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Un mundo sin drogas es una utopía, según César Gaviria

Tras el evidente fracaso de la lucha contra las drogas, el expresidente de Colombia le apuesta a un futuro en el que se aborde con franqueza la despenalización del consumo y se concentren más esfuerzos en reducirlo.

Foto: Wesley Gibbs on Unsplash

Tras el evidente fracaso de la lucha contra las drogas, el expresidente de Colombia le apuesta a un futuro en el que se aborde con franqueza la despenalización del consumo y se concentren más esfuerzos en reducirlo.

El artículo Un mundo sin drogas es una utopía, según César Gaviria fue publicado originalmente en Revista Diners de septiembre de 2013

Colombia, a lo largo de tres décadas, ha enfrentado el flagelo de las drogas de la mano de las políticas prohibicionistas impulsadas por Estados Unidos, que en general parten de la guerra que les declaró el presidente Nixon hace cuarenta años. Ningún país ha pagado un costo más alto, que Colombia en términos de vidas de dirigentes políticos, jueces, policías, soldados, periodistas y decenas de miles de ciudadanos inocentes.

Contra la producción y el tráfico, Colombia es de lejos el país más exitoso. Sus logros son el fruto de un esfuerzo de varias décadas, no solo con convenientes políticas de presencia de fuerza pública y mejoras en la inteligencia y el transporte, sino también en el sistema penal, que hoy eluden felices los narcos para negociar con la justicia norteamericana.

Drogas para el mundo

Nuestro país ha incurrido en un inconmensurable costo económico por cuenta de esta lucha. Aun en el período del Plan Colombia, nueve de cada diez dólares han sido aportados por el Estado colombiano, según la Oficina de Presupuesto del Congreso de ese país. En el período todavía no concluido del narcoterrorismo, tenemos estadísticas de muertes que de lejos superan las cifras del fatídico 11 de septiembre y todos los atentados terroristas cometidos en el mundo desde entonces.

Colombia ha logrado reducir las siembras y con ello ha debilitado los carteles de las drogas. Pero no hay que distorsionar los resultados. El reciente informe de la OEA sobre este tema, reconoce que según el gobierno estadounidense, el 95 % de la cocaína decomisada en Estados Unidos proviene de Colombia. Los éxitos son, entonces, en destrucción de cultivos, no en el flujo de drogas a través de nuestro país.

Ha llegado el momento de evaluar los resultados de esa estrategia que tan pocos logros tiene; pero esa evaluación no es suficiente en términos de los esfuerzos de interdicción, capturas, decomiso de drogas, persecución de los carteles, muertos y presos en las cárceles. Nada se ha logrado en la reducción del consumo en Estados Unidos, de lejos el principal mercado. Por el contrario, se ha disparado el consumo de metanfetaminas y hoy existen más adictos a estas que a la propia cocaína. Allí el gobierno acaba de abandonar oficialmente la expresión “guerra contra las drogas”, porque no permite diseñar políticas eficaces, y ya reconoció que controlar el problema por reducción de la oferta no funciona. La única política viable es reducir el consumo.

¿El problema es del país productor o del país comprador?

Afortunadamente, en los últimos tres años ha habido varios cambios fundamentales en las políticas contra las drogas. El más relevante es que se rompió el tabú. En muchos sitios se puede discutir sobre el tema sin generar sospechas ni recibir descalificaciones sistemáticas y contundentes. Lo segundo es el resquebrajamiento total del prohibicionismo como política y el abandono de la guerra contra las drogas como una acción aceptable o eficaz. Ya están revaluadas las convicciones de que el flujo de las drogas hacia Estados Unidos y Europa es algo que se puede resolver en los países de origen o productores, y de que el problema del consumo de drogas se supera metiendo a los consumidores a la cárcel.

Desde hace décadas, la gran mayoría de los países europeos, todos menos Suecia, considera el consumo de drogas un tema de salud y no de política criminal. Eso no ha significado mayor consumo, está muy por debajo de los niveles de Estados Unidos, y ha representado menor corrupción, menos violencia y menor uso de recursos públicos. No son políticas «perfectas», pero se han adoptado porque se considera que son las que «menos daño» le hacen a la sociedad.

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Los europeos han hecho más investigación y hoy saben mucho más de tratamientos. En algunos países permiten que la persona adicta que tenga una vida productiva, si no representa un peligro para la sociedad, pueda seguirla con el apoyo del Estado. El caso más reciente es Portugal, que despenalizó todas las drogas, y hoy cualquier ciudadano puede dirigirse al sistema de salud y pedir ayuda para afrontar su adicción, considerada una enfermedad y no un crimen. Los europeos también están dedicados a disminuir el mercado negro o negocio criminal con sus políticas, no simplemente a tratar de reducir el consumo.

