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Fundación Gratitud y la economía creativa para soñar, crecer y cambiar

Esta fundación, creada por el cantante Fonseca y el literato Camilo Hoyos, confía en el arte como un poder transformador de la sociedad. En Soacha iniciará un proyecto –apoyado por CoCrea.

Foto: Cortesía Fundación Gratitud

Esta fundación, creada por el cantante Fonseca y el literato Camilo Hoyos, confía en el arte como un poder transformador de la sociedad. En Soacha iniciará un proyecto –apoyado por CoCrea.

Hace cinco años, en medio de una charla entre el cantante Fonseca y su amigo escritor Camilo Hoyos, nació la idea de decirle a la gente que el arte es tan poderoso que puede transformar las vidas y sacar flores del fango, como decía Facundo Cabral. 

Y es que Fonseca y Hoyos –quien antes de dedicarse a la literatura tocaba el bajo en la banda del artista–, son amigos que no se han separado desde prekínder y hoy comparten la misma visión de sociedad. Juntos se pusieron a armar un proyecto en el que esa Colombia herida pudiera tener en el arte una oportunidad para sanar.

Fonseca
Foto: Cortesía Fundación Gratitud

“Un día nos imaginamos qué pasaría si recibiéramos a un grupo de diez desmovilizados, luego un grupo de diez exparamilitares, todos de los Llanos Orientales. ¿Qué sucedería si en vez de matricularlos en un proceso de reinserción, los ponemos a escuchar, durante hora, un arpa llanera?”, cuenta Hoyos. 

Estaban seguros de que por ahí había un camino, pero no sabían cómo llevarlo a cabo. “El arte y la cultura pueden ofrecer las vías para que podamos vivir en una sociedad más igualitaria y más incluyente. Nos permite, sin ser músicos o pintores o escritores, reaccionar mejor ante la diferencia”, asegura.

Desde entonces, Camilo Hoyos ha trabajado y estudiado arteterapia y musicoterapia para generar bienestar y salud mental.

Capacitar en la gratitud

La Fundación Gratitud, creada en 2017, tiene el mismo nombre de una de las canciones de Fonseca. Una composición con sonidos vallenatos que agradece lo vivido, los tiempos de fiesta y a quienes han formado parte de todo ello. Un sentimiento que quisieron devolver. 

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Desde esta organización capacitan a personas inquietas artísticamente para convertirlas en gestores culturales, en líderes de sus comunidades, que puedan transmitir la posibilidad de accionar un tejido social en el que el arte ayuda a enaltecer valores como la empatía, la confianza y la validación del otro.

Foto: Cortesía Fundación Gratitud

“No buscamos al próximo Fonseca. Si lo encontramos, lo vamos a apoyar. El objetivo no es sacar música sino generar procesos terapéuticos y acercar la cultura al bienestar emocional”, explica Hoyos. 

Ambos son conscientes de que el proceso toma tiempo, pero es seguro, porque cuando una comunidad empieza a sanar, los cambios llegan. “Esa capacitación no es solo artística, también los formamos para que puedan desarrollar prácticas de sostenibilidad económica. No solo es vital trabajar en competencias como autoconocimiento, autorregulación y autocuidado –tres palabras que nos identifican–, queremos que estos gestores tengan competencias gerenciales, que sepan presentar un proyecto, aplicar a una convocatoria, buscar contactos empresariales, que sepan facturar”.

No son una productora cazatalentos

Al principio algunos los confundían con una organización que iba a regalar instrumentos musicales o una productora cazatalentos. Pero no. Profesionalizar gestores culturales es la gran meta para lograr un espacio terapéutico y validar las diferentes expresiones. 

Fundación Gratitud
Foto: Cortesía Fundación Gratitud

Así, Hoyos se apresura a contar que una de las experiencias más gratificantes ha sido con Carlos Lizca, quien ha vivido siempre en Soacha. “Él formaba parte de las pandillas de los ochenta, donde pocos sobrevivían, y se acercó a nosotros porque quería evitar que las bandas reclutaran a niños, como lo hicieron con él, y los utilizaran para la venta de bazuco. Hoy, gracias a la formación que recibió, se convirtió en un gestor cultural de la fundación”.

Desde Gratitud, todas las expresiones artísticas son escuchadas, legitimadas y validadas. “El rap habla de cómo hay que superar el día a día para poder llegar a hacer algo; en el hip hop hay resistencia, y nuestros sonidos patrimoniales también tienen una voz. Trabajar en equipo es hacer de la confianza y la empatía las maneras de visibilizar y validar todo ello”.

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Soacha, un lugar para resignificarse

Justamente, trabajar con tan diversos jóvenes de este municipio, a donde también han llegado muchos venezolanos, ha sido un reto. Es un lugar en donde todos quieren ser escuchados y su riqueza cultural está en la diferencia. 

Soacha, un eje en el que confluyen todos los dolores y las alegrías de este país, es protagonista de una convocatoria que acaban de ganar con CoCrea, la corporación nacional para el desarrollo de la cultura y economía creativa.

CoCrea
Foto: Cortesía Fundación Gratitud

El proyecto, que además cuenta con la participación de la constructora Amarilo, consiste en construir un centro cultural en Soacha. “Nos lo imaginamos como un gimnasio de las emociones para los jóvenes entre los 15 y 30 años; un centro cultural de cuatro mil metros. Será un espacio de visibilización, para trabajar juntos desde la confianza. Si esta no existe, no se logra nada. Tenemos que fortalecer el trabajo colaborativo entre la comunidad y las instituciones y esperamos impactar a mil jóvenes”.

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Septiembre
22 / 2021

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