Una entrañable amistad con los indígenas de la Sierra Nevada

Hace veintidós años, la colombo venezolana Gabriela Febres Cordero, fundadora de United for Colombia, y los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta mantienen una entrañable amistad. Esta es la historia de una relación que comenzó con una predicción.
 
Una entrañable amistad con los indígenas de la Sierra Nevada
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POR: 
Sandra Martínez

Publicado originalmente en Revista Diners de noviembre de 2015.

Gabriela Febres luce impecable. Lleva una chaqueta de colores y un pantalón oscuro. Son las 2:14 de la tarde y acaba de llegar de la Embajada de Estados Unidos al hotel Victoria Regia, en el norte de Bogotá.

Está un poco agobiada por el tráfico de la ciudad y por llegar unos minutos tarde a la entrevista. Esta venezolana estudió Administración de Empresas en California, fue ministra de Comercio Exterior en el vecino país y desde 2003 creó la fundación United for Colombia, que ayuda a las víctimas de minas antipersonas.

Ahora, nacionalizada como colombiana desde 2005, su vida transcurre entre Bogotá y Nueva York, apoyando tres causas, además de su fundación: las artesanías, los vallenatos y los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Gabriela reconoce que sube a la Sierra cada vez que puede –la última vez se animó a subir en mula– y afirma que lo que más admira de ellos es la capacidad que tienen de introspección.

“Se requiere mucha disciplina para eso. Están entrenados para tener atención y estar en el momento que están viviendo. Creo que es un gran valor de sociedad, nos llevan siglos luz”, dice con su voz suave y tranquila mientras toma un café.

En una de sus muñecas lleva puesta una aseguranza –una pulsera tejida que los indígenas consideran que protege–. “Quiero creer que hay un pedacito de esa sabiduría, de esa energía, que está conmigo (…) Ver la cuerdita no solo me recuerda a ellos, sino muchas de las cosas por las que abogan y representan”.

La Predicción

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The Sierra Nevada de Santa Marta, from its emmerald sea-side forests, to its ivory peaks, holds innumerable mysteries 🌴🌈🌎 The Koguis are an indigenous tribe that views the Earth as a single living being and have for centuries taken care of this sacred place ⚡️ Discover one of the many cultures that make our diversity #TheBestOfColombia 🇨🇴 . La Sierra Nevada de Santa Marta, desde sus bosques esmeralda junto al mar, hasta sus picos de marfil, posee innumerables misterios 🌴🌈🌎 Los Koguis son una tribu indígena que ve la Tierra como un solo ser vivo ⚡️ Durante siglos se han ocupado de este lugar sagrado Descubre una de las muchas culturas que hacen de nuestra diversidad un tesoro maravilloso. #LoMejorDeColombia. 🇨🇴📸: @wiwatravel

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Gabriela recuerda que tenía 40 años cuando voló por primera vez a la Sierra Nevada de Santa Marta. Un grupo de indígenas que estaba en Bogotá tenía que regresar a su hogar.

Ella preguntó si podía acompañarlos, y accedieron. “Tenía una idea muy vaga sobre una etnia que vivía en las alturas de la Sierra. Sabía que era una cultura milenaria que se había preservado a lo largo del tiempo, no mucho más”.

La avioneta, que era de hélice, tardó mucho en llegar. En una de las sillas estaba mamo Jacinto, uno de los líderes espirituales de la zona. “Pude observarlo bien, me pareció mayor, conversamos poco y me regaló una mochila que aún conservo”.

Al llegar a Seizhua, en la Sierra, recorrieron la zona junto a mamo Jacinto y una persona que les ayudaba a traducir. “El mamo me dijo que yo iría a otros mundos, muy lejos, conocería a mucha gente y hablaría mucho mucho. Y que era muy importante decirles a esos hermanos menores que existía un grupo en la sierra, que por favor no contaminaran la Tierra. Para mí esa historia no tenía sentido, pero me llamó la atención la convicción con la que hablaba”.

Un día después de la posesión de Andrés Pastrana como presidente de Colombia, el 8 de agosto de 1998, Gabriela volvió a subir a la Sierra. Allí conoció a Danilo Villafañe, un arhuaco del que se hizo muy amiga y que desde entonces ha servido como puente entre ellos y nosotros, los hermanos menores.

“Mi papá había muerto dos años atrás y había sido amigo de Luis Alberto Moreno, el esposo de Gabriela en ese entonces. Así que me presenté como el hijo de Adalberto y quedamos conectados”, cuenta Villafañe en una cafetería en el centro de Bogotá.

A los pocos meses de ese viaje, Gabriela se trasladó a Washington, pues Moreno fue nombrado embajador de Colombia en Estados Unidos. “Con el tiempo fui decodificando aquello que me había dicho mamo Jacinto. Sobre todo, comprendí el tema de la fumigación. Entendí que la única forma de disminuir los cultivos de coca, que tenían un gran volumen en esa época, era con la fumigación. Era de esperarse que a los indígenas no les gustaría, pero también comprendí la posición del gobierno de ese entonces. Lo cierto es que me llamó mucho la atención cómo el mamo había podido imaginar, sentir o percibir todo lo que iba a pasar”, afirma Gabriela.

Foto: David Rugeles.


