21 señales que anunciaron la caída de la Unión Soviética

Gracias a los discursos de Vladimir Putin, la Unión Soviética volvió a la memoria del mundo. Aquí le hacemos un repaso del porqué cayó la primera fuerza comunista del mundo.
 
21 señales que anunciaron la caída de la Unión Soviética
/
POR: Óscar Mena

En los últimos días Vladimir Putin, presidente de Rusia, ha mostrado su descontento con la histórica separación de Ucrania de la antigua Unión Soviética, así como también su malestar por los conflictos regionales que se han desencadenado desde entonces.

Esto sin duda ha disparado la búsqueda de la URSS o Union Sovietica (así sin tildes) en los principales buscadores de internet para encontrar miles de teorías sobre esta nación comunista.

Por eso en Diners recordamos las palabras del historiador y escritor Gabriel Iriarte Núñez, quien explica que todo empezó en el balance desastroso de Mijaíl Gorbachov, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Aquí enumera la bancarrota económica, malestar social, conflictos regionales, étnicos y políticos, y el derrumbe del imperio en el exterior. “El peligro ya no proviene del poderío de la URSS sino, paradójicamente, de su creciente debilidad”, dijo Núñez, sobre el tema.

A continuación vea las señales que anunciaron la caída de la Unión Soviética:

1. El pueblo no aguantó el golpe comunista

Aunque algunas de las señales venían gestándose desde antes de 1985, lo cierto es que el líder de la URSS, en su afán por reformar el darle aliento al decrépito sistema socioeconómico y político imperante en la Unión Soviética, puso en movimiento poderosas fuerzas.

Si bien en un principio se creía que apoyarían los cambios, a la postre sobrepasaron los límites tolerables para la dirigencia central del país. Gorbachov descubrió, quizás demasiado tarde, que su “revolución” desde arriba había desatado una cadena de sucesos incontrolables, que pusieron en serio peligro la integridad misma de la Unión Soviética y creado una situación caótica en todos los frentes.

Luego de casi 45 años de Guerra Fría, que el mandatario soviético ayudó a enterrar, la paradoja estriba en que el peligro ya no proviene del poderío de la URSS, sino, al contrario, de su creciente debilidad.

2. No había dinero por ningún lado

La razón de ser de las reformas emprendidas por Gorbachov y que se compendian en la perestroika y el glasnost, fue el alarmante estado de postración en que se hallaba la economía soviética a mediados de la década pasada.

Según el exjefe del Kremlin, la prioridad número uno de su plan para revitalizar la sociedad en su conjunto era precisamente la introducción de medidas económicas que solucionaran las terribles fallas del aparato productivo del país. Sin embargo, seis años después el panorama es aún más sombrío. Los datos hablan por sí solos.

Fuentes oficiales calculan que la producción disminuirá este año en un 12 por ciento. El déficit presupuesta pasó de un 3 por ciento del Producto Nacional Bruto en 1987 a más del 11 por ciento en 1990.

Las emisiones masivas de circulante, encaminadas a subsanar el déficit, generaron fuertes presiones inflacionarias. La escasez crónica de bienes de consumo obligó a la ciudadanía a guardar miles de millones de rublos a la espera de encontrar mercancías suficientes en los almacenes.

3. Movimiento terrible para las finanzas

El Gobierno central gastó 130.000 millones de rublos anuales en subsidios de víveres y 110.000 millones en subsidios de transpone, servicios públicos y vivienda.

En 1991 la producción industrial cayó un 15 por ciento, y la agricultura un 5 por ciento. La deuda externa de la Unión Soviética subió a los 50.000 millones de dólares, con una tasa de servicio del 25 por ciento.

A lo anterior es menester añadir que varias repúblicas –e incluso regiones y ciudades- impusieron severos límites a sus “exportaciones” al resto de la Unión Soviética con el fin de evitar problemas locales de escasez de productos de primera necesidad.

4. Adiós a la explotación de petróleo

La explotación de petróleo (principal renglón de exportación del país) se volvió cada día más costosa, y los ingresos decrecientes por este concepto se emplearon básicamente para importar granos y otros alimentos.

Complementan este cuadro desolador un sistema de transpone ineficiente, una infraestructura obsoleta, una banca paquidérmica, un complejo militar-industrial excesivamente grande y una burocracia enorme, corrupta y opuesta a cualquier cambio.

5. Sin tiempo y con el pueblo encima

Sin duda, la tarea que se propuso Gorbachov fue titánica, pues modificar el gigantesco edificio de la economía soviética implicaba enfrentar una tradición de más de 70 años y encontrar modelos e instituciones alternativas.

