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De cuando el divorcio era ilegal en Colombia

En 1971, cuando el divorcio todavía no era legal en Colombia, las mujeres se pronunciaron al respecto. La primera ley de divorcio aparecería en 1976.

Foto: Fred Moon on Unsplash

En 1971, cuando el divorcio todavía no era legal en Colombia, las mujeres se pronunciaron al respecto. La primera ley de divorcio aparecería en 1976.

El artículo De cuando el divorcio era ilegal en Colombia Publicado originalmente en la edición 49 de Revista Diners, Diciembre de 1971/Enero de 1972

El divorcio no es una inquietud nueva en el país. No. El divorcio es un tema que agitándose desde hace treinta y seis años.

1935: se propuso al Congreso de la República por  primera vez, una enmienda al régimen del matrimonio mediante el establecimiento del divorcio vincular.

La reforma alcanzo a ser aprobada en la Cámara de Representantes, pero fue archivada en el Senado de la República.

1964: el senador liberal revolucionario, Iván López Botero, presentó un nuevo proyecto de ley reclamando el divorcio, pero la iniciativa no tuvo eco en la Alta Cámara aunque sus barras se llenaban cada vez que el tema era discutido.

1967: se llevó por tercera vez al Congreso la enmienda matrimonial. En las dos Cámaras Legislativas se adelantaron con tal motivo grandes debates sobre las relaciones de la Iglesia y el Estado, pero el asunto no pasó de eso y el Proyecto volvió a ser archivado.

La revolución del divorcio en Colombia

Por cuarta vez el proyecto de divorcio ha sido sometido a la consideración del Senado de la República. Su promotor ahora es el revolucionario Ignacio Vives Echeverría, y el estudio se está realizando primeramente en lo Comisión Primera Constitucional de la Corporación, con una ponencia favorable del senador Luis Antonio Alvarado Pantoja. En ciertos círculos parlamentarios se cree que ‘‘a no ser que suceda inesperado, el divorcio será aprobado por el Congreso antes de un año”.

Hay, sin embargo, quienes afirman que “de nada serviría la aprobación del divorcio, mientras subsista el Concordato entre el Estado y la Santa Sede, pues en este se contempla el matrimonio católico como el único aceptado por la ley colombiana.

Simultáneamente con la discusión del divorcio en el Senado, ha sido llevado a la Cámara de Representantes un proyecto de ley por la liberal, Consuelo de Montejo, para abolir el Concordato.

Pero en torno del alcance de la ley que se propone también se observan discrepancias de tipo constitucional.

Las trabas políticas

Algunos representantes afirman que «el Concordato no puede ser abolido por una ley del Congreso, sino por un tratado del Estado colombiano y la Santa Sede, el cual debería ser ratificado por las dos Cámaras».

Y hay otros convencidos de que puede ser abolido por una ley como la redactada por la representante Consuelo de Montejo.

Si es aprobada la ley, lo más seguro es que el Presidente de la República, atendiendo a la posición de su partido, le haga objeciones de carácter constitucional, a las cuales el Congreso podría responder con una nueva aprobación.

Si todo eso sucediere así, la Corte Suprema de Justicia tendría que entrar a decidir el pleito, a manifestar si el Concordato puede ser abolido por ley o si para que pierda su vigencia se necesita de un acuerdo bilateral entre el Estado y el Vaticano.

Lo importante, lo que motiva esta encuesta es el interés que hay por la posibilidad de que sea adoptado el divorcio vincular en el futuro inmediato.

Veamos cómo respondieron siete prestantes mujeres a la alegada conveniencia del divorcio.

¿Qué dijo Alicia Tafur?

Escultora, ceramista. Caleña. Profesora de artes plásticas. Directora y propietaria de la Galería de Arte Tafur. Ha ganado varios premios nacionales e internacionales.

«Francamente no dan ganas de seguir hablando sobre un tema del que ya se ha dicho casi todo lo que se puede decir y que está pasado de moda en la mayoría de los países avanzados. Pero en Colombia, como alguien lo dijera, siempre estamos a la penúltima moda y, además, es característico el fariseísmo.

