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El mito de Hugo Chávez en La Habana

Así fueron los últimos pasos de Hugo Chávez y los movimientos políticos que hasta hoy siguen vigentes en Caracas.

Foto: Avala (talk | contribs)/ Wikimedia Commons/ (CC BY 3.0 BR)

Así fueron los últimos pasos de Hugo Chávez y los movimientos políticos que hasta hoy siguen vigentes en Caracas.

El artículo El mito de Hugo Chávez en La Habana fue publicado originalmente en Revista Diners de febrero de 2013

Toda clase de especulaciones han surgido por el largo silencio del Comandante dentro de un hospital cubano, pero ¿qué se siente en la isla? ¿Es motivo de otra revolución o somos los otros quienes nos inquietamos por su suerte?

La Habana se preocupa por la salud de Hugo Chávez a su manera. Se enfoca demasiado en sí misma. Ni siquiera en lo que le sucede y que, por azar, también pertenece al mundo, sino en lo que le concierne con absoluta exclusividad. Es demasiado importante, o eso le hace creer su soberbia.

Hugo Chávez en La Habana

Además, La Habana se juega un par de cosas importantes por estos tiempos –la nueva ley migratoria, un brote decólera, la nómina del equipo de béisbol al clásico mundial–, y la salud de Chávez puede quedar, por lo pronto, fuera de su jurisdicción.

O sea, La Habana se preocupa por Chávez, y bastante, pero lo hace, digamos, con recelo, por partes, no con toda la potencialidad que le confiere su experiencia en tales menesteres. Como si desde hace unos años estuviese mal preocuparse por cuestiones que no atañen tan directamente al tema de su supervivencia.

Preocuparse por Chávez podría tomarse como un gesto altruista y el altruismo le ha costado a La Habana demasiado sacrificio, o eso supone su gente. Aun así, no sabe desprenderse de su naturaleza solidaria. No le interesa el Chávez prócer –ya no entiende de gestas continentales, solo personales–.

Sin tintas medias

Sí le interesa, y mucho, el Chávez suministrador de petróleo, que no falte la luz, las primas provenientes de las relaciones con Venezuela, los beneficios al cash. Médicos por combustible y experiencia política por cables de fibra óptica. Pero, más que nada, quien le interesa es el Chávez persona.

Así de ingenua y limpia puede ser La Habana real. Le interesa la vida del hombre, pues al fin y al cabo se trata de algo tan imprescindible como un hombre. Lo corrobora Carmen Marchán, una furibunda evangelista de 69 años, que asiste semana tras semana al culto de Marianao, uno de los más populosos de la ciudad, y ora por esas cosas abstractas que tanto preocupan a los cristianos: la juventud descarriada, el bienestar del prójimo, la liberación del espíritu.

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Hace quince días, sin embargo, un miembro del culto pidió al pastor que improvisara una oración por Chávez, quien se negó aduciendo que no podía pedir por un político, pero que “cada uno de ustedes, hijos del Señor, puede pedir en sus casas, a manera personal”. Carmen lo hizo, por supuesto, porque para ella “Chávez es un elegido. Alguien que en sus discursos se comunica con Cristo de modo tan intenso, está iluminado”.

La sombra de Nicolás Maduro

En La Habana las principales entidades religiosas han ofrecido sus votos y cantos por la salud del mandatario. La Iglesia católica ofició, el pasado 12 de enero, una misa en la catedral a la que asistieron numerosas figuras: Nicolás Maduro, el cardenal Jaime Ortega, el historiador Eusebio Leal Spengler.

Fueron esas las fechas más oscuras, en las que a las ocho de la noche, con monástica puntualidad, el noticiero brindaba un escueto parte médico, pródigo en eufemismos que auguraban una situación nada estable para el enfermo.

A su vez, dos días antes, en la Casa de África de La Habana vieja, los más famosos santeros cubanos pidieron por Chávez en una ceremonia de rogación batá a las deidades del panteón yoruba. Previo al inicio, el prestigioso babalawo Papo Angarica dio vivas por los líderes de la Revolución.

