‘Si algo puede ir mal, irá mal’, ¿cree en este y otros “principios”?

Daniel Samper Pizano analizó para Revista Diners algunos principios que los colombianos usamos para justificar una desgracia o una sorpresa. Disfrute este entrañable texto de nuestro archivo.
 
‘Si algo puede ir mal, irá mal’, ¿cree en este y otros “principios”?
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POR: 
Daniel Samper Pizano

Artículo publicado en Revista Diners Ed 149 de agosto 1982.

Isaac Newton, que descubrió la ley de la gravedad, hubiera también descubierto estas otras leyes, mucho más obvias que la primera; pero lo doloroso fue que Newton falleció a la tierna edad de 85 años y materialmente no le quedó tiempo, como dicen las señoras, de proponer otros principios.

Es por esa razón que la especie ha tenido que completar poco a poco la obra de Newton con el hallazgo y formulación de ciertos postulados que, si bien no aparecen en los libros de física, son mucho más importantes y más útiles que la ley de la gravedad.

Quiero rendir homenaje a estos sabios contemporáneos que, eclipsados por la buena prensa de Newton, aún esperan su lanzamiento hacia la gloria, la cual bien merecen por sus ilustres aportes al progreso de la humanidad.

Hablo, por ejemplo, de Lawrence Peter, quien propuso el “principio de Peter”, beneficiario de alguna popularidad, aunque no toda la que merece. “Todo funcionario alcanza su nivel de incompetencia”, dice el citado principio. La experiencia – sobre todo cuando uno mira hacia el sector público – corrobora a diario lo que sostenía el buen Lawrence. Gracias le sean dadas por su inteligencia.

Hablo, además, de Edward Murphy, capitán e ingeniero aeronáutico, autor de un principio que ha adquirido más fama que quien lo planteó, aunque – insisto – todavía no la que merece. “Si algo puede ir mal, irá mal”, es la frase que sintetiza el sabio pensamiento de este filósofo moderno.

El principio de Murphy abrió las puertas a una serie de corolarios cuya vigencia se afirma en proporción directa al desarrollo de los computadores, los satélites, la informática y todos esos inventos que han craneado los japoneses para hacernos sentir más brutos que nuestros hijos. La primera importación que se hizo a Colombia de los corolarios del principio de Murphy fue obra del médico Guillermo Fergusson, quien cada vez hace más falta en este país arrugado.

Fergusson tradujo y publicó en marzo de 1978 la sintésis de un enjundioso trabajo adelantado en Estados Unidos por el profesor Seth H. Haber y un notable grupo de cerebros. La siguiente es la lista de leyes que los colombianos deben agradecer a Fergusson, Fergusson a Haber, Haber a Murphy y Murphy a alguna revelación del Espíritu Santo:

*Si algo parece fácil, es dificil; y si parece dificil, es imposible.

*La probabilidad de que algo suceda es inversamente proporcional al deseo de que ocurra. *Errar es humano; pero para enredar definitivamente las cosas hace falta un computador.

*Si algo ha sido explicado de manera que no quepan malas interpretaciones, siempre habrá gente que lo malinterpretará.

*Cuando todo lo demás falle, lea las instrucciones.

*El componente más delicado de un aparato siempre se caerá. Y si el que se cae no es el componente más delicado, entonces caerá sobre el más delicado.

*La Madre Naturaleza no es madre. Es madrastra.

*Siempre que un aparato sea reparado y ensamblado completamente de nuevo, quedarán piezas sobrantes encima de la mesa.

*Mientras más inocuo parezca un cambio en la metodología, mayores efectos producirá.

*Siempre que parezca que las cosas están saliendo bien, es porque no hemos observado el asunto detalladamente.

*La gran mayoría de las constantes son variables.

*El ejemplar escogido en una muestra de azar con 99 por ciento de confiabilidad será siempre el uno por ciento restante.

*En caso de homónimos siempre se escogerá al que no es.

*Los originales que carecen de duplicado serán irremediablemente dañados por la máquina copiadora.

*La culpa siempre es del último que salió.

*En cualquier tipo de operación será imposible conocer la fuente del error si está involucrada más de una persona.

Está lista completa, sobra decirlo, no lo es; tampoco lo son, verbigracia, las “Obras completas” de León de Greiff que publicó Aguirre Editores, lo cual creó en el inolvidable maestro una compulsión irresistible: la de llegar a las bibliotecas de sus amigos, hurgar en busca de este tomo y anteponer al título de la obra, de su puño y letra, la partícula in. De donde se puede deducir un principio que valdría la pena bautizar en homenaje a De Greiff y cuyo enunciado es más o menos el siguiente: “nunca las obras completas lo son”.