De vuelta

Impresionada con su experiencia, comenzó a coordinar desde la embajada varias visitas a la Sierra Nevada de Santa Marta de gente destacada. Ambientalistas, políticos y hasta personajes de la realeza viajaron a Colombia para exponerles la situación de este territorio.

“No sabía exactamente lo que se iba a generar y qué se podía lograr, pero la idea era movilizar unas voluntades para que pudieran apoyarlos”. En uno de esos viajes, cuenta Villafañe, Gabriela preguntó qué podía hacer por ellos.

“Le dije que necesitábamos comprar unas 300.000 hectáreas, me contestó que eso era mucha plata, y yo le dije que esa era la meta”. Al poco tiempo, ella le propuso que organizaran un foro de donantes en la capital de Estados Unidos.

Danilo Villafañe se tomó la tarea en serio. El foro lo hicieron en el año 2000 en la casa de James Kimsey, fundador de America Online. “Varios ofrecieron ayudar, pero no teníamos ningún mecanismo financiero para recibir el dinero, teníamos que tener una fundación en Estados Unidos y no la teníamos”. Sin embargo, eso sirvió para generar otro tipo de acciones.

El antropólogo Wade Davis, por ejemplo, grabó un capítulo sobre la Sierra en 2002 de su serie La luz al borde del mundo para National Geographic y se capacitaron algunos indígenas como fotógrafos, para que pudieran documentar su paisaje.

“Hubo una apertura durante el gobierno de Pastrana para apoyar la preservación de los cuatro grupos de la Sierra, los arhuacos, los koguis, los iwas y los kankuamos. Con la ayuda de Juan Mayr dieron la pauta y allí se inició todo este plan de compra de terrenos, para convertir esas zonas en reserva forestal e indígena, dentro de la visión cósmica del respeto por la naturaleza. A través de estos veinte años se han mantenido firmes y ahora hay una conciencia grande del respeto hacia esta tierra”, asegura Gabriela.

Y ahora de ida

Para Gabriela era clave que los indígenas viajaran a Estados Unidos y contaran su historia. “Fue algo muy positivo, porque minorías y medio ambiente son temas sensibles allá. Y con solo su presencia y su energía mandaban una señal de que había algo inusual, una energía extraña, que no era del día a día, que ponía a la gente en una situación de atención mayor (…).

Algunas cosas, simplemente, no aceptaron negociarlas. “Una iniciativa que se emplea en muchos países del mundo son los créditos de carbón. Así que se les propuso que podían recibir dinero para comprar más predios con estos créditos. Lo discutieron durante ocho meses y un día en Washington mamo Cuncha se paró y dijo: el día que tengan que pagarnos para preservar la Sierra, ese día se acaba nuestra cultura. Solamente el concepto de darle valor mercantil al oxígeno que producen, reñía con ellos”, cuenta Gabriela.

“Ella siempre está abriendo puertas, es la de las llaves. Lo que pasa es que yo no logré estructurar un equipo de trabajo porque también tuve inconvenientes. Mi propia gente decía que estaba vendiendo la tierra y que estaba hablando por la Sierra como si fuera el máximo líder”, reconoce Danilo, quien viajó en 18 oportunidades a Estados Unidos.

El camino continúa

Ella no ha dejado de estar pendiente de los indígenas, ni ellos de ella. Una de las cosas importantes es, por ejemplo, la salud. “Están expuestos a todo tipo de virus y enfermedades y más cuando tienen relación con el hermano menor. Teníamos que buscar un mecanismo ecológico que permitiera la preservación de medicinas en unos refrigeradores en la Sierra”, explica Gabriela.

Con esto en mente, en 2013 ayudaron a gestionar la entrega de unos paneles solares en los centros de salud de diez comunidades para que mantuvieran sus medicinas refrigeradas.

“Lo importante es que ellos se preserven como están, eso es lo que quieren. Mucha gente dice que hay que ponerles zapatos, pero esa es su cultura y no se sienten incómodos. La intervención tiene que ser modesta, cuidadosa y respetuosa, de lo contrario vamos a copiar lo que fue la Colonia, y ese no es el punto. He tenido la oportunidad de estar con niños koguis que se bañan en el río, corren descalzos y a la ropa le dan unos cuantos trancazos para que le salga la mugre. ¿Quién es uno para decirles que no hagan eso?”.

¿Qué viene?

El próximo paso, dice Villafañe, es ir al Foro de Davos, en Suiza.

“Él siempre me dice que quiere ir, no lo hemos logrado, pero quizás algún día podamos. El tiempo de Dios siempre es el correcto”, afirma Gabriela.

Luego de todos estos años, Danilo explica que lo que más admira de ella “es la tranquilidad y la transparencia para interpretar lo que va a venir y pensar en los diferentes escenarios. Es una brujita muy seria, sagaz, no es agresiva, siempre está puesta en su sitio (…) Si quisiera, podría ocupar la Presidencia de Venezuela”, dice entre risas.

Ella, por su parte, asegura que no tiene sino gratitud hacia la vida y hacia este país que la ha expuesto a estas personas que le han enseñado enormemente. “Por eso trato de hacer mi pagamento con ellos, tratando de decodificar cuáles son las mañas del hermano menor”.

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enero
18 / 2020