que llevan más de 30 años luchando contra las instituciones.

La amnistía fue excesiva. Tiene razón el expresidente Alberto Lleras al señalar el hecho de que los autores del primer magnicidio, los asesinos del exministro Pardo Buelvas. Ellos salieron en libertad para reincorporarse a la guerrilla mediante la aplicación de una amnistía ampliamente generosa pero incomprensiva de la realidad nacional.

«Se necesitó la muerte del ministro Lara Bonilla, la quema de más de 20 buses. El fruto de los odios subversivos que tantos muertos han causado en los últimos días, para que los colombianos comencemos a quitarnos la venda. El presidente Betancur va a encontrar en la opinión pública un apoyo masivo, pero igualmente un grupo de presión con eficacia indudable.

Es imperativo asumir actitudes nuevas en el resuelto propósito de conseguir la paz.

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Mayo
06 / 2022

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