A la summa sapiente de las anteriores leyes, inteligencias superiores han agregado otros corolarios, derivados y principios irrefutables. Veamos, verbigracia, la denominada “Constante de Murphy”, que fue recogida junto con muchas otras leyes por Arthur Bloch (gracias le sean dadas también a él): “Las cosas se averían en proporción directa a su valor”.

Otros principios que debe conocer todo ciudadano culto:

Postulado de Boling: Si se está sintiendo bien, no se preocupe. Ya superará esta sensación.

Segunda ley de Chisholm: Cuando todo está marchando bien, algo empezará a marchar mal.

Tercera ley de Chisholm: Una propuesta, tal como la entiende quien la propone, será entendida de otra manera por aquel que la recibe.

Primera ley de Finagle: Si un experimento funciona, es porque algo ha fallado.

Segunda ley de Finagle: No importa cuál sea el resultado, siempre habrá alguien ansioso de (a) interpretarlo mal (b) falsearlo, o (c) acomodarlo a su propia teoría.

Tercera ley de Finagle: En cualquier colección de datos, la cifra que parece más correcta es la equivocada.

Cuarta ley de Finagle: Una vez que algo se estropea, todo intento por arreglarlo sólo contribuirá a empeorar las cosas.

Ley progresiva de Issawi: La mayoría de las cosas empeoran constantemente.

Ley de Rudin: En las crisis que obligan a la gente a escoger entre distintas alternativas, la mayoría de la gente escogerá la peor.

Filosofía y pesimismo tienden a ser sinónimos (optimismo sólo es sinónimo de teología). Por eso uno de los filósofos contemporáneos que han suscitado comentarios de sus colegas es Ginsberg, un pesimista que propuso el siguiente teorema tripartito:

1. No se puede ganar.

2. No se puede siquiera salir sin pena ni gloria.

3. Ni siquiera es posible retirarse del juego.

En torno a este teorema de Ginsberg, Freeman elaboró las siguientes observaciones:

“Todo sistema filosófico importante que trata de explicar la existencia se basa en la negación de alguna de las partes del teorema de Ginsberg, a saber:

1) El capitalismo se basa en la presunción de que es posible ganar.
2) El socialismo se basa en la presunción de que es posible terminar sin deudores ni acreedores.
3) El misticismo se basa en la presunción de que es posible retirarse del juego”.

En el mismo tono en que propuso su teorema Ginsberg, estaba sintonizado el anónimo filósofo que planteó las llamadas “Leyes no recíprocas de expectativas”, que se enuncian de la siguiente manera: “Expectativas negativas producen resultados negativos; expectativas positivas producen resultados negativos”. Menos derrotista, Howe dijo en la ley que lleva su nombre: “Todo el mundo tiene una fórmula que no funciona”. Pero otras que a lo mejor si.

En su tratado de “murphyología aplicada”, Arthur Bloch expone algunas conclusiones prácticas derivadas de la ley de Murphy y sus corolarios. Ejemplos: “Todo alambre cortado a la medida quedará pequeño”…
“Las partes intercambiables no lo son”…
“Si usted deja de comprar una sola edición de una revista, será la edición en que aparece el artículo que usted más habría querido leer”…
“Si usted bota algo a la basura, lo necesitará tan pronto como no sea posible ya recuperario”…

En desarrollo de la “murphyologia aplicada” han acudido otros genios con déficit de gloria. Examinemos los siguientes principios:

Ley de Lewis: No importa cuánto tiempo ni con cuánto trabajo haya buscado usted un articulo, siempre lo encontrará más barato y más cerca una vez lo haya adquirido.

Primera ley de aeronáutica: Cuando su avión está demorado, aquel al cual debe hacer transferencia estará a tiempo.

Segunda ley de aeronáutica: Cuando usted llega a tiempo al aeropuerto, el avión estará demorado; la única vez que usted llega tarde, el avión habrá salido a tiempo.

Ley de la frustración felina: Tan pronto como su gato quede adorablemente dormido en su regazo, usted sentirá la tentación irresistible de levantarse e ir al baño.

Ley del dolor dental: El dolor de muela tiende a comenzar en la noche del sábado.

Observación de Etorre: La fila vecina siempre se mueve más rápidamente.

Ley irrefutable de Boob: Siempre aparecerá el objeto perdido en el último lugar que usted mire.

La admiración que despierta Newton entre estos cuasi-anónimos filósofos ha conducido a completar la ley de la gravedad con la denominada “ley de la gravedad selectiva”, enunciable así: “Un objeto caerá de manera que produzca el mayor daño posible”.

Jenning elaboró el siguiente corolario a la anterior ley: “Las posibilidades de que la tostada caiga con el lado untado de mantequilla hacia abajo son directamente proporcionales al valor de la alfombra”.

A su turno, Anthony propuso otro corolario: “Cualquier herramienta, al caer, rodará hasta el lugar más inaccesible del recinto”.

