Lo que callan los representantes de las estrellas

En exclusiva para Revista Diners, el famoso exrepresentante de Juanes cuenta cómo espanta a los papás que pretenden que convierta a sus niños en estrellas entre otros líos que debe resolver.
 
Lo que callan los representantes de las estrellas
Foto: Friends, 1995
POR: 
Fernán Martínez Mahecha

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 438 septiembre 2006

Lo peor de mi trabajo como mánager es tener que soportar a los papás de los fans que quieren conocer a mis clientes. Son intensos. Persistentes. Incansables. Desubicados. Imprudentes. Implacables. Lagartos. Insolentes. Inmamables. Que si mi hija sabe que estuve con usted y no le llevó un autógrafo me matan en la casa, que qué le cuesta tomarse una fotico con mi hijo si ellos son los que compran sus discos, que por qué no los recibe en el camerino aunque sea por lo menos cinco minuticos, que el niño está enfermo y en la cama solo oye música suya.

Se vuelven una pesadilla, creen que con su investidura de padres y usando a sus pequeñajos como gancho, el artista tiene que acceder a sus demandas sin importarles que el personaje está cansado, comiendo, ensayando o sencillamente que hasta los mismísimos de tomarse fotos o de atender niños cansones.

Estos padres se convierten en una plaga que no desaparece ni con el más poderoso insecticida y usan todo tipo de influencias y artimañas para burlar el sistema inmune del artista.

Utilizan desde la súplica rastrera con cara de limosneros hasta la arrogancia de los ricos o poderosos que tienen conexiones para lograr colarse en camerinos, ensayos, hoteles o hasta la misma casa de los pobres artistas que tienen que poner cara de contentos y pacientes mientras la camarita digital o los insoportables teléfonos con cámara se demoran esos tres eternos segundos calculando la luz y el foco hasta que disparan cuando ya todo el mundo tiene agotados los 130 músculos risorios y han comenzado a actuar los 140 músculos del cabreo.

Esos padres son una pesadilla, una vergüenza que a veces me hace explotar hasta el punto de querer estampillarlos en la pared o entregárselos a los de seguridad para que los torturen en un baño del coliseo y los desaparezcan del planeta haciendo lucir como si todo fuera un accidente.

Yo soy uno de esos padres. Si, debo confesarlo y creo que he superado al más mamón de los que he tenido que lidiar en los treinta años que llevo en este negocio. Mucho peor que la japonesa aquella que se arruinó persiguiendo a Julio Iglesias por todo el mundo con su hija.

Peor que los papás de una niña mexicana muy rica que vivía en California y tenía una extraña devoción por Enrique Iglesias. No soy nada comparado con esa chica de las Islas Canarias cuyos padres la llevan a todos los conciertos de Juanes que estén a mil millas a la redonda, con las más altas técnicas de espionaje para colarse en camerinos y sentarse en primera fila en todos los conciertos.

Todos ellos son unas papas fritas comparados con lo que yo hago para que mis hijitas Isabella y Antonella vean a los seis chicos de Rebelde a quienes en los últimos cinco meses he escuchado en mi casa y en el auto, diez veces más de lo que oído en toda mi vida a todos los artistas que he representado.

Y soy peor que ellos porque soy profesional. Toda mi experiencia adquirida sólo me ha servido para aprender a llegarles a los Rebelde lo más cerca posible. La semana pasada las llevé hasta Puerto Rico para ver el concierto de Rebelde.

Nunca había mandado tantos e-mails o hecho tantas llamadas para un proyecto como este operativo para que mis Isabella y Antonella conocieran a Dulce, Anaís, Mayte, Miguel, Cristian y Poncho, los mexicanitos que han revolucionado a los jóvenes del mundo con sus melodías fáciles y pegajosas que van directamente al alma y el corazón de los adolescentes.

Comencé atacando a Diana Rodríguez, vicepresidente de Marketing Internacional para el Mercado Latino de Emi Music con sede en Miami, para que me diera la agenda de Rebelde y escoger el mejor lugar para caerles.

Ahí tuve la complicidad de Manuel Riveira, el fogoso mánager de Carlos Vives. Dianita (antes le decía Diana) inició la operación, después envolví a Pedro Damián, el genio de Televisa que se inventó la novela y el grupo a quien conozco desde hace años y además soy cómplice indirecto en el embarazo de mellizos a la mejor amiga de su hija quien ahora es la mejor amiga de la esposa de su padre y tía de los hijos de su compañera de colegio, después trabajé a Carolina Palomo, vicepresidente de Marketing de Televisa en el proyecto Rebelde con quien trabajé cuando ella era label manager de Fonovisa en la época de Enrique Iglesias, como si fuera poco me aseguré con Petro el director de promociones de Emi USA para que me pusiera a alguien local en Puerto Rico en caso de que mis conexiones internacionales fallaran, cada e-mail de estos iba con copia a Isabela quien con menos de siete años maneja la computadora mucho mejor que yo, quien a su vez le leía de Antonella de cuatro años, que tiene el pelo pintado de rojo como Dulce y ya sabe entrar a Google, download música y videos con sólo distinguir tres teclas del alfabeto, RBD.