Por esto todavía andamos pendientes de esa esclavitud. Parece que a San Pedro Claver le fue más fácil en el Siglo XVIII lograr la liberación de los esclavos negros, que a nosotras conseguir emanciparnos de este otro tipo de esclavitud muy real, que es la de tener que convivir con quien no se puede convivir.

Aquí acabaremos rompiéndonos las narices comentando de segunda mano teologías mientras seguimos dando las espaldas a lo palpable de la realidad: la de esa esclavitud por la que ,sufren muchos miles de personas y en la que está montada hipócritamente la vida de casi la mitad de matrimonios colombianos.

Los fariseos de Colombia

Pero si lo que desea usted saber, en síntesis, es que si me gustaría que se aprobase el divorcia en Colombia y por qué, le diré que sí, cuanto antes para ver si asistimos poco a poco a otro ‘ desmonte ‘ que nos hace falta: el ‘ desmonte ‘ del fariseísmo nacional, al que contribuye la situación a que me refiero. Y porque la libertad es algo que nació conmigo y no concibo ataduras de ninguna clase.

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¿Cómo va a ser posible admitir, fuera de teologías, que tenga uno que malvivir con otro, por siempre, torturándose ambos todos los días por no comprenderse ni aguantarse, transmitiéndose una amargura mutua, transmitiéndoles tensiones inconvenientes a los hijos, si los hay? A no ser que se trate de un masoquismo, esto es cosa que no cabe en ningún cerebro humano.

Cada persona tiene derecho a buscar su paz y su felicidad y tiene la obligación de no estorbar a los demás, creo yo. Si no encontramos la felicidad en el matrimonio, nada más humano que no persistir tontamente en él y buscarla los dos en otro intento, procurando salvar también la paz y la felicidad de los hijos».

¿Qué dijo Alegría Fonseca?

Boyacense. Representante a la Cámara. Graduada en la Universidad Nacional, en derecho y filosofía y letras. Integrante del Comité Nacional del Progresismo Liberal.

¿Cómo considera usted la posibilidad de la implantación del divorcio en Colombia? «En la medida en que el ser humano va tomando conciencia de si mismo, de sus propios valores, de su función dentro de una sociedad como ente colectivo, despojándose de los principios individualistas cuidadosamente inculcados desde su nacimiento y complementados por un sistema educativo sui generis, en donde priva el dogmatismo, alienante, sobre la formación consciente del hombre, va enjuiciando en la misma medida su propia sociedad; analizando críticamente todos esos principios consuetudinarios inculcados y los va descontinuando al derogar con sus propios hechos y costumbres las leyes ancestrales”.

«En el caso del matrimonio, regido por una legislación tradicional en nuestro medio, vemos cómo cada día, aumentan los porcentajes de uniones libres, concubinato, madres-solterismo y amañe, reflejando la inoperancia de tales disposiciones que solo proyectan una sociedad hipócrita de individuos en afán de continuo ascenso, que vive y se alimenta de aspectos esencialmente subjetivos y superficiales, como son: el apellido, el abolengo, la herencia, la posición social, la riqueza etc.».

«Es indudable que como elemento básico de esta clase de sociedad, el concepto de matrimonio se plasme en una legislación que no ha evolucionado, formando parte de un todo estructural del país que ya el conglomerado está rechazando radicalmente, en una lucha que va siendo apabullada por quienes con el pretexto de conservar los valores y las creencias tradicionales, se constituyen en los abanderados de la reacción y del atraso».

Un respaldo moral y familiar

«La familia es la célula básica de la sociedad, cuyo objetivo primordial es no solo traer hijos al mundo, sino ante todo dar el respaldo psíquico, físico y moral de éstos, creando las condiciones adecuadas para su completo desarrollo en el proceso evolutivo y trascendental de pre integración al conglomerado social, condiciones que solo se pueden lograr mediante el equilibrio del binomio amor-salud mental de los padres».

El amor fundamento de la célula social-familia, es ajeno a las leyes ya que no son éstas las que lo hacen posible, las que lo condicionan u ordenan cuándo debe empezar o terminar; es el hombre mismo quien, procesó en un dinámico, histórico, personal, original y encauza este sentimiento creador.

