Bomba nuclear de Latinoamérica: ¿Por qué no existe ni existirá?

Lo que había detrás del misterioso 'Club Atómico' en 1978, y las potencias que manejaban el juego nuclear en el mundo.
 
Bomba nuclear de Latinoamérica:  ¿Por qué no existe ni existirá?
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POR: Óscar Mena

En los años 70 la cadena Globo de televisión comunicó la decisión de prohibir la transmisión del documental Conexión Plutonio, que narra la historia del estudiante de Boston que, luego de cinco semanas de trabajo estuvo en capacidad de fabricar una bomba atómica partiendo de la documentación accesible en las bibliotecas de los Estados Unidos.

La película defiende apasionadamente el desarme nuclear total, como no se ha cansado de repetirlo el gobierno brasileño, desde la firma del acuerdo nuclear con Alemania en 1975.

Siempre celosa de evitar la pornografía y la subversión, la censura asumía en esta ocasión los más hondos sentimientos de nacionalismo y soberanía, heridos con las presiones norteamericanas ante Alemania para que ese país no cumpliera lo firmado.

La entrada al Club Atómico

Se trataba de una justificada reacción, típica de un adolescente, por impedírsele entrar al cerrado, presumido y misterioso Club Atómico. Así, de un lado tenemos a los Estados Unidos, acompañado discretamente de la extinta Unión Soviética, insistiendo para que Argentina y Brasil no tengan la posibilidad de enriquecer el uranio y procesar el plutonio, pues con ello dispondrán de la materia prima para fabricar una bomba nuclear.

Para el primer caso, el de la Argentina, bastó con que los norteamericanos conversaran con los canadienses, otro socio del Club Atómico, para que ellos paralizaran su asistencia técnica a los gauchos.

Sin embargo, estos a la vanguardia del desarrollo nuclear latinoamericano, operan desde 1974 su central nuclear de Atucha, próxima a Buenos Aires, comprada a la compañía alemana Siemens y que produce 320 mil kilovatios.

¿Qué pasó con Brasil?

Después de ofrecer uranio enriquecido, ante la inexistencia de los dos renglones mencionados (trabajar con uranio y plutonio) y ver rechazada la propuesta, los Estados Unidos dirigieron su ataque a Alemania con dos tipos de armas.

Primero, anunciaron la suspensión en el suministro de uranio enriquecido a los países europeos, lo que tuvo una inmediata y enérgica respuesta de la Comunidad Europea. Luego, amenazaron con retirar sus tropas de Alemania Occidental, lo que llegó a conmover a los dirigentes germanos, también presionados por soviéticos, polacos y checoslovacos, preocupados con la posibilidad de que sus vecinos alemanes desarrollaran toda una técnica nuclear de carácter bélico en Brasil lo que no pueden hacer en su propio país, dado los acuerdos de posguerra.

Un Brasil bien rodeado para tener bomba nuclear

Pero la mise en scène del Presidente General Ernesto Geisel, del Brasil, fue más espectacular. Todo o nada; si Alemania no les cumplía íntegramente, a su lado estaba Francia, que ya ayudaba a los israelíes en sus proyectos nucleares, y los brasileños tendrían sus reactores… Helmut Schmidt, a nombre de la soberana de su país, anunciaba entonces que el acuerdo teuton-brasileño se cumpliría íntegramente.

A su turno, Argentina y Brasil esgrimen argumentos bien diferentes. Dicen que los países en vías de desarrollo necesitan tener acceso a la tecnología nuclear para la solución de sus problemas energéticos, para acabar con la inevitable dependencia tecnológica que vendrá con la extinción de los combustibles fósiles (petróleo).

“Esta bomba es solo para dar energía”

Juran, contritos y piadosos, que no pretenden fabricar ningún artefacto nuclear y llegan un poco más allá: la oposición de los Estados Unidos se debe a razones de carácter económico, pues en los años 70 tenían el monopolio absoluto en el suministro de equipos y elementos nucleares y, aunque todavía cuenten con la mayor parte del mercado, ya sienten la presión de Alemania, Inglaterra, Francia, Unión Soviética y Japón.

Según un diplomático brasileño, les dio mucho más rabia el hecho de que Brasil hubiera comprado su primera central (Angra I) a la Westinghouse, que, ilusionada, llegó a crear una Vicepresidencia para el Desarrollo Nuclear de Brasil, pero que, como no transfería tecnología, no recibió el encargo de las otras ocho plantas, que se construirán en el país hasta 1990, perdiendo la Westinghouse un negocio de unos 10 mil millones de dólares.

No hubo firma de ningún acuerdo internacional

“El ex ingeniero nuclear de la Marina y el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, conoce bien este asunto…” añade el funcionario brasileño. Finalmente, hay otra poderosa razón que esgrimen Estados Unidos y Canadá (razón de la paralización de su asistencia técnica a Argentina): el hecho de que ambos países sudamericanos no hayan firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), patrocinado por los Estados Unidos y la Unión Soviética en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año de 1968 y en vigencia desde 1970.

Aunque el canciller brasilero diga que el Gobierno está estudiando el asunto, la verdad es que sus dirigentes lo consideran contrario a los principios internacionales de equidad y de igualdad de las naciones, al dividir a los países entre nucleares y no nucleares, imponiendo exigencias y controles a los segundos y, en cambio, ninguna a los primeros.

