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Día Internacional del Beso: Una historia de Daniel Samper Pizano

Aquí se ofrece un manual que permitirá al turista inadvertido viajar y besar sin el temor de provocar una crisis internacional.

Foto: Friends, 1995

Aquí se ofrece un manual que permitirá al turista inadvertido viajar y besar sin el temor de provocar una crisis internacional.

En el Día Internacional del Beso celebramos haber sobrevivido a una pandemia que casi elimina por completo algo tan trascendental para nosotros los humanos: el contacto. Hoy pensar en un beso resultan tan tentador y revolucionario como hace 100 años. Por eso en Diners lo celebramos con un poco de historia y consejos de etiqueta acordes a nuestras restricciones actuales.

Un poco de historia sobre el beso no permitido

Esto sucedió en 1980, no hace mucho, cuando el historiador Ronald Steel, publicó su biografía sobre Walter Lippmann, periodista ganador de dos premios Pulitzer, en donde resalta que el susodicho se saludó con el presidente Calles como se acostumbra en Latinoamérica: con un abrazo y dos besos.

Un abrazo y dos besos. El abrazo vaya y venga. Muchas veces vi y utilicé el abrazo como saludo entre latinos. Pero, ¿dos besos? Era la primera vez que autor alguno nos atribuía a los latinos el dudoso honor del doble beso entre varones.

Tuve un pálpito y telefoneé a un amigo mexicano para conocer los hábitos del presidente Plutarco Calles.

-Un buen tipo -me contestó-.

Un buen tipo, poco dado a la clase de licencias que me platicas…

-¿Estás seguro?

-Pos cómo no. Sobre todo estoy seguro de que no se besaría con un embajador de Estados Unidos. Al menos en público.

Enfrentando la historia de Steel

Armado de este testimonio, me senté a almorzar con Steel y con otros becarios. Aguardé hasta el final y, sobre el flan, solté el guardado.

-Señor Steel -le dije-: ¿De dónde sacó usted aquello de que los latinos saludamos con dos besos?

Steel pareció un poco sorprendido y hasta turbado. Explicó que alguien se lo había dicho. No recordaba exactamente quién.

-Pues póngale ojo, porque es una fuente algo curiosa -le advertí-.

Steel me lo agradeció y prometió que en la próxima edición reduciría la dosis a solo beso.

-Ningún beso, por favor -le solicité formalmente -. Dejemos la cosa en un cordial abrazo.

Aceptó. Vaciló, pero aceptó.

Sin embargo, al despedirse de mí, un rato después, inconscientemente estiró el cuello para sus dos besos.

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Me limité a darla la espalda porque todavía creo que con ello él pensaba estar haciendo homenaje a una cultura extraña a la suya.

Después, cuando relaté el episodio a unos amigos colombianos, me hicieron caer en cuenta de que el peor error había sido darle la espalda. Había sido por lo menos una descortesía.

Cómo besan los distintos pueblos

El affaire Calles -Morrow- Lippmann Steel me advirtió lo peligroso que resulta ignorar las costumbres besíferas de otros pueblos.

¿Qué tal si el embajador gringo realmente hubiera besado dos veces a Calles contra la voluntad de éste, inspirado en una equivocada idea sobre los usos latinos? ¿Qué tal dos veces y en público?

Me imagino la reacción de los machos mexicanos y las consecuencias que esta equivocación habría podido traer en las delicadas relaciones mexico-norteamericanas de esos tiempos.

Fue el más revelador momento de mi beca. Desde ese instante me propuse averiguar algo más sobre el significado del beso en otras culturas.

Supe que los chinos solo besan en privado; que las estrellas de cine solo besan en público; y que los italianos besan en privado y en público, incluso si se trata del anillo del papa.

Me enteré de que los árabes se besan entre hombres, pero no lo hacen con las mujeres, a menos que sea(n) su(s) mujer(es).

Los israelíes tienen mal concepto del beso entre varones, pero practican lo que podría llamarse BSI (Beso Social Intersexual).

Los brasileños dan dos BSIMs (Beso Social Intersexual de Mejilla) y los colombianos damos solo uno. Los suizos por estas épocas están dando tres BSIMs.

La condición impar del saludo de beso suizo no se resuelve simétricamente con un beso en cada mejilla y un tercero en la boca, sino que terminan besando por segunda vez la mejilla por la que empiezan.