En este orden de ideas, las leyes que se expiden sobre matrimonio deben tener como base todos estos factores, además de ser dictadas para el hombre, ser limitado, teniendo en cuenta su libertad como elemento determinante en el forjamiento de su propio futuro, sin negarle la posibilidad de rehacer sus fallas, enmendar sus errores, consecuencia de esta misma dinámica personal social.

En esta forma el estado si podrá velar para que la familia esté cuidadosamente protegida, pues de la unidad y normalidad de esta célula depende el adecuado desarrollo de la sociedad.

No es solo cuestión de Iglesia y Estado

Al establecerse el divorcio vincular y el matrimonio civil en Colombia, el estado recupera la libertad que tiene para legislar sobre materias que le competen ineludiblemente; y la Iglesia continúa con sus principios sobre la materia; quienes profesen en la fe católica deberán obligatoriamente ceñirse a las normas matrimoniales que consagran la indisolubilidad del matrimonio; es en ese caso el divorcio vincular establecido en los matrimonios civiles, la confirmación de la fe religiosa, siempre que esta fe tenga bases realmente sólidas.

Por último, para quienes arguyen que el divorcio vincular atenta contra la unidad familiar, es bueno repetirles que esta disposición no es obligatoria; se aplicará en casos extremos, como última medicina indispensable en beneficio de la familia y sus componentes.

¿Qué dice Consuelo Luzardo?

Actriz de teatro y televisión. Bogotana. Desde los trece años está dedicada a las actividades artísticas. Casada con el publicista José Antonio Moreno.

«Primero que todo pienso en esos pobres seres que ya no pueden soportarse y que además tienen que aparentar que forman un matrimonio feliz, cuando ya ese paseo no lo arregla nadie. Qué bien les vendría un divorcio, que tal vez les permitiera ajustar de nuevo sus vidas.

Siempre se piensa en los hijos como supuestas víctimas del divorcio, pero yo creo firmemente que los niños no son tontos a ninguna edad y que más les afecta estar en la mitad de una permanente ‘chichonera’ que tener un nuevo hogar donde las cosas puedan marchar distinto.

Pienso también que una pareja que se casa “per secula seculorum” , con la seguridad de que legalmente eso no se romperá jamás, tarde o temprano termina con uno de ellos dando numerosos recreos, muchos marranadas sin que su cónyuge tenga derecho al merecido pataleo».

¿Qué dice Margoth Ricci?

Bogotana. Egresada de la facultad de periodismo de la Universidad Javeriana. Redactora del Vespertino El Espacio, la revista Flash y corresponsal de varias publicaciones venezolanas. Además, tiene un espacio radial femenino en La Voz de Bogotá.

Creo que le corresponde a los amigos del Congreso desenredar ese tropel de que el matrimonio eclesiástico conlleve el civil, mientras para el Derecho Canónico el matrimonio civil es solo un concubinato.

No entiendo por qué el Derecho Canónico casa a la gente, pero no legisla sobre las soluciones a los problemas conyugales. Y no tiene fuerza legal para arreglar los efectos de matrimonios desavenidos. Y eso a pesar de que —según dicen los abogados— las cosas —en Derecho— se deshacen como se hacen. (Que valga para el Canónico). Desde el punto de vista humano, entiendo que esa sola posibilidad de separación, le da mayor estabilidad al matrimonio.

En las actuales circunstancias es indiscutible que la mujer lleva las de perder. Tiene que convivir con la infidelidad de un esposo con complejo de machismo, por ejemplo. Y soportar con estoicismo los problemas conyugales porque el matrimonio es para todo la vida . Y si —valerosamente—resuelve separarse del marido, la ley no le brinda la oportunidad de rehacer su vida, mientras el cónyuge encuentra fácilmente mujeres fieles que le dan nuevas oportunidades».

¿Qué dice Lucia Castaño de Valencia?

Caleña. Odontóloga. Graduada en la Universidad Nacional. Ejerce la profesión en su propio consultorio.

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«Además de ser el divorcio una solución para un sinnúmero de matrimonios que ya no pueden convivir, existen otras razones diferentes. Uno de ellas es la formativa, por cuanto obliga a los cónyuges y especialmente al hombre, a tomar el matrimonio con una mayor responsabilidad.

