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Carlos Vives y Cumbiana: “Yo jamás he sido un folclorista”

Hablamos con Carlos Vives acerca de Cumbiana, un viaje a los sonidos ancestrales de los pueblos zenúes y chimilas de la costa norte colombiana.

Foto: Andres Oyuela / Cortesía Paola España Press

Hablamos con Carlos Vives acerca de Cumbiana, un viaje a los sonidos ancestrales de los pueblos zenúes y chimilas de la costa norte colombiana.

Te voy a pedir que cierres los ojos por un momento –me dice Carlos Vives–, que cierres los ojos y viajes conmigo”. Cumbiana es un mundo perdido. Un lugar anfibio en el que el agua dulce se encuentra con el mar. Una nación en donde palpitan tambores alegres, laten llamadores y vibran tapados. “Te voy a pedir que cierres los ojos y atravesemos los ríos, las ciénagas. Que imagines que no hay carreteras. Que llegamos al delta”. Al Caribe que habitaron los pueblos zenúes y chimilas. Al que el hombre blanco llenó de asfalto, dejó sin aves y sin manglar. “Imagina un lugar de gaitas y cantos felices”, dice Vives.

Cumbiana, su último disco, es un regreso a esa memoria perdida, al origen del territorio y del sonido. Es una música tan anfibia como su historia: patrones de vallenatos, de cumbias y de porros, reescritos y vestidos por Vives con la modernidad y el estilo de quienes lo acompañan: Rubén Blades, Alejandro Sanz, Jessie Reyez, Ziggy Marley y Elkin Robinson. Diez canciones que le cantan al cielo, al agua y a la tierra.

cumbiana

La música debe ser política, pero jamás politiquera. Porque ella es fiel al territorio, a la gente, a sus orígenes. Y a esas cosas deberíamos ser fieles siempre


¿Este es un disco de cumbias?

Este disco es, ante todo, una reflexión sobre el territorio que habitamos. Al final, cuando uno canta vallenatos, cumbias o porros, está cantando la música de una cultura anfibia. Y por anfibia me refiero a dos cosas: a un pueblo del agua, de los ríos y las ciénagas, y a un sonido que bebe de varios ritmos. Cumbiana son diez canciones comerciales sobre patrones que ya he usado antes: cumbias, champetas, chalupas. Siempre trabajo con los aires que me gustan y esta vez no iba a ser diferente. Lo que sí es distinto es que tengo más conciencia de que hubo una cultura en ese territorio, que dejó sus huellas y nos legó su herencia.

Entonces, ¿por qué Cumbiana?

Porque la cumbia es el origen de todo. De ahí sale lo demás. Siempre hemos pensado que llegó de África, nos quedamos con la idea de que el nombre se debe a un tambor anabonés que se llama cumbé.

Y resulta que no, el cumbé nunca llegó a nuestro territorio. Cumbia es una unión de sílabas indígenas. Es decir: la cumbia es nuestra, es andina.

Pero sí tiene ritmos africanos…

Sí, claro. Es producto de las relaciones de un territorio anfibio. Hubo lugares en los que el africano se unió con el español y lugares, como El Paso, Cesar, en los que se unió con chimilas pocabuyes. Nuestros ritmos son matrimonios, por ejemplo, el porro es jazz más cumbia. Lo de Pacho Galán o Lucho Bermúdez es cumbia con instrumentos de viento que improvisan sobre una base.

¿Y qué pasó luego? ¿Cómo llegó la cumbia a países del sur, como Argentina, o del norte, como México?

Pasó que, luego, la cumbia se convirtió en industria. Se electrificó y dejó de ser folclor puro. Apareció Guillermo Buitrago y cantó canciones de Escalona y Emiliano Zuleta con una guitarra. Llegaron los acordeones, la música comenzó a grabarse y nacieron grupos como Guaguancó, Sonora Dinamita, Cuarteto Imperial. Así fue como llegó a Ecuador y a Bolivia, y siguió por Centroamérica hasta El Salvador, Nicaragua y México. A ellos les llegó nuestra cumbia industrializada y fue algo tan fuerte, que de no haber sido así, Selena cantaría rancheras y corridos.