Conociendo los compromisos de la compañía disquera, recurre además a mi vieja amistad con el promotor de conciertos Ignacio Rodríguez quien era el mánager de Marco Antonio Solís en mi época de productor de Univisión y ahora se está haciendo rico con la empresa Roptus que compró ochenta conciertos de Rebelde incluido el de Puerto Rico donde iba a ser el encuentro RBD/Isabella/Antonella.

También estaban notificados en el operativo Lydya Bulla la jefe de Prensa y Relaciones de Rotpus y de Luisillo de Televisa quien como su nombre no lo indica es un gigante que trabaja como Road Manager de Rebelde.

No satisfecho con los operativos de todo este personal también hablé con el gerente del nuevo Coliseo de Puerto Rico para asegurar las buenas sillas y con Angelo Medina el ex mánager de Ricky Martin y manipulador de la industria del entretenimiento en la isla del encanto.

Antonella, quien es más fan que Isabella, acababa de salir de una hepatitis que nos tuvo corriendo bases y angustiados durante quince semanas, no hacía más que contar los días y las horas para ver a Rebelde, no sé si ella sabe lo que hace su papá, pero ella cree que yo soy el mánager de todos los artistas del mundo y me llama a cada rato para decirme que llame a los Rebeldes y les diga que vengan a sus cumpleaños o que se queden en la casa jugando con Ela, la perrita brincona que las entretiene.

Llegamos a Puerto Rico con dos días de anticipación con copias de los e-mails y todos los teléfonos necesarios, nadie falló en el operativo, en el lobby del hotel saliendo para el concierto me encontré a Carlos Vives con dos niñas, una su hijita de diez años y la otra su sobrina de once, Carlos estaba en la mismas que yo, era otro de esos insoportables padres que llevan a sus hijos a ver a los artistas, era otro padre de fan más, con la diferencia de que entraba por la puerta de artistas.

Juntos llegamos a los camerinos, no creo que haya habido un comité de recepción más grande en el Coliseo de Puerto Rico, en pasillos nos estaban esperando todos nuestros cómplices, en la garita de seguridad estaban nuestros nombres, en los walkies anunciaban nuestra llegada y Antonella e Isabella, vestidas de Rebelde con merchandising cuya autenticidad la tengo en duda porque en el Centro Comercial Plaza de las Américas todo estaba agotado por los dos conciertos totalmente vendidos y nos tocó ir con mi esposa y las niñas hasta una tienducha en Guaynabo donde no creo que paguen regalías por la botas, camisetas, sombreros y correas de Rebelde que compramos a precios muy baratos.

Diez minutos después fue el encuentro. En la playa y en el cuarto del hotel, Isabella y Antonella habían preparado, con mi asesoría, lo que les iban a decir a los chicos de Rebelde cuando los saludaran.

Al fin vino Lyda y nos llevó al camerino, una suite muy grande y muy nueva que no tiene que envidiar nada a los mejores escenarios del mundo, en el fondo estaban Dulce, Anaís, Mayte, Miguel, Poncho y Cristian a quienes les debieron advertir desde todos los estamentos de nuestra visita, las chicas con minifaldas más anchas que los cinturones de los chicos y ellos con camisetas apretadas para marcar músculos se levantaron de la mesa a saludar muy obedientes y sonrientes a sus fans, a Isabella y Antonella les comenzaron a sudar sus manitas entre las mías y entonces mi Antonella explotó en llanto, se clavó en los hombros de Paola y no volteó a ver a los Rebeldes mientras gritaba y gritaba más que lloraba como si hubiera visto lo más terrible de su vida.

Dulce le ofrecía chocolates, Poncho agüita, Mayte le sobaba el pelo y yo con la cámara esperando documentar el encuentro, fueron los quince minutos más angustiosos de su vida y los RBD no sabían qué hacer para apagar su llanto que sólo terminó cuando la sacamos del camerino y la llevamos hasta la primera fila donde Dulce la miró y la señaló varias veces durante el concierto.

La escena de ella llorando y los RBD tratando de consolarla la tengo filmada, algo me quedó de mis años de productor de televisión. Ahora Antonella se mantiene viendo en la computadora esa grabación que dura once minutos y 37 segundos y 227 cc de sudor y lágrimas.

Ya estoy hablando con Dianita, Nacho, Carola, Luisillo y Lyda para cuadrar otro encuentro en los conciertos de Panamá y Colombia y para una visita que va a hacer Rebelde a Miami a grabar un programa de televisión.

No voy a llorar papi, me dice Antonella mientras se quita los mechones de pelo rojo de su carita y sigue bailando con sus botas, falda y correa absolutamente chiviadas y cantando, y soy Rebelde cuando no sigo a los demás y soy rebelde cuando te quiero hasta rabiar, y soy rebelde cuando no pienso igual que ayer y soy rebelde cuando me juego hasta la piel y soy rebelde es que quizá nadie me conoce bien…

         

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octubre
4 / 2018