Las drogas, casi tan natural como respirar

No se sabe de ninguna sanción o reacción de las autoridades de las Naciones Unidas en Viena por estas políticas. Lo que han hecho los europeos es desconfiar de la utopía, idea ilusa o tonta con la que nos traen desde 1961, con reiteraciones cada década, de que vamos a vivir en un mundo sin drogas.

Tal utopía no resiste análisis. Ha ocurrido lo contrario. Acudir a drogas, estimulantes o calmantes, es casi de la naturaleza humana y ha sido así por milenios.

El consumo de toda droga como heroína, cocaína, marihuana, alcohol o tabaco es dañino para el organismo, y se requieren control y regulaciones. La despenalización o descriminalización son solo parte de una solución que significa no dejar a los adictos y consumidores en manos de organizaciones criminales.

Es infortunado que se hable tanto de legalización, sin explicar qué se quiere decir. Se trata de una expresión facilista y libertaria que puede interpretarse como que las drogas no hacen daño, no requieren controles o que la gente tiene derecho a hacerle daño a su salud. Y ese planteamiento no tiene ningún futuro político porque genera toda clase de fantasmas y temores. Es una política tan equivocada, radical, simplista y atractiva como el prohibicionismo, basadas ambas en principios ideológicos y fundamentalismos, y no en investigación, ciencia y experiencias bien documentadas.

Buscar excusas en los principios morales

Enfrentar tales hábitos es una responsabilidad de políticas públicas y de toda la sociedad, incluyendo la comunidad médica, los maestros, los padres de familia y las autoridades civiles, para mostrar sus peligros, proteger a los más vulnerables y ayudar a los adictos. Hay que hacer más investigación y buscar experiencias exitosas en lugar de invocar principios morales o religiosos para derivar consecuencias criminales.

Los esfuerzos gigantescos, costosos y desproporcionados que ha hecho Colombia solo han conducido a desplazar los cultivos de vuelta a Perú y Bolivia. Colombia debe combatir los carteles y sobre eso no debemos tener dudas. Lo que resulta importante establecer es que por esta vía el problema solo se aplaza o se desplaza, nunca se resuelve. A México y a Centroamérica les esperan décadas de violencia y de bandas criminales.

Adicciones y reacciones

El enfoque de la lucha contra las drogas en Estados Unidos debe cambiar. Se gastan sin éxito 40.000 millones de dólares al año, hay más de medio millón de personas en la cárcel, y se ha triplicado la población carcelaria (cada preso le cuesta al Estado 450.000 dólares al año).

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El 60 % de los presos fuma marihuana y solo el 30 % de los adictos en las cárceles recibe tratamiento. Estados Unidos tiene los consumos per cápita más altos del mundo y hace muchos esfuerzos en la lucha contra las drogas, pero con una política equivocada: gasta demasiado en lo que no funciona y muy poco en lo eficaz. No es sino ver la progresiva y masiva legalización de la marihuana por fatiga y cansancio de los ciudadanos con una política sin resultados.

El consumo interno empieza a ser un problema preocupante. Es hora de que las autoridades pongan en marcha políticas de salud, al menos con las pandillas criminales de los barrios. Mucha de la violencia urbana tiene que ver con consumo local y nada hacemos para evitarlo. Es necesario actuar con inteligencia y no amparados en un statu quo violento que desborda a las autoridades y no se resuelve con monserga política contra la policía o el ejército.

Control médico y estatal

Ya una comisión integrada por el gobierno, de la cual hice parte, llamó la atención sobre esa aproximación al problema. Esos programas deben tener control médico. No creo que se deba empezar vendiendo drogas duras en expendios. Se trata de establecer unos sitios a los cuales los adictos puedan ir tranquilamente en busca de tratamiento. Y si es necesario, que les suministren droga mientras este avanza. A los jóvenes y microtraficantes hay que sacarlos de las garras de los carteles de drogas

Es hora de que Colombia y México presionen el debate en la sociedad norteamericana. Hoy, nadie del gobierno, los partidos o la sociedad discute estos temas, para no ser tildados de carentes de valores o suaves contra el crimen. Nadie opina sobre la legalización de la marihuana para uso recreativo. Los ciudadanos están tomando las decisiones y la clase dirigente se niega a discutir las políticas. Infortunadamente muchos de nuestros inmensos costos solo sirven para que ellos callen y no sufran las incomodidades de un debate necesario y urgente.

Los europeos ya optaron por desconfiar de la utopía, idea ilusa o tonta con la que nos traen desde 1961, con reiteraciones cada década, de que vamos a vivir en un mundo sin drogas. La despenalización o descriminalización son solo parte de una solución que significa no dejar a los adictos y consumidores en manos de organizaciones criminales.

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Marzo
31 / 2021
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