Los patios de la Casa Blanca

Lo que más parece haber provocado la ira de los brasileños fueron las declaraciones de los senadores John Pastore y Stuart Symington. El primero, presidente de la Comisión Conjunta de Energía Atómica del Congreso norte americano, dijo que el acuerdo alemán-brasileño “es un peligro creado por un aliado en nuestro propio patio, en un periodo en que los Estados Unidos están fuertemente comprometidos en el patio de Alemania Occidental para defenderla”.

Por supuesto, a los brasileños no les agradó la idea de estar en el patio de los Estados Unidos. El segundo, conocido en su estado de Missouri como “Symington, the Big Bomber”, por el trabajo que tuvo durante la guerra junto al entonces presidente Harry Truman defendiendo los bombardeos nucleares que acabarían con las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, al discutir el mismo asunto preguntó a sus honorables pares Brasil quedaba en América Latina, la cual los separaba de Alemania…

Los brasileños se reconfortaron un poco cuando recordaron que el representante norteamericano Berhard Baruch, ya por 1947, en la organización de las Naciones Unidas, propuso un plan de Corrección de las Injusticias de la Naturaleza: la expropiación de todos los yacimientos de minerales atómicos del mundo, que serían administrados por una organización internacional pues, para él, era indispensable que Dios hubiera dado reservas a apenas algunos países, elegidos con el mayor criterio.

Hasta entonces, apenas los Estados Unidos detenían el Know-how de la tecnología nuclear.

Los Tratados

Para los latinoamericanos son fundamentales el Tratado sobre No Proliferación Nuclear (TNPN) y el de Tlatelolco. En resumen dicen lo siguiente:

1. Tratado sobre No Proliferacion Nuclear

Aprobado por la Asamblea General de la organización de las Naciones Unidas en 1968, sólo entró en vigencia dos años después.

Establece que los países signatarios, poseedores de armas nucleares, se comprometen a no transferir a nadie “armas o dispositivos nucleares explosivos, directa o indirectamente”, ni alentar, ayudar o inducir en forma alguna a ningún país a fabricar o adquirir tales armas o dispositivos.

Los países no poseedores de la tecnología nuclear, se comprometen a no aceptar la ayuda de otros para la fabricación de armas o dispositivos nucleares explosivos.

2. Tratado de Tlatelolco

Firmado en 1967, en México, por los países latinoamericanos. Estos se comprometen a utilizar exclusivamente para fines pacíficos, el material y las instalaciones nucleares sometidos a su control. Se prohíbe, asimismo, el ensayo, el uso, la fabricación, la producción y la adquisición de armas nucleares.

Examinando el TNPN y el de Tlatelolco, se observan claramente algunas diferencias:

1. Firmado un año antes, el de Tlatelolco prevé claramente la posibilidad de que las naciones latinoamericanas tengan la tecnología nuclear. Aunque considere el hemisferio una zona desnuclearizada

2. El TNPN, en esencia, trata de no permitir nuevos socios en el llamado Club Atómico. Al respecto, los chinos en la ONU han permanentemente citado un viejo cuento oriental, en el cual “los potentados pueden prender fuego a las casas de la aldea, pero sus habitantes no pueden tener lumbre”.

3. Aunque hable solamente de dispositivos o armas explosivas. Esto permite teóricamente la posibilidad de que los que no estén en el Club Atómico dispongan de tecnología nuclear el TNPN, en la práctica, veda todo el acceso a ella.

Fue el caso del acuerdo nuclear entre Alemania y Brasil. Si los germanos, como la Westinghouse, solamente suministraran equipos y uranio ya enriquecido al Brasil, no habría problema aunque perpetuaran la de pendencia; el problema fue lo que el Presidente Carter llamó “tecnología sensible es decir, la que posibilitara la independencia brasileña en este sector.

Más que independencia propiamente dicha, la preocupación nuestra, decía un funcionario norteamericano, es la tenencia de materia prima para la producción de explosivos nucleares.

Carrera armamentista

Los países del llamado Tercer Mundo que no han firmado el TNPN insisten en preguntar quiénes vigilan a los guardianes…

Argumentan que desde el inicio de las conversaciones sobre “limitación de armas estratégicas” (SALT), la carrera armamentista entre las superpotencias nunca ha disminuido. En la última década, los cohetes balísticos intercontinentales (ICBM) prácticamente se han decuplicado. Se han desarrollado los vehículos de reingreso múltiple con blancos independientes (MIRV) a gran escala. Así como las plataformas móviles para ICBMs y el lanzamiento de estos misiles desde un avión.

¿Celos de Latinoamérica?

Pero la preocupación no es solo de los países del Tercer Mundo. Los mismos integrantes del Club Atómico se lamentan, celos aparte, de la carrera armamentista. El delegado francés en la ONU, Louis de Guiringaud, por ejemplo, declaro:

“Nunca ha sido tan violenta la competencia entre aquellos que cuentan con la más avanzada y más terrible tecnología. Ha venido realizándose una excesiva carrera armamentista nuclear entre las superpotencias. Desde la firma del tratado de prohibición parcial de las pruebas nucleares en 1963 y la conclusión del tratado de no proliferación nuclear en 1968″.

Por ello, fue enfático, pese a que Francia firmó el TNPN. “Porque Francia está resuelta a seguir una política independiente en cualquier circunstancia, ha decidido fabricar armas nucleares… con el fin de guardarse contra los peligros latentes… Francia piensa solo en su defensa propia. Cualquier renuncia en este terreno significa de hecho incitar a las naciones super armadas a dominar el mundo. Y encargarles la responsabilidad de asegurar el destino de la humanidad”.

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 94, de enero de 1978.

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agosto
4 / 2022