Es más, dentro de su casa, en pleno corazón del Cerro en Santa Teresa, cuelgan de la pared, junto a dos afiches de jugosas mulatas caribeñas, sendos retratos de Chávez y Bolívar. Así, un vitoreo por Chávez y otro por Shangó, el santo vigoroso del hacha y los relámpagos.

La magia de Chávez

“Es que Shangó es el santo de Chávez –dice Giselle Grave de Peralta, 34 años, hija de Obbatalá–. A mí no me gusta ni me parece carismático. Me gusta más Correa, no Chávez –insiste–. Pero es un tipo bueno y no quiero que se muera” –luego fuma su tabaco y toca las maracas, agachada frente a su altar personal–. No obstante, la ceremonia en la Casa de África le pareció correcta. “Demuestra que las puertas de la religión afrocubana están abiertas al bien y la prosperidad y que nuestras creencias combaten la muerte”.

Pero el santero Angarica ahora prefiere callar porque la saturación constituye un peligro. Chávez le inspira compasión como enfermo y admiración como estadista, pero él es un músico conocido, quizás no le convengan demasiado las deferencias gratuitas. La Habana vive fuertes tensiones y alguien podría sacarle cuentas si algún día viajase a Miami o si el estado de cosas cambiara.

La relación de Castro y Chávez

Aunque, cómo negarlo, casi todo el mundo apuesta por Chávez como persona porque nadie se atrevería a cuestionar un sentimiento así. Claro, la gente lo aprecia como líder, y mucho. En La Habana es imposible despojarse de criterios políticos, o sobre los políticos. Aquí, cada acto público, cada simple propuesta, y hasta cada intrascendente decisión personal, puede ser tomada, si se quiere, como una postura política. No depende de ti, sino del contexto. Angarica dio vivas por Fidel y por Chávez en el lugar indicado. Bien. “No hay que excederse”, pensará.

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Pero nadie sabe nada del estado de salud de Chávez. Ni siquiera en los hospitales se encuentran datos un poco más fidedignos. En el Calixto García, bullicioso y proletario, se comenta indistintamente que Chávez ha sufrido un derrame pleural o que parece haber rebasado la bronconeumonía provocada por la intubación.

¿Fuentes que legitimen? Los partes políticos entendidos como partes médicos. Las discretas visitas de Humala, Cristina Fernández y Correa auguraron malos presagios. Los mítines recientes de Nicolás Maduro y las declaraciones bonachonas de Evo Morales apuntan a una clara mejoría.

El eterno presidente venezolano

Por su parte, en el gigantesco y primermundista Hermanos Ameijeiras, los trabajadores no arriesgan nada. Los pasillos son largos, asépticos y mudos. Pero, por lo mismo, el Ameijeiras es un hospital donde la gente sabe más, donde laboran varios de los galenos más encumbrados del país. De allí escogieron, con absoluta seguridad, parte del equipo que atiende al presidente venezolano.

Víctor Santiesteban, funcionario del Centro de Colaboraciones Médicas, ubicado en la CUJAE, la principal universidad de ciencias del país, asegura que Chávez ya se ha recuperado y que “cuando lo muestren a las cámaras lo veremos haciendo deporte”.

La euforia vital de estos presidentes

Probablemente tenga razón. La gente siempre conoce a alguien que conoce a alguien que está cerca de Chávez. Sin embargo, este parece un hombre serio y trabaja en un lugar estratégico. Del Centro de Colaboraciones parten semanalmente cientos de médicos hacia sesenta y seis países del mundo.

Es así. La Habana no muestra la euforia política de otros años, una euforia vital, ecuménica, solo el provinciano vicio discursivo La Habana-Miami, pero exporta batas blancas, atiende pacientes de diversa índole, desde Chávez hasta africanos con malaria, y todavía, malherida y locuaz, La Habana saca tiempo para sobrevivir.

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Marzo
17 / 2021
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