"Porfirio Barba Jacob vivió el verdadero dolor y sufrimiento"

El historiador Abelardo Forero tuvo el privilegio de compartir con el gran poeta Porfirio Barba Jacob, conocido también como Miguel Ángel Osorio Benítez, quien cumple 80 años de su fallecimiento. En Diners, recordamos la crónica de Forero, escrita en una prosa sin igual.

En la casa de Porfirio Barba Jacob

Víctor Amaya González, un gran poeta, poseedor de una finísima sensibilidad, era íntimo amigo de Porfirio Barba Jacob y su efusivo admirador.

Durante los años mantuvo ese noble culto. Lo invitaba con frecuencia a cenar a su casa, atestada de libros. Se improvisaba una inteligente tertulia literaria. Allí tuve la oportunidad de conversar varias veces con el poeta nacido en Santa Rosa de Osos, del antiguo Estado Soberano de Antioquia.

El hombre que parecía un caballo. Era flaco, desgonzado, desgarbado, sarmentoso, con una voz conmovedora, unas manos huesudas y elocuentes. Sus maneras de una cordial gentileza, la voz honda como la de alguien que ha bajado varias veces a los círculos infernales.

Hablaba con riquísima imaginación de sus viajes, sus reveses, sus aventuras, los hombres de Estado que había conocido, las redacciones de los periódicos donde trabajó, los mares en que su barca estuvo a la deriva, las ondas que impulsaron su esquife azul a la ventura. «Y nadie ha sido más feliz que yo».

Era el centro de atención

Siempre estaba en trance poético. Todo lo que decía estaba iluminado por su luz interior. Al hacer el elogio de los manjares, servidos por la amistad hospitalaria, nos creíamos trasladados al festín de Trimalción.

No abrigaba ninguna amargura con la vida, que en muchas oportunidades le había ofrecido la cicuta. Ninguna emulación con los poetas de su tiempo.

El encomio (alabanza) brotaba irisado, al hablar de los versos de Maya o de León de Greiff. De repente, agitando nerviosamente las manos, como en una escena ritual y con su voz más honda prorrumpió:

Vea también: Canción de antiguos amantes, la nueva joya de Laura Restrepo

En boca de Porfirio Barba Jacob

«Valle fértil, con ojos azules
que el rumor del juncal adormece
si silba en los juncos una aura lontana…

Fácil coro de aplausos que mece
con moroso ritmo mi musa liviana…

Un laurel y la hembra en la umbría
a mi voluntad soberana.

Alma mía qué cosa tan vana
impúber flautista de rostro florido
que a la luz de un candil imbuido,
(era invierno, brumosa mañana)
rindióse a mi ardor sin sentido.

Viaje loco… locuras innúmeras
y contra la muerte, coros de alegría
flautista del norte, la orgía pagana
pavor en la orgía.

Alma mía… Alma mía
qué cosa tan vana».

La tristeza de un poeta

Absortos, ellos permanecíamos escuchando al fauno crepuscular. Sus versos conturbadores abrían un abismo desconocido: el dolor y el sufrimiento.

He aquí el hombre desnudo y lacerado, con su piel que es la más sensible de todas las pieles, frente ante su sórdido espejo que le devuelve el faunesco rostro de sí mismo, en la hondura de su pecado.

Vea también: Seis de las bibliotecas más hermosas del mundo

Y en la pánica alegría, el ala de la muerte:

Un viento… un viento… un viento
y en ese viento mi alarido
.

¿Quién fue Porfirio Barba Jacob?

Porfirio es la descripción perfecta de la palabra revolucionario. Nació el 29 de julio de 1883 y desde entonces no dejó de recorrer Colombia. Luego decidió hacer lo mismo con Latinoamérica, por lo que estuvo radicado en Argentina, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Perú, México, entre otros países donde vivió de sus publicaciones literarias, el periodismo y la propaganda política.

A donde fue siempre lo reconocieron por tener un espíritu pasional y nostálgico, tal y como se ve en sus poemas. Fue abiertamente homosexual y su amigo Nicolás Bayona lo describe como el maestro que podía fusionar las embriagadoras melodías de la época con pensamientos alucinantes.

Entre sus obras más representativas se encuentra El hombre que parecía un caballo y otros cuentos, Acto de agradecimiento, Nocturno, La carne ardiente, Un hombre, Valor y Virtud interior, entre más de 70 escritor hechos entre 1895 y 1914.

Porfirio Barba Jacob murió de tuberculosis en Ciudad de México en 1942. En 1946 su cuerpo llegó a Colombia para una ceremonia pública en homenaje al poeta que repetía a todo pulmón en sus fiestas: «Vale más el oro del sonido, que el sonido del oro».

También le puede interesar: Porfirio: un poeta con toda la Barba Jacob

Óscar Mena

Entradas recientes

Los secretos mejor guardados del squash, según el campeón Miguel Ángel Rodríguez

Diners conversó con el reciente campeón de squash de los Juegos Bolivarianos 2022 sobre técnicas…

4 horas hace

¿Qué es el derecho al olvido en internet y cómo puede solicitarlo?

Los países de la Unión Europea son los únicos que pueden hacer este trámite por…

10 horas hace

4 recetas hamburguesas gourmet para hacer en casa y compartir

Estas recetas de hamburguesas gourmet vienen en una versión actualizada para disfrutar sin ningún tipo…

12 horas hace

Día Internacional del Gato: 6 mitos sobre los felinos

El gato es el único animal que cuenta con tres celebraciones al año. Aquí le…

13 horas hace

‘Una vida, muchas vidas’, reseña del libro autobiográfico de Gustavo Petro

Gustavo Petro se posesionó como presidente de la República. Esta es la reseña de su…

2 días hace

Buena Suerte, Leo Grande: una mirada al sexo desde la comedia y la franqueza

La nueva comedia ‘Buena Suerte, Leo Grande’ presenta a la ganadora del Óscar Emma Thompson…

2 días hace