Otros cuerpos de leyes y principios referentes a campos variados que van desde la física hasta la contabilidad deben ser conocidos por nuestros lectores:

Ley física de Harvard: Bajo las más rigurosamente controladas condiciones de temperatura, presión, volumen, humedad y otras variables, el organismo hará lo que le venga en gana.

Ley de Young: Todos los grandes descubrimientos se hacen por error.

Corolario: Mientras mayor dinero se destine a la investigación, más tardará en cometerse el error.

Cuarta ley de Parkinson: El número de personas pertenecientes a un grupo de trabajo tiende a aumentar no importa la cantidad de trabajo que deba hacerse.

Quinta ley de Parkinson: Si hay alguna manera de demorar una decisión importante, el buen burócrata la encontrará.

Ley de Oeser: Las personas más importantes tienden a gastar más tiempo que las otras firmando cartas y asistiendo a comités.

Ley de Zymurgy sobre el trabajo voluntario: La gente está siempre dispuesta a trabajar en tiempo pasado.

Ley de distribución del ingreso: El que tiene, consigue.

Ley de H. L. Mencken: Los que pueden, hacen; los que no pueden, enseñan.

Ley de Putt: La tecnología está dominada por dos clases de personas: las que entienden aquello que no manejan, y las que manejan aquello que no entienden.

Observación de Barth sobre la ley de Putt: Hay dos clases diferentes de personas: las que dividen a la gente en dos clases, y las que no.

Ley de Old y Kahn: La eficiencia de un comité es inversamente proporcional al número de participantes y al tiempo gastado en deliberaciones.

Corolario No. 1: El tiempo gastado en un punto del orden del día es inversamente proporcional a la suma involucrada. Corolario No. 2: La duración de una reunión de comité es equivalente al cuadrado de los participantes.

Ley de Hendrickson: Si un problema exige varias reuniones, éstas se volverán más importantes que el problema.

Ley de Cheops: Nada se construye nunca dentro del plazo o el presupuesto previstos.

Principio de O’Brien: Los revisores fiscales siempre objetan las cuentas de gastos divisibles por 5 o por 10.

A raíz de la apertura de una nueva sesión legislativa, conviene recordar algunos de los principios de debates cuya primera ley dice: “Nunca discuta con un tonto: la gente podría no saber la diferencia”.

Ley de Swipple: El que grita más duro gana el derecho a la palabra.

Leyes de Boren: 1. Cuando esté dudoso, farfulle; 2. Cuando esté en un lío, delegue; 3. Cuando esté a cargo, pondere.

Ley de oratoria de Truman: Si no puede convencerlos, confúndalos.

En su afán por mostrar que también Colombia ha hecho aportes valiosos a la sabiduría universal, este periodista elaboró la siguiente antología de principios filosóficos propuestos por compatriotas a los cuales no se les ha reconocido su importante contribución, por el hecho de que se toman más en cuenta las idioteces de los grandes que los actos luminosos de los pequeños. (Esta, a propósito, podría ser una primera ley).

Axioma de la felicidad (Klahr-Mao Toy- inh): Es mejor ser rico sano que pobre enfermo.
Ley sartorial del deporte: El talento para jugar al fútbol es inversamente proporcional a la elegancia de la sudadera y al brillo de los guayos.

Ley gramatical de Plinio: En español, el verbo ser o estar sólo se usará en la segunda de estas acepciones cuando vaya seguido del adjetivo “bruto” si se trata de la primera persona. Ejemplos: “estoy bruto hoy”… “cómo estamos de brutos”…
Principio de la efimeridad documental: Lo escrito, escrito está, a menos que uno quiera conservarlo, caso en el cual desaparecerá el papel.

Postulado del daño televisivo: La señal de televisión siempre se dañará en el programa que a uno más le interesa.

Corolario: Garantía de calidad en la señal son los espacios en que transmiten ceremonias inaugurales del Señor Presidente.

Ley de la entropía mecánica: Cuando uno lleva un automóvil al taller de reparaciones le arreglan una cosa y le dañan otra.

Ley de las cosas perdidas: Los objetos extraviados tienden a aparecer en proporción inversa a la urgencia con que se les necesita.

Primer principio de la cleptomanía tolerada: Los libros y discos prestados tienen tantas posibilidades de regresar a su propietario como las tiene de ser rescatado el paraguas que se olvida en un restaurante.

Segundo principio de la cleptomanía tolerada: Mientras más importante es quien firma el autógrafo en el libro, mayor será la tendencia a que se quede con el esferográfico ajeno que le sirvió para firmar.

Y, como dijo Haber, usted seguramente se estará preguntando, a estas alturas, por qué hemos dado tantas explicaciones a lo largo de este artículo. Bueno, déjenos explicarle…

agosto
15 / 2018