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El vallenato prohibido de Rafael Escalona

A 11 años del fallecimiento de Rafael Escalona, recordamos su canción prohibida, explicada por el escritor vallenato Alonso Sánchez.

Foto: YouTube

A 11 años del fallecimiento de Rafael Escalona, recordamos su canción prohibida, explicada por el escritor vallenato Alonso Sánchez.

El artículo El vallenato prohibido de Rafael Escalona fue publicado originalmente en Revista Diners No. 481 de abril de 2012

Acá está la canción en homenaje al general Rojas Pinilla, que los amigos de Escalona nunca perdonaron, y un acercamiento a la proximidad del compositor con el poder.

Un párrafo de Consuelo Araújo en Escalona el hombre y el mito llamó mi atención: «No es justo el juicio que muchos de los amigos y partidarios de Escalona intentamos hacerle para pedirle cuentas, castigarle, cobrarle o simplemente hecharle en cara lo que consideraron una
defección imposible en su obra musical»

Él es únicamente un cantor,
un cronista lírico y como tal hay
 que aceptarlo o rechazarlo, o criticarlo, sin caer en la trampa
de montarles juicios a sus actitudes. La Cacica se refiere a un canto que el maestro compuso para 
Rojas Pinilla.

«Hoy, Escalona, pese a 
amistad que mantiene con María Eugenia Rojas, prefiere no hablar de 
este suceso, que muchos de 
sus amigos y seguidores nunca entendieron ni le perdonaron».

¿Por qué recordar un vallenato del pasado de Rafael Escalona?

Desde muy niño recuerdo al maestro vestido
 de caqui y pistola visible en la
pretina del pantalón.

¿Por qué 
habría de «paniquear» tanto una 
canción del pasado a un hombre que
presumía de su arrojo? ¿Qué era lo que no le perdonaban sus 
amigos? ¿Por qué le causaba tanta vergüenza
un canto que compuso cuarenta
años atrás?

«En el apogeo de su gloria -cuenta La Cacica-, el alto gobierno decide invitar al cantor a Bogotá. María Eugenia Rojas brinda una fiesta en su residencia en la que Rafael Escalona será la figura principal y allá va él con un heterogéneo grupo musical con Víctor Soto en el acordeón […] Escalona determina hacerle un canto al general Rojas Pinilla».

Una dedicación de pocos amigos

Quienes me conocen saben que no soy versado
 en vallenato a pesar de haber nacido y crecido en Valledupar.

En mi iPod hay más música de Aldo Haydar que de Diomedes Díaz. Aún así, me llamó la atención conocer este vallenato del que consulté con el señor Google, busqué en el Ares y hurgué en mis libros de folclor para no encontrar nada nuevo.

La explicación de Consuelo es que «se trata de un canto no-nato» y que «de su recuerdo solo 
quedan aquellos que lo grabaron». De manera que me di a la tarea de encontrar a alguno de ellos.

Abrevio el cuento hasta la parte en 
que pido a mi papá que me ayude buscando en Valledupar datos que lleven esta historia a feliz término. Él habla con el Turco Pavajeau, con Andrés Becerra, con Alejandro Isaza.

Amigos suyos que fueron a la vez 
amigos de Rafael Escalona. Días después se prende una luz. El hermano de Jaime Calderón Brugés, quien vive 
en Estados Unidos, guarda comunicación con Víctor Soto en Miami.

Calderón Brugés me hace el cruce telefónico, primero con su hermano y luego, por medio de este, con el primer acordeonero que tocó las 
canciones de Rafael Escalona, y de paso el primero que interpretó vallenatos en Bogotá.

Amigo del poder equivocado

Tras varios intentos, ninguno de los dos responde el teléfono. Mientras se da la espera, analizo con el ex Registrador Nacional la cercanía de Rafael Escalona con el poder.

Calderón recuerda que en la campaña para la Constituyente, Pastrana Borrero visitó Valledupar 
acompañado por la pléyade del godismo local.

Estando en pleno evento irrumpió Rafael Escalona, quien no solo no estaba invitado sino a quien tampoco se le conocían intereses en el Partido Conservador.

