El nylon no tiene quien le escriba

A pesar de estar presente en el 99% de la vida cotidiana, es un material olvidado. O al menos así lo dice Daniel Samper Pizano en este conmovedor reportaje. Archivo.
 
El nylon no tiene quien le escriba
Foto: Archivo Diners
POR: 
Daniel Samper Pizano

De acuerdo. Es Posible que algunos no lo consideren muy poético: “Entramos en la habitación en penumbra donde tantas veces habíamos recreado el amor. Ella Empezó a desnudarse lentamente. Vuelto de espaldas, yo alcanzaba a ver tan sólo su oscuro reflejo en la ventana. Pero escuchaba como una música suave el murmullo que hacían, al liberar su cuerpo, sus prendas de polihexametileno adipamídico”.

Este párrafo, al que le encuentro suficiente mérito como para incorporarse a cualquier novela de amor, podrá no ser muy poético, como digo. Pero al menos haría justicia a un material que desde hace medio siglo acompaña el tacto, la vista y el oído de los enamorados. Un material coqueto y alcahueta, un discreto confidente de intimidades, un profeta inmediato de delicias que, sin embargo, no ha tenido el poeta que lo cante: el nylon.

El nylon es el seudónimo social del polihexametileno adipamídico. Este horrible segundo nombre explica el primero, como el seudónimo de Pablo Neruda queda explicado por el hecho de que su verdadera gracia fuera Neftalí. Nadie que se llame Neftalí puede triunfar en la vida, piensa uno. Tampoco un material que se llame polihexametileno adipamídico tiene derecho a intermediar en el amor. Por eso resulta soberbia injusticia que ni siquiera el cambio de su denominación le haya permitido al nylon encontrar cabida en la literatura erótica. Al nylon le ocurre un poco lo que al camarero del papa: ¡tan bien situado que está y tan pocos homenajes como se le rinden!

“¡Se me fue la media!”

Y, sin embargo, qué habríamos hecho sin él quienes en los últimos años hemos intentado cumplir con la receta bíblica del “amaos los unos a los otros”…El nylon ha sido el Gran Confeccionista de prendas íntimas (permitidme que no ensaye aquí una lista de ellas, pues dijo también la Biblia que la carne es débil). Sobre todo, el nylon ha sido el Gran Hacedor de las medias femeninas. Tanto si las medias se van como si se quedan, se lo debemos al nylon.

¡Qué elasticidad la suya para tornear metatarsos, tobillos, pantorrillas y muslos! ¡Qué admirable su resistencia ante los peligros que acechan por debajo del metro con cincuenta! Pero también ¡qué deliciosa su carrera cuando le da por irse! Pocas frases más excitantes para un caballero que aquella de “¡se me fue la media!” con que la dama afanada ve abrirse un diminuto canal en el terso tramado de la prenda.

Es el momento de rodar solícito a los pies de la víctima y colocar un dedo firme y prometedor en el extremo superior del punto, para impedir así que se siga marchando la media. A ese primer auxilio masculino suele suceder el remedio transitorio que la dama aplique, solución que estará aconsejada por su propio temperamento. La dama tímida y ruborosa se limitará a oponer una gota de saliva al huracanado avance del punto rebelde; la dama práctica extraerá de su cartera el pintauñas y le fijará una frontera de esmalte al accidente; la dama de armas tomar se despojará, ojalá allí mismo, de las medias-pantalón y las arrojará a la basura para mostrar que no ha nacido el nylon que se burle de ella.

Todas estas maravillas se las debemos al polihexametileno adipamídico. Pero no se las hemos agradecido como corresponde. La poesía ha ignorado el nylon desde cuando nació hace diez lustros. No se crea que ha sido así con los demás textiles. Por el contrario, lo más parecido que uno pueda concebir a un catálogo de materiales de confección es la poesía. Sin necesidad de salirnos del escenario patrio, ya que el dólar está tan caro aquí y tan barato en el resto del mundo, repasemos algunos de los productos que han inspirado a nuestros poetas nacionales.