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¿Este disco es folclor?

No. Yo jamás he sido un folclorista. Cuando hice Clásicos de la Provincia, los intelectuales más pesados de nuestro país y de la industria me mandaron a fusilar. Ellos decían que esa forma de ponerle batería y guitarra eléctrica al vallenato estaba muy lejos del folclor. Yo, para entonces, era actor y galán de telenovelas, así que les dije: “Mírenme, ¿a ustedes les parece que soy como Leandro Díaz o Alejo Durán?”. No soy un folclorista, lo tengo claro desde hace 27 años. Conocí a Alejo, a Leandro, a Emiliano, y estoy consciente de que no soy como ellos, soy una nueva generación que quiere inventarse algo a partir de esa herencia. Si me preguntan: soy el rock & roll de esos folclores.

cumbiana

En Cumbiana, Vives destaca los aportes culturales de los pocabuyes, la nación chimila y los pueblos zenúes que habitaron las tierras colombianas.


Pero cuando lanzó el Rock de mi pueblo le dijeron que no era rock…

Sí, me pasó lo contrario. Y a todos los respondí igual: “Pues, es que no sé de qué pueblo eres tú, por lo que dices, eres de Liverpool”. Yo soy de este pueblo y este es mi rock. Cumbiana es un paso más para entender las cosas. Los nuevos artistas me han buscado para hacer colaboraciones. Hacen su música desde ritmos urbanos y quieren que yo sume mi aporte. Hay algo mío que ellos buscan, algo que es mi esencia y que la gente quiere oír.

Usted hablaba de haberse inventado algo nuevo desde su herencia, ¿cuál es esa herencia?

Yo crecí entre música, entre vallenatos y cumbias. Mi papá era médico y con frecuencia íbamos a comer donde sus amigos pescadores. Ellos traían tambores y se ponían a cantar. Poco a poco fui conociendo los sonidos y los lugares de esos pueblos que ahora están olvidados. Todo me marcó y me ayudó a definirme en la vida, por eso, cuando tuve que buscar un nombre, elegí Carlos Vives y la Provincia. Tenía como referencia: Juan Luis Guerra y 4.40, Rubén Blades y Son del Solar. Mis tíos, que también eran médicos, habían hecho su rural en la provincia y gracias a ellos yo había estado cerca de su gente, de su carisma, de sus historias. Ellos me definen.

Muchos críticos lo consideran uno de los precursores del tropipop y el pionero de una generación de músicos que mezclan ritmos urbanos y caribeños. ¿Está de acuerdo?

Es una historia demasiado reciente para no verla. Yo trabajaba en novelas, me fui a vivir a Puerto Rico y me firmó por primera vez una disquera para cantar pop y baladas de otros compositores. Luego, regresé a mi tierra e hice Escalona, una serie sobre un personaje que conocía desde niño, que estudió con mi papá en el colegio y del que no tenía que aprenderme ninguna canción porque ya me las sabía todas. Entonces, pensé: “Esto tiene mucho más sentido que todo lo demás”. Me di cuenta de que el pop y el rock habían nacido de folclores tan humildes como el mío y que lo único que necesitaba era asumir mi localidad. Eso hice y, la verdad, hay algo de orgullo y rebeldía.

Dentro de la expectativa del disco, vimos unas fotos suyas en el delta, vestido de blanco y anunciando que formaba parte del pueblo indígena de los coronados. ¿De qué se trata esto?

Hace un tiempo me crucé con Wade Davis, documentalista que hizo El sendero de la anaconda, y con Robert Kennedy Jr., activista que encabeza River Keepers, la organización que logró la descontaminación más grande del río Hudson en Estados Unidos. Ellos dos tienen sus sueños puestos en el Magdalena y cuando nos conocimos y les hablé de los territorios anfibios de la cumbia, quedamos conectados y comencé a ir a los pueblos palafitos, en Ciénaga, Santa Marta.

Me inventé todo este viaje para contar nuestro territorio, para recuperar esa memoