Belisario Betancur (Q.E.P.D.), un estadista con humor

El ex presidente colombiano, que gobernó entre 1982 y 1986, nació en Amagá, Antioquia, en 1923 y murió hoy en la Fundación Santa Fe de Bogotá a los 95 años de edad. Recordamos este texto a manera de tributo.   
 
Belisario Betancur (Q.E.P.D.), un estadista con humor
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POR: 
Fabio Lozano Simonelli

Publicado originalmente en la Revista Diners de Julio de 1982

La primera vez en que consideré bastante probable que Belisario Betancur llegara a la presidencia de la república fue cuando, al poco tiempo de fundado el Frente Nacional, en momentos de confusión política que hacían inevitable barajar nombres de posibles presidentes, presencié este diálogo: un joven le preguntó a uno de los principales jefes liberales si veía viable una candidatura de Betancur; y el jefe contestó: “Para eso sería bueno que cumpliera 25 años”. Se notaba más simpatía que ironía, y así me di cuenta de que ante Belisario se habían superado todas las prevenciones que subsistían entre otros políticos.

Ya había pasado Betancur la raya de los 25 años. Iba avanzado en los 30. Pero eso no obstaba para que le diera un tinte de juventud a la política. Era ya un personaje con mucha resonancia, que parecía hecho a la medida del Frente Nacional. Se podía, con indicios de certeza, augurarle un ascenso estelar.

Poco lo traté en aquella época. Mi amistad con él viene de después, en la formación de Ediciones Tercer Mundo.

B.B. había emprendido esa faena con el psiquiatra José Gutiérrez y el librero Luis Carlos Ibáñez: tres hombres de cultura, excelentes amigos, muy aptos para trabajar en la promoción del libro colombiano. No sé todavía por qué me llamaron a ser su socio si ni siquiera nos conocíamos bien. Lo sucedido desde aquellos días de 1963 en Tercer Mundo ha sido muy grato. Comenzamos Belisario y yo a hablar extensamente sobre una multitud de temas. Íbamos a veces, además, a donde el maestro Rendón, en Chapinero, y allá nuestro hoy presidente electo rasgaba emocionado el tiple y cantaba “Cuatro preguntas” y “Señora María Rosa”. Creo que su repertorio no era mucho mayor, pero él gozaba oyendo el de los demás. Además de su bien conocida labor política, de su controvertido Ministerio del Trabajo en la administración Valencia, publicó el bello libro “El viajero sobre la tierra”.

Nunca he votado por él, pero siempre he considerado poco razonable el argumento de que fuera malo para él ser un “candidato permanente”. Así es como se hacen las carreras políticas en todos los continentes. Y no, en cambio, pensando que una chanza puede ser útil para imponerse sobre un adversario perseverante. No hay que pensar en que todas las jugadas, incluyendo las combinaciones más hábiles, van a llevar al gol. Belisario en su cuarta salida después de las de 1962, 1970 y 1978 logró su gol, ¡y de qué manera! Sin necesidad de adular al presidente electo, hay que decir que se nota un creciente afecto por él en las personas de más variados orígenes, ideologías e intereses. Dicho afecto es correspondencia a la actitud de Betancur, en que no hay nada de artificioso: se trata del antioqueño raizal, del hombre de hogar lleno de cariño, del amigo leal, del caballero intachable. Y la de una persona a quien le gusta la vida, lo cual no es común hoy en día. Para Betancur la vida es interesante, amable, digna de ser vivida, ya sea cuando recuerda sus orígenes de niño pobre campesino, ya cuando goza de libros, cuadros, canciones. Aquí viene una pregunta en la cual se justificaría pensar y discutir más: ¿es el gusto por la vida una buena condición para el gobierno de los pueblos? Pienso que sí. Y fuera del gusto por la vida, Betancur tiene una sensibilidad artística “a flor de piel”. Pero a mi parecer lo que más lo ayudará para ejercer el mando es el sentido del humor; el buen humor. Su plato fuerte en estas materias es un poema bucólico en que se describe a una aurora majestuosa, que resulta siendo doña Aurora González de García. Hace pocos meses, en un agasajo que le hizo al gran escritor Miguel Otero Silva, hubo un despliegue sensacional de comentarios graciosos. Las correrías políticas con Belisario son muy amenas y tonificantes, de lo cual disfruté en la única en que hemos participado juntos, la campaña presidencial del doctor Carlos Lleras Restrepo. Circuló aquella vez profusamente una hoja anónima en que se llamaba “El Lenin de Amagá” a Betancur, quien fue el que más se rió con la ocurrencia. En casi todos los municipios, pasados los discursos y demás actos convencionales, estaba dispuesto a promover una serenata.

El nuevo presidente de Colombia no sólo vale por sus actuaciones serias como político. Tanto como éstas cuentan, por lo menos, las condiciones humanas exhibidas en la vida cotidiana, frente a la cultura, en el trabajo y, sobre todo, en su ambiente familiar y amistoso. Ha demostrado valor civil, cuando ha sido necesario, y madurez en el tratamiento de los problemas colombianos, sin que ello sea incompatible con su talante risueño y generoso, al cual se le debe, en buena parte, su triunfo electoral.

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diciembre
7 / 2018