Todo ello en muy poco tiempo y con una opinión pública impaciente y a la que por primera vez se le permitía expresarse de manera más o menos libre. Pero, aparte de las dificultades inherentes a la transformación de la economía de la URSS, Gorbachov ha sido víctima de sus propios errores y vacilaciones en la aplicación de las reformas.

6. No se tomaron las riendas del país

El curso errático de las mismas durante los últimos años agravó notablemente la situación y creado una importante oposición ciudadana a las políticas del centro. Gorbachov, al fin y al cabo producto de la nomenclatura, fue dando palos de ciego y tratando de conciliar con los dos extremos del espectro político del partido y el Gobierno.

El resultado fue el empantamiento de la perestroika, así como el caos en la economía y un cierto viraje hacia las posiciones de la vieja casta burocrática ante el aumento de la insubordinación popular.

La estrategia económica de Gorbachov se caracterizó por la confusión: planes y leyes orientados aparentemente hacia el establecimiento de una economía de mercado, con menos intervención por parte de las autoridades nacionales, fueron coartados o simplemente anulados por decretos posteriores, hasta el punto de que el mecanismo de planificación central se halla casi intacto con todos sus defectos y sin ninguna innovación que lo haga menos inoperante.

7. Del comunismo al capitalismo

El costo social de convertir a la URSS en un país capitalista es demasiado alto, y Gorbachov nunca pareció inclinado a pagarlo.

De ahí sus tremendas vacilaciones y la decepción que hubo entre quienes lo respaldaron al principio de su tarea. El líder soviético perdió la popularidad de hace unos años entre sus compatriotas. la Unión Soviética se desarmó y surgieron disensiones en el seno de la clase política.

Ante el fracaso de las medidas económicas de Gorbachov, las fuerzas más conservadoras lograron no solo mantenerse en sus puestos de mando, sino también manifestar más abiertamente su rechazo a los postulados de su jefe.

8. Pedir auxilio a otros países

“El enfermo de Eurasia”, como se ha dado en llamar a la URSS, se vio en la penosa situación de tener que mendigar, como cualquier país tercermundista, la ayuda financiera de las potencias de Occidente para poder sobrevivir.

También, como a cualquier nación subdesarrollada, los centros de poder occidentales les exigen a los soviéticos la puesta en práctica de una serie de reformas de corte capitalista como condición para el desembolso del dinero solicitado.

A su turno, Gorbachov recalca con insistencia que el colapso de su país, acarrear las graves consecuencias para la estabilidad económica y política de Europa y el mundo.

9. La (Des) Unión Soviética

Junto con el desbarajuste de la economía, las tendencias separatistas y los conflictos interétnicos constituyeron los mayores peligros que afrontó la URSS.

La cuestión de las nacionalidades -más de cien- ha sido tradicionalmente un serio problema para los diferentes regímenes de Moscú, desde los tiempos del zarismo hasta el presente.

La moderna Unión Soviética estuvo muy lejos de ser una confederación voluntaria de pueblos unidos por una causa común. Por el contrario, la mayoría de su componentes nacionales han sido incorporados y mantenidos a la fuerza dentro de lo que más apropiadamente podría denominarse el imperio ruso.

10. La libertad de expresión

Si Gorbachov ha mostrado una escasa comprensión de lo que significa atreverse a cambiar la economía de la URSS, su ignorancia respecto a la verdadera situación de las nacionalidades ha sido aún mayor.

La implantación de reformas democráticas, la denuncia oficial de prácticamente todas las administraciones anteriores y la existencia de un clima más propicio para la libertad de expresión, que Gorbachov consideraba esenciales con el objeto de conseguir el respaldo de la población a su programa, produjeron efectos inesperados y más bien dieron origen a fuerzas centrífugas que terminaron oponiéndose al Kremlin y resquebrajando la unidad de la URSS.

11. El nacimiento de los separatistas

Lo que hace apenas unos pocos años hubiera sido inverosímil, hoy es pan de cada día. La relativa apertura democrática y el debilitamiento del centro -Gobierno y partido- como consecuencia de las políticas de Gorbachov, estimularon las tendencias separatistas que estaban latentes en todos los rincones del imperio, sin excluir la mismísima República Federativa de Rusia.

Por todas partes empezaron a proliferar movimientos nacionalistas de la más diversa índole pero con un propósito idéntico: romper o al menos aflojar sus lazos con el Kremlin. Así, los tres países báltico, con Lituania a la cabeza, proclamaron unilateralmente su independencia, a tiempo que Moldavia, Georgia y Armenia anunciaban planteamientos similares.

