Fernando Gaitán: “Un escritor debe nacer con un natural deleite por el chisme”

Lea esta entrevista que Fernando Gaitán le concedió a Revista Diners en la que habló del oficio de escribir novelas, su sello poético y los detalles más importantes de sus personajes.
 
Fernando Gaitán: “Un escritor debe nacer con un natural deleite por el chisme”
Foto: Carlos Duque Archivo: Diners /
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Fernando Gaitán

Fernando Gaitán es el escritor de la novela más popular del planeta. Nadie en 20 años y un poco más ha podido quitarle el título y es que el colombiano supo combinar en Betty La Fea cientos de idiosincrasias nacionales que en otros países adoptaron como propias.

Por eso en Diners, celebramos en que sería su cumpleaños 62, de no haber fallecido por un infarto el 29 de enero de 2019 en Bogotá, con esta entrevista realizada al autor en 2006, año en el que Gaitán era una estrella mundial con Betty, Hasta que la plata nos separe y el clásico Café con aroma de mujer:

¿De dónde viene la obsesión por esos personajes como Betty y Rafael Méndez que trabajan “pordebajeados” en un ambiente hostil al que finalmente se imponen?

Para mí los personajes principales son marginales, héroes anónimos sumidos en ambientes muy difíciles. Nunca nacen con la vida hecha. Lo que yo entiendo por protagonista es una criatura que lucha contra la adversidad social y contra un país que no brinda oportunidades.

Seres como Betty y Rafael Méndez están sometidos a las grandes presiones de la realidad.

¿Cuál es el origen real de la historia de Rafael Méndez y Hasta que la plata nos separe?

El origen real viene de algo que le pasó a Iván Beltrán, hace muchos años. Resulta que una noche de hace más de una década fue despachado por quinta vez por una novia a la que amaba. Entonces salió a la calle un tanto ebrio, furioso y malhumorado, y un carro casi lo atropella.

El cronista se peleó con el chofer del auto y terminó por romper el vidrio trasero. El tipo del carro se devolvió, lo hizo poner preso, le quitaron los documentos y lo obligaron a comprometerse a pagar el vidrio.

La policía le extravió los documentos y él llamó desde el día siguiente a su víctima para decirle que era su obligación ayudarle a conseguirlos o de lo contrario no podía pagarle. Terminaron aliados buscando los papeles y siendo fraternales amigos de tertulia y parranda.

Siempre me pareció que si eso ocurría entre un hombre y una mujer y con un accidente más dramático, sería el germen de una gran historia.

 
 
 
 
 
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¿Después de tres grandes telenovelas, tres grandes éxitos, para dónde se encamina Fernando Gaitán?

Una telenovela me deja exhausto porque a lo largo de 240 medias horas toca poner en juego muchos recursos, historias y subhistorias, líneas principales y líneas adyacentes.

Uno queda física, emocional y culturalmente agotado. Lo que viene es sinceramente un descanso. Aunque es posible que haga una película o una obra de teatro

¿Qué tanto trabaja con los recuerdos, la infancia, el colegio, la familia y las visiones de la memoria?

Lo único que hacemos los escritores es adquirir herramientas para contar recuerdos. Yo creo que una buena historia solamente se puede hacer cuando ya ha culminado, cuando, como dijo Borges: “el ímpetu de las emociones no puede cegarnos”.

Se diría que el método de trabajo de Fernando Gaitán es exhaustivo y lento frente al de otros libretistas que producen obras sin interrupción. ¿Cuál es el ideal?

El ideal sería escribir una obra con el tiempo que tiene un literato. Pero la televisión es, como el periodismo, arte hecho a la carrera, o mejor aún, cine hecho a la carrera.

Hay dos grupos humanos, tragicómicos y muy nuestros, que nutren la telenovela: los don nadie y los vendedores. ¿Cómo fue su aproximación a ellos?

Delia Fiallo dijo alguna vez algo que me parece muy respetable: que mientras la televisión norteamericana y europea se dedican a narrar las historias de grandes personajes, la telenovela se encarga de contar y trascender a los seres anónimos. Eso es, en el fondo, una telenovela.

¿Y los vendedores?

Las ventas son un fenómeno internacional, pero en Colombia y en Latinoamérica hay una constante aterradora: cerca de un ochenta por ciento de las personas no hacen lo que quieren, lo que aman o lo que estudiaron, sino lo que les toca. Y con mucha frecuencia les toca ser vendedores.

Nunca el vendedor se ha creado desde la infancia, nunca nace. Es un espacio en el que se cae, no al que se aspira. Uno se hace vendedor porque no consiguió puesto en su profesión, porque la empresa donde desarrollaba su talento quebró, porque le tocó salir a buscar cualquier cosa, y todos los colombianos hemos dicho alguna vez:

“Yo me pongo a hacer cualquier cosa, así sea vender empanadas”. Se trata del último estadio, la última oportunidad de la vida, así que los vendedores son muy estigmatizados.

En ese medio se pueden lograr grandes cosas y amasar fortunas. Es un gran oficio, pero para lograrlo hay que superar etapas emocionales dramáticas y difíciles.

¿Hay algo de Rafael Méndez en el tránsito personal de Fernando Gaitán?

Por supuesto. Yo no nací rico. Me tocó una vida muy difícil, me casé muy joven, según el Estado no tengo profesión, solo un bachillerato con el que me he defendido. Alguna vez también fui vendedor, laboré en revistas quebradas, conozco el ambiente empresarial, me quebré muchas veces y tuve que suplicar en las programadoras con mis libretos debajo del brazo…

Es decir, conozco la pobreza de arriba abajo.

¿Es posible ser escritor de telenovelas sin haber ejercido el bello oficio del voyeur?

Un escritor debe nacer con el sentido del voyeurismo aguzado y un natural deleite por el chisme. Es su obligación tener un ojo pérfido sobre la sociedad, las relaciones humanas y las convenciones domésticas.

Yo por ejemplo siempre fui el gran confidente de mis amigas, a las que escuchaba entre el asombro y la emoción, y solamente supe para qué me serviría eso cuando descubrí el oficio de escribir telenovelas.

El guiño poético parece ser uno de sus sellos distintivos. ¿Es consciente o aparece de manera espontánea?

Es completamente inconsciente, como todos los grandes frutos del arte. La poética falla cuando se fabrica. Todo debe escribirse con el corazón y con el estómago, como decía Cortázar. El gato que está adentro quiere salir.

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noviembre
9 / 2022