«Fue directo a la mesa principal, 
saludó a Pastrana y se sentó a su lado». Finalizado el acto, Pastrana -viejo zorro de la política que años atrás sacó dividendos de su amistad con Pambelé- susurró al oído de un político local «Saquémosle 
una declaración», esperando que Rafael Escalona invitara a votar por su lista.

Algunos ad láteres acuden con sus micrófonos. Escalona elogia al Presidente pero no pronuncia la frase esperada.

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Años después, en una conversación entre Pastrana y Calderón, este le pregunta qué tanta votación aportan los personajes 
públicos del deporte o la farándula.

«Eso es un imponderable», contesta el Presidente, dando a entender que, más que votos, tributan con 
reconocimiento y popularidad.

De cuando conoció a Álvaro Uribe Vélez

Días atrás, durante un almuerzo en el hotel Dann, el abogado e historiador Ciro Quiroz me contó sobre el día en que Rafael Escalona se conoció con Uribe Vélez.

«El gobernador de Antioquia estaba en una fiesta en el Club Valledupar. Sin conocerlo, Rafael Escalona le mandó con un mesero 
una botella de whisky. Uribe la recibió con la frase Yo no he pedido whisky, a lo que el mesero respondió: Es una cortesía del maestro Escalona.

Tan pronto el mesero se lo señaló, el gobernador se desplazó hasta su mesa para saludarlo. Allí nació la amistad que luego se consolidó cuando Uribe se lanzó a la presidencia y al primero que buscó en la región fue a Rafael Escalona, quien le prestó su fama para que la usara en la búsqueda de votos».

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Víctor Soto, la voz del recuerdo

Lo primero que sorprende de Víctor Soto es el vigor de su voz. Es un hombre de ochenta años que a través del hilo telefónico parece mucho menor. También llama la 
atención su detallada memoria y la forma como engrana con facilidad 
las nostalgias sentimentales con la especificidad de los lugares.

Víctor Soto salió de Colombia hace cuarenta años. Llegó a Nueva York, donde vivió durante casi tres décadas.

De ahí emigró a Miami en busca de calor. Soto es el acordeonero que aparece junto a Rafael Escalona en aquellas bellísimas fotografías «clickeadas» por el maestro Nereo que el Ministerio de Cultura editó hace una década en un llamativo formato en blanco y negro.

«La primera visita de Rafael Escalona a Bogotá fue en 1956 -afirma Soto sin dudar un ápice-. Rojas Pinilla y el maestro se conocieron en el batallón Rondón en Buenavista y luego el general nos invitó para un toque el 7 de agosto en Melgar, que nunca se realizó debido a la explosión en Cali de dos camiones cargados con dinamita».

Mejor la guitarra que el acordeón

De manera que tenemos a un testigo excepcional de los inicios musicales de Rafael Escalona. Quizás por eso me timbro al escuchar en su voz una frase tan contundente e inesperada como polémica:

«El acordeón llegó a Rafael Escalona por necesidad, pues en la región no existían ni guitarras, 
ni violines, ni sinfónica».

¿El maestro del vallenato prefería la guitarra antes que el acordeón? Es lo que afirma Soto acordándose en esta historia:

«Escalona decía que en su casa no lo dejaron aprender a tocar acordeón, pero yo opino lo contrario: a Escalona no le gustaba el 
acordeón para su música. Le parecía 
muy poca cosa».

Corrían tiempos cuando la música 
de acordeones no era de buen recibo en los salones de la clase afortunada, lo cual plantea una reflexión: 
prohibido el acordeón en el Club 
Valledupar, a Escalona le importaba 
no ser rechazado por la oligarquía 
de su pueblo, por los poderosos.

Las estrofas prohibidas

Pregunto a Soto por qué Rafael Escalona 
prefería guitarras y violines a la 
hora de grabar sus cantos. Transcribo su respuesta literal:

«Por pretencioso. Le parecían poca cosa los 
acordeoneros de esa época». 
Luego de más de media hora de 
animada conversa, finalmente 
llegamos al punto que motiva 
mis pesquisas: la tan mentada 
canción homenaje a Rojas Pinilla, que Víctor Soto me canta de 
memoria al mismo tiempo que la 
grabo para la posteridad en mi 
teléfono celular.