Guía para sastres poetas o viceversa

Muchísimos de nuestros bardos le han hecho propaganda a la seda: Tu cuerpo de veinte años entre la roja seda (J.A. Silva)… en el violado camarín, la seda (L. De Greiff)… El fru fru de la seda libertada (Ciro Mendía)… La manzana otra vez. La sed. La seda. (E. Carranza)… ceñido, de una banda de seda tricolor (´Tuerto´ López)… Ni seda se ha tejido por mágica hilandera (C. López Narváez)… El palo de los paraguas Sopla sus globos de seda (L. Vidales).
Otros han abundado en cuñas al raso: Fastuoso sobre el raso de tu seno (A. Ángel Montoya)… Esta noche de raso me he enfermado de luna (Laura Victoria)… Entre un cofre de albo raso (C. Hispano).

La felpa disfruta de buena prensa: Fue tan tibia la felpa de las sombras (L. Victoria)… Dignos de que en su felpa desnuda te deslices (C. López Narváez)… La sombra, cuando camina al borde de las felpas (F. Arbeláez)… La felpa oscura de tus manos (H. Rojas Herazo).

El terciopelo ha tenido publicistas hábiles: De terciopelos negros y de lascivia en llamas (L. De Greiff)… En el diván tendido, de rojo terciopelo (G.Valencia)… De la ortiga al granizo, del granizo al terciopelo (A. Mutis).

No le han faltado cantores a las gasas: Torbellinos de tules y gasas (J.A. Silva)… En argentinas gasas se despliega (D. Fallon). Ni a los ya mencionados tules: Ni tul, ni encaje dignos de velar el destello de tus brazos (C. López Narváez).

Ha habido piropos a paños finos, como la grana: Amplia túnica de grana dibujaba las esferas de su seno (G. Valencia). También a otros paños: Ciñendo rica sotana de paño (´Tuerto López). El olán ha tenido su cantor, que incorporó en la cuña otros materiales: Con colchón de blanda pluma, mucha seda y mucho olán (R. Pombo).

Incluso materiales extraños, perratas o difíciles de conseguir han encontrado entre nosotros vate de cabecera: valencia cantó al forro vestía traje suelto de recamado Viso; El ‘Tuerto’ López al Gorro Tu sombrero de mimbre; Mario Rivero a la misma Prenda Un Sombrero de fieltro negro; nuevos sombreros en los versos de Héctor Rojas Herazo en el sombrero de petate de un maestrico de escuela; uno más que canta al sombrero es Eduardo Escobar con el sombrero de corcho para fotografía; Escobar también canta a la sábana entre sábanas de lino canta canciones; y Jorge Rojas a la sobresábana Dormida, así desnuda, no es estuviera más pura bajo el lino; para no quedarse atrás, Arbeláez se inspira en las cobijas Las mantas de pieles que tienen olores penetrantes; Rivero canta al traje de algodón hecho de buen hilo y tejido sin ningún cuidado; y cobo Borda a la carteras de paja. Viso, mimbre, fieltro, petate, corcho, lino, pieles, hilo y paja. Pero ninguna mención al nylon.

Pasen ustedes a la alcoba

Podría argumentarse que ni el más atrevido modisto imaginaria gorros o sombreros de nylon. Acepto. Pero son muchas las escenas de alcoba que desfilan por nuestra poesía, y en ninguna de ellas se menciona el nylon.

Otra vez podría argumentarse que queda muy difícil pedir a Silva, Fallon, Pombo o lsaacs referirse a un material que fue inventado cuando ya todos ellos estaban muertos. Acepto. Pero esta excusa no sirve a los poetas cuya obra data del último medio siglo y que gozaron o aún gozan las íntimas delicias del nylon, pero no se atreven a rendirle la pleitesía debida.

Quiero citar, más que todo, a dos poetas nadaístas de los cuales podrían esperarse menciones que románticos o piedracielistas habrían considerado impropias.

Mario Rivero y X-504 aluden con frecuencia a prendas íntimas. Sus poemas están salpicados de sostenes su brasier, sus pantalones tirados sobre la cama: Rivero, de ligueros Vistiendo un liguero negro: Rivero, de cucos Calzoncitos, prendas íntimas: X-504 e incluso de muchachas que se ahorraban la ropa interior.