La existencia del divorcio vincular se constituye en uno cortapisa que impide por si misma llegar a las situaciones extremas frecuentes en nuestro medio, como son la irresponsabilidad, el mal trato a la esposa y muchas otras de conocimiento general que se reflejan en muy corto plazo en la actitud y el comportamiento de los hijos.

De otro lado, considero el divorcio como una medida que señala el rompimiento con un pasado que nos rige aún con sus normas anticuadas para nuestro presente. No hay que olvidar que la Ley Concha o Concordato tiene poco más de noventa años de existencia.

Fue promulgada en 1880. Y es esta ley la que debe ser modificada para darle paso al divorcio en nuestro país. No dudo de que será una excelente medida de los actuales legisladores la de instituir el divorcio».

¿Qué dice Clemencia Torres?

Cantante, socióloga, ibaguereña. Estudió en la Sorbona de París, pero dejó los libros por el canto. Actúa periódicamente en los mejores programas de televisión.

«No comprendo por qué lo Iglesia Católica que es la mayor defensora de la familia, no acepta el divorcio siendo que éste es en muchos casos lo única salvación de la misma y tampoco entiendo porqué el Estado Colombiano continúa imponiendo a sus habitantes el matrimonio indisoluble, aceptando un concepto errado de una institución distinta y ajena a él.

Todo ser humano que haya fracasado en su matrimonio tiene derecho a la búsqueda de la felicidad y a rehacer su vida nuevamente con otra persona. A los hijos les conviene más un segundo hogar bien constituido en el cual esté uno de sus padres y no el primero lleno de problemas y frustraciones que tarde o temprano van a repercutir negativamente en sus personalidades.

Lógicamente, las leyes sobre divorcio deben partir de bases iguales tanto para el hombre como para la mujer y no cargar de privilegios a uno solo de los cónyuges, así como también deben ser accesibles para todas las clases sociales y no solo para aquellas que puedan con su dinero comprar estas soluciones como sucede hoy en día, con las tan famosas anulaciones de matrimonio.

Los gobiernos más civilizados del mundo y aún los más católicos, acatan el divorcio. Los colombianos debemos aceptar con la mayor naturalidad estos matrimonios civiles efectuados en el exterior».

¿Qué dice Edilia Ortega de Suárez?

De Mocoa, Putumayo. Graduada en la Universidad libre. Abogada. Desempeña el cargo de juez sexta penal municipal en Bogotá.

«El divorcio vincular, como muchos señalan jocosamente al matrimonio, es un mal que, en no pocas ocasiones, reviste el carácter de ‘necesario ‘. El ideal de un matrimonio es el de que en la familia reine el amor, la comprensión, el respeto y ayuda mutuos entre los cónyuges y entre estos y sus hijos.

Ahora, si los sentimientos que sirven de base a un matrimonio, no digamos que ideal sino por lo menos normal, desaparecen. Si uno de los cónyuges no afronta, sin causa que lo justifique, las responsabilidades que le son propias y elude el cumplimiento de las obligaciones inherentes al estado civil que acusa.

Si su conducta es un atentado contra la dignidad de la familia, si sus ejemplos son un verdadero perjuicio para sus propios hijos. Es apenas obvio que el divorcio vincular se convierte en una auténtica necesidad. No hay razón valedera para que las consecuencias de un error deban soportarse para siempre».

Hipocresía social

La doctora Ortega de Suárez recuerda que todas las pretensiones de establecer el divorcio vincular en Colombia han fallado. «Frente a escollos especialmente generados en el fanatismo religioso que caracteriza a nuestro pueblo. Y en la ‘hipocresía social’ propia de muchos de sus más altos dirigentes y representantes».

Dice, de otra parte, que antes de que se apruebe el divorcio debe derogarse la ley 54 de 1924, más conocida como la «Ley Concha», para que no exista la necesidad de «apostatar» de la religión católica como condición previa para celebrar el matrimonio civil.

La abogada desea buena suerte para la iniciativa de establecer el divorcio, que jamás consideraría como un atentado contra la estabilidad de la familia. Y dice finalmente que su opinión es el fruto de:

«Una larga experiencia judicial en orden a la cual, a diario, hemos visto desfilar ante nuestros ojos infinidad de hogares destrozados. Y condenados a vivir, por siempre, una situación de angustia y desesperanza”.

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Marzo
04 / 2021
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