El canto tiene 
tres nombres y su letra es tal cual 
sigue, a pesar de la aclaración de 
Soto de que las estrofas finales 
fueron incluidas por Rafael Escalona algún tiempo después.

13 de junio

Rojas Pinilla

El General

Ombe cada vez que esta nación
oiga ve su libertá en peligro
Ombe se da cuenta el ser divino
y manda un libertador
Se da cuenta el ser divino
y le manda un libertador

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A Colombia fue Rojas Pinilla
El que le quitó la pesadilla
Ombe porque en el 13 de junio
Ay se terminó el gran infortunio
Ahora toda América dirá
Ay que en Colombia hay libertad

Porque Colombia sentía amargura
Ombe Rojas Pinilla llegó
Porque Colombia sentía amargura
Ombe Rojas Pinilla llegó
Ombe a borrar con su ternura
La sangre que otro derramó
A Colombia fue Rojas Pinilla

El que le quitó la pesadilla
Ombe porque en el 13 de junio
Ay se terminó el gran infortunio
Y ahora toda América dirá
En Colombia hay libertad

A Chiriguaná fue a visitar
Estuvo en los llanos en Casanare
A Chiriguaná fue a visitar
Estuvo en los llanos en Casanare
Ay es muy justo general
Ombe que también visite el valle
Hombre y es muy justo general
que también visite el valle

Ombe pa’que vea que
el pueblo grita
Emocionado con su visita
Para que le cuente a sus ministros
Lo que en la provincia ha visto
y se lleve un recuerdo grato
De la tierra de Pedro Castro

¿Pero qué son estas estrofas?

Lo primero que pienso tras escucharla es que la letra es tan desafortunada que ni siquiera parece escrita por Rafael Escalona.

No olvidemos que se trata de uno de los compositores más ilustres que ha nacido en nuestro país, alguien que dio gloria a nuestra cultura con la sencillez de su poesía, que no
es lo que perfilan estos versos.

Creo entender las razones de su vergüenza 
al esconderla -y esto es lo siguiente 
que pienso-: el problema no es elogiar a Rojas Pinilla. Lo imperdonable 
es lo malo que le quedó el canto.

El canto fue grabado, según Consuelo, «en menos de lo que canta un 
gallo […] en la Radio Nacional, bajo la impecable dirección musical del maestro José María Peñaloza, que ha escogido a su gusto treinta músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional».

Varias interpretaciones

¿Para qué quería grabada una canción tan mala el general? Asuntos de vanidad, supongo. ¿Por qué recula Rafael Escalona y la echa al olvido luego de que el general cae en desgracia? Las interpretaciones quedan abiertas a 
los lectores no sin antes informar de 
una tercera -y conocida- ocasión en 
la que el maestro también flaquea ante los poderosos.

Siendo López Michelsen candidato a la presidencia, Escalona compone un canto que se convierte en himno de su campaña: López es el 
pollo.

Pues bien, un par de líneas de este canto fueron mandadas al olvido por decisión de la Dirección Liberal con la anuencia del maestro. El verso en cuestión decía:

«Que nada de Lleras ni el otro dos Lleras. Ahora es con López y el Partido Liberal».

Bajo el manto de los poderosos

El liberalismo prohibió estas líneas y Rafael Escalona bajó su cerviz. La historia me la contó Ciro Quiroz y yo le doy total crédito por venir de una persona 
no solo muy cercana al maestro sino, a la vez, un gran investigador de nuestro folclor.

Al igual que Pambelé o su amigo García Márquez, Rafael Escalona fue siempre un hombre cercano al poder. ¿Por qué la atracción de las figuras de la cultura y el deporte nacional por los poderosos? «Se 
debe a un embelesamiento -la respuesta es de Ciro Quiroz-.

Todos 
nos movemos por complejos. Lo que te impulsa es algún complejo. Rafael Escalona, en el fondo, tenía un complejo social por no haber nacido en la oligarquía local».

¿Lo 
puedo citar?, pregunto a Quiroz 
durante el almuerzo en los sótanos del hotel Dann de Bogotá. «Sí, sí. Claro. ¡No estoy mintiendo!».

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