(Cabe anotar que estas seis repúblicas no solo eligieron gobiernos no comunistas, sino que también se negaron a participar en el referendo nacional convocado por Gorbachov en marzo de 1991 para ratificar la necesidad de preservar la Unión).

12. La nueva Rusia

No obstante, el caso de Rusia es el más significativo, dada la importancia de esta entidad territorial: posee el 76 por ciento del área de la URSS, el 51 por ciento de la población, el 53 por ciento de la producción de grano y el 58 por ciento de la industria siderúrgica.

Allí, el máximo rival de Gorbachov, Boris Yeltsin, obtuvo lo que su oponente no ha logrado, o sea, legitimidad y un amplio mandato para el cambio al ser elegido por voto popular a la Presidencia Rusia.

Yeltsin, quien fuera expulsado por el Politburó por sus posiciones favorables a una transformación radicalmente capitalista y luego renunciara al partido, encarna la expresión más auténtica de las fuerzas centrífugas liberadas por Gorbachov.

El problema radica en que el nuevo líder ruso ha prometido aplicar para su república, además de todas aquellas reformas que la perestroika gorbachevista fue incapaz de llevar a cabo en forma nítida, un amplio grado de autonomía frente al Kremlin.

Como si fuera poco, ya Rusia notificó que reduciría sus aportes al presupuesto de la Unión en un 83 por ciento, lo cual agravará todavía más la penuria física del centro. Con los acontecimientos de Rusia, el Kremlin podría quedar reducido, en Moscú, a una especie de Vaticano Soviético.

13. Peleas internas

Los enfrentamientos entre diferentes conglomerados étnicos también se desataron por toda la URSS a raíz de los cambios operados a partir de 1985.

El más antiguo y encarnizado, el que protagonizan armenios y azerbaijanos, ya ha costado la vida a cientos de personas y en los choques se han visto envueltas tropas regulares enviadas por el Kremlin para apoyar la causa de Azerbaiján, una de las pocas repúblicas totalmente fieles a Gorbachov.

En la vecina Georgia luchan a muerte georgianos y osetios, mientras que en Kirguizia se presentan enfrentamientos entre la mayoría étnica de la república y la minoría uzbequistana.

En Uzbequistán se ha desarrollado un agudo conflicto entre uzbecos y turcos. Finalmente, para dar un ejemplo más del problema, en Moldavia hay confrontaciones entre moldavos, por una parte, y rusos y gagauzos, por otra. En Rusia se han despertado sentimientos ultranacionalistas pan-rusos que propugnan la hegemonía de esta república y la rusificación plena de la URSS.

14. Mano dura a un pueblo cansado

La respuesta de Gorbachov, por cierto bastante tardía, a los procesos independentistas y a los conflictos étnicos, resultó ser el punto de viraje de la política de reforma y democratización.

El Presidente soviético proclamó que no toleraría por ningún motivo la desintegración de la URSS y procedió a reprimir con puño de hierro los intentos separatista en las repúblicas bálticas y regia, tal como lo venían exigiendo los elementos conservadores res del Gobierno, el partido y el ejército.

Con estas medidas de fuerza la perestroika y el glasnot, si no recibieron su partida de defunción, por lo menos sufrieron un duro golpe, del cual tardarían mucho en reponerse. El centro ganó un “round” con enemigos pequeños y débiles; pero aún quedan muchos asaltos por librar en esta pelea de las nacionalidades.

15. La URSS perdió un imperio

Pocos casos se vieron en la historia como el del hundimiento repentino del imperio de proporciones mundiales que logró crear Moscú luego de una rápida ofensiva político-militar estratégica en los años setentas y ochentas.

De tener bajo su control casi la mitad de Europa, así como numerosos países y movimientos armados del Tercer Mundo, la Unión Soviética, pese a que conserva un gigantesco arsenal bélico, es en la actualidad un coloso en retirada que carece de los recursos productivos para mantener su anterior omnipresencia internacional. Sin tener en cuenta los tiempos actuales con Putin.

16. Apagar incendios internacionales

En efecto, uno de los primeros anuncios de Gorbachov al suceder a Chernenko en 1985 consistió en que a partir de ese momento la URSS cambiaría su política exterior. Y, además, contribuiría activamente a eliminar los focos de tensión que mantenían viva la Guerra Fría.

No se debe olvidar, sin embargo, que aparte de su penuria económica, el Kremlin se vio forzado a desmantelar el imperio debido a factores externos. La vigorosa contraofensiva lanzada por Reagan llevó la acidad expansionista de la URRS a límites insostenibles por parte de la sociedad y la economía soviética.