Sin abrigo se veía todavía más delgada/ pues no se ponía nada debajo: Rivero. Ni una sola vez, empero, tienen ellos la cortesía de informar que esos sostenes, esos ligueros, esas medias que los ligueros templaban y esos cucos que coronaban las medias eran de nylon.

Si hubiesen sido de seda, naturalmente, lo habrían gritado a todos los vientos. Aún de mimbre. Solo que el mimbre no resulta aconsejable para esta clase de prensas: es ventilado, pero rasguña.

A Ismael Enrique Arciniegas, que se solazó no sin fetichismo con una faja de la amada En su rojo sillón… se veía un corsé de blanco raso, lo salvó la campana. Arciniegas murió cuando el nylon apenas empezaba a conocerse –enero de 1938- y eso lo excusa de que el curioso anhelo que manifiesta en el poema quién fuera su corsé de blanco raso se concretara en una prenda de nylon.

Tenemos, pues, que el polihexametileno adipamídico no ha contado con divulgación poética. Los ingratos bardos lo gozan bien en las más sabrosas horas, pero sin otorgarle derechos de autor. Por eso se me antoja que este mes, cuando cumple su patente cincuenta años, es el momento apropiado para rendirle tributo. Justo es que se conozca al menos su biografía.

Caprolactama o hexametileno: that’s the question

Nació el nylon a comienzos de 1937 en los laboratorios de la empresa DuPont en Wilmington (Estados Unidos). Fueron sus padres los distinguidos científicos C.M.A. Stine y Wallace H. Carthers, quienes venían trabajando desde algunos años atrás en la producción de una fibra no celulósica para textiles.

Abuelo del nylon fue el rayón (inventado en 1924 a partir de la celulosa) y bisabuela, la fibra de acetato (1869). Aunque es pariente cercano de los poliésteres, el nylon pertenece a otra familia que intercambio argollas con las diaminas. Lograda la unión con las diaminas, sólo faltaba vincular el ácido adípico al hogar.

Cuando lo lograron, los científicos se dieron cuenta de que el recién nacido podría convertirse en Caprolactama, pero para ello era menester, ni más ni menos, que trocar el hexametileno en polihexametileno. Fue una decisión difícil que tomó varios días de discusión en el laboratorio.

Finalmente, con coraje que es preciso reconocer, los doctores dieron el paso y polihexametilenizaron al hexametileno. No quiero entrar en detalles sobre la atmósfera que rodeó la decisión ni las horas de agonía que antecedieron al trascendental cambio. Me parece que se trata de un asunto privado de familia y que las familias merecen respeto, aunque se deriven del petróleo, como esta.

Desde su nacimiento fue notorio el parecido del nylon con sus parientes plásticos. La inclusión de su retrato en el libro químico de partidas de nacimiento permitió observar ya estos graciosos rasgos que lo han hecho famoso en todos los laboratorios de polímeros y que el lector podrá apreciar por sí mismo en la foto del nylon estructural que acompaña este artículo.

¡Es una molécula encantadora! Allí se notan ya esos hermosos radicales de hidrocarburo heredados de sus antepasados ​​fósiles y algunos átomos coquetos de nitrógeno que realzan su belleza.

Además de admirar su constitución química, los inventores del producto notaron con felicidad su resistencia, facilidad de lavado, elasticidad y permanencia de formas.

Pero también se dieron cuenta de que era preciso rebautizarlo. La búsqueda y hallazgo del nuevo nombre fue complicada. Primero lo llamaron Polímero 66; Después Fibra 66. Ensayaron luego con “Norun”, palabra que voltearon hasta llegar a “Nuron”. Al final se transaron por el nombre con que lo conocemos hoy.

Debutó el nylon en sociedad el 27 de octubre de 1938, cuando fue presentado a la prensa. Y el 15 de mayo de 1940 apareció en público como elemento para la fabricación de medias. Como cualquier Alain Delon, tuvo gran éxito con las señoras en las ferias de Nueva York y San Francisco, celebradas ese mismo año.

Desde entonces el nylon acompaña los suspiros ansiosos, las miradas hipnotizadas, los roces sugestivos, los arañazos efervescentes y los manotazos frenéticos de los enamorados.

Pero aún no tiene un poeta que le escriba.

         

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noviembre
12 / 2018