Los besos franceses

Los franceses siempre se han besado entre si: él con ella, ella con ella, él con él, todos contra todos. La última tendencia en París son los cuatro BSIMs.

En los años 80 estuve allí para el Tour de Francia. Sabedor de que en Colombia el saludo autoriza máxime un beso de mejilla, advertí a los pedalistas colombianos que en Francia era de buena educación afrijolar dos y hasta tres BSlMs. Este consejo les trajo algunos problemas.

Ocurre que uno de los rituales de la competencia consiste en que, después de cada etapa, la Señorita Francia felicita al ganador mediante la entrega de un ramo de flores y los consabidos besos.

Lucho Herrera triunfó en aquella etapa histórica del Alpe d´Huez y subió al podio. Allí estaba esperándolo -nena atómica, belleza espléndida, la Señorita Francia, a quien seguramente su jefe de relaciones públicas había advertido que los colombianos estilamos solamente un beso social. Charles Chaplin no habría podido imaginarse mejor la escena.

Lucho besando de tres

El indomable Luchito luchaba tenazmente por asestarle a la Señorita Francia sus tres besos, mientras que ella procuraba liberarse de sus garras después del primero.

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Herrera no solo ganó, sino que me dio la impresión de que iba en el sexto beso cuando fue discretamente retirado por los organizadores de la competencia para que recibiera otros trofeos menos interesantes pero más acordes con el reglamento.

No es la única confusión a que se presta el modo francés de besar. En Colombia llamamos “beso parisino” aquel que incluye, digamos, la inscripción en la Academia de la Lengua.

Cuando se lo expliqué a algunos amigos míos de París, se quedaron maravillados. “Aquí lo llamamos beso latino”, me explicaron. ¡Vive la reprocité!

Pesos y besos

Debo confesar que aunque mis investigaciones sobre las relaciones internacionales y el beso han sido muy interesantes, no siempre resultan agradables.

No fue un placer, por ejemplo, descubrir que los líderes socialistas de Europa Central se besan en la boca. Admiro a los cosmonautas, sí; pero fue poco emocionante descubrir aquel viejo recorte de revista que muestra a Nikita Krushev besándose ante miles de rusos con un hombre llegado de la Luna.

Quiero decir un beso de verdad, un BPBNI (Beso Político de Boca No lntersexual).

Beso en la boca

El beso social en la boca ha ido abriéndose paso, pero entre personas de sexos diferentes. La última vez que estuve en Estados Unidos -hace apenas tres meses- recibí la sorpresa que entre colegas se está usando el BSIB (Beso Social Intersexual de Boca) con enorme frecuencia.

Cuando repasé mentalmente a algunas de mis colegas colombianas la casa irresistible tentación de importar la moda; pero luego me acordé que ella no excluye a otras que también desfilaron más tarde por mi imaginación. Y resistí.

A pesar de sus delicadas diferencias internacionales, la costumbre del eso social permite algunas optimistas consideraciones que transmito a mis compatriotas.

Es cierto que el peso colombiano está devaluado; pero en cambio se cotiza el beso colombiano. Un colombiano da un beso a una brasileña, y ésta le devuelve dos.

Que se multiplique el beso colombiano

Por un beso colombiano dan tres en Suiza y hasta cuatro en Francia. Todo aconseja que se estudie con cuidado el problema del beso en las relaciones internacionales, a fin de que nuestros diplomáticos no vayan a incurrir en el craso error del embajador Murrow con Plutarco Calles.

Bueno es saber, por ejemplo. que el beso amistoso entre varones de mejilla, por favor, -no es extraño en Argentina, que lo hereda de los inmigrantes italianos-.

Pero que intentar algo parecido en Cuba puede costarle al turista ignorante una trompada o una desagradable fama.

Piénselo, incluso, que en la Cancillería debería dictarse un seminario al respecto. Me ofrezco como profesor, con la Señorita Francia como ayudante. Eso es, si Lucho Herrera no se opone.

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Daniel Samper Pizano es periodista y escritor colombiano. Colaborador en varios medios de comunicación del país y ganador de múltiples premios por su trabajo como el Rey de España; Maria Moors Cabot de la Columbia University; Continente de Periodismo y tres premios Simón Bolívar de periodismo.

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Abril
13 / 2022

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