17. Un imperio muy grande, para alguien tan pequeño

La Iniciativa de Defensa Estratégica (“Guerra de las galaxias”). El emplazamiento de los misiles de alcance intermedio en países europeos miembros de la OTAN. El decidido apoyo a todos aquellos países y movimientos del Tercer Mundo opuestos a Moscú (“Doctrina Reagan”).

Todo esto en conjunto hizo comprender a los dirigentes del Kremlin que habían extendido su influencia más allá de lo que su desarrollo económico y tecnológico les permitía.

La retirada de Afganistán, cuya invasión calificó Shevardnadze, el ex ministro de Relaciones Exteriores, como “contraria a la humanidad y a los valores humanos universales”, fue solo el comienzo.

Numerosos satélites empezaron a ver notables disminuciones en los suministros provenientes de la Unión Soviética, tanto de armas como de ayuda económica. Países como Siria, Irak, Libia, Angola, Mozambique, Etiopía, Vietnam. Nicaragua y hasta la misma Cuba, dejaron de ser considerados como posesiones vitales por los estrategas de Moscú. De hecho, varios de aquellos fueron abandonados a su propia suerte.

18. Los aliados no querían ser comunistas

El puno culminante de la retirada soviética se presentó en el continente europeo. De un momento a otro lo que parecía el antemural del imperio, el bloque integrado por las naciones del Pacto de Varsovia, se vino abajo como un castillo de naipes.

Todos los regímenes amigos del Kremlin fueron sustituidos por gobiernos más o menos anticomunistas o simpatizantes del Occidente. Y, con la caída del muro de Berlín, Alemania Oriental se unió a la República Federal y a la OTAN.

19. Mucho poder y poco billete

El siguiente acto del drama fue la disolución del Pacto de Varsovia y del Consejo de ayuda Mutua Económica, CAME. El mundo presenció, atónito, el retorno, con ligeras diferencias, a las fronteras anteriores a la Segunda Guerra Mundial… y el melancólico epílogo de un imperio efímero que nunca pudo conciliar el desequilibrio entre su impresionante poderío militar y su endeble base económica.

Sin quererlo, Gorbachov llevó a la URSS al filo de la navaja. La Unión se encontró sometida a terribles presiones desde todos los flancos. Además encaró ni más ni menos que la posibilidad de una contienda civil, como el mandatario del Kremlin lo dijo en varias ocasiones. Las poderosas fuerzas desatadas por la perestroika y el fracaso de las reformas prometidas por Gorbachov arrastraron el país a una situación de conflicto irreversible.

20. Una explosiva realidad en Rusia

Los intereses particulares de cada república o grupo étnico y las necesidades del centro; la vieja guardia brezhnevista y la nueva generación de reformadores liberales; las tendencias hacia la implantación de una economía de mercado y las que procuran conservar el antiguo sistema centralista.

Las mayores libertades democráticas y los padecimientos económicos de la población, en fin, la lucha entre lo tradicional y lo nuevo. Esto constituyó las parejas de contrarios que componen la explosiva realidad de la Unión Soviética.

Con una autoridad central menguada por todos los factores señalados, muchos hablaban de una solución de fuerza que asegure el orden y prevenga la anarquía. En otras palabras: una dictadura, según Eduard Shevardnadze.

Y en la mitad de este torbellino estaba Mijail Gorbachov, con detractores en todos los bandos. Los conservadores no le perdonan que hubiera puesto en peligro la existencia misma del Estado soviético. Entre tanto, los reformadores se sentían traicionados por su actitud reciente. Los nacionalistas veían en él una amenaza para sus objetivos. En tanto que los imperialistas lo acusan de ser demasiado tolerante con quienes pugnan por separarse de la URSS.

21. Un tibio centro

Gorbachov se las arregló para mantenerse en el centro como el fiel de la balanza. Ninguno de los contendientes logró oponerse un rival digno de su categoría.

Sin embargo, el padre de la perestroika no tuvo al alcance de la mano una salida fácil. Si optaba por permitir que la revolución, el desenlace más probable es el de una confrontación violenta a escala nacional.

Si se hubiese aliado con la “derecha”, tendrá que presidir el aplastamiento del proceso iniciado en 1985. De su capacidad de maniobra y compromiso fue dependiente en buena medida que la Unión Soviética no se consumiera en las llamas de una guerra fratricida. Que tendría el agravante de librarse en un país armado hasta los dientes con bombas nucleares.

Sin embargo, ahora tenemos a Putin con esas mismas bombas apuntando en todas las direcciones…

¿Qué le parece las señales expuestas de la caída de la Unión Soviética? Escríbanos a nuestras redes sociales @dinersrevista

INSCRIBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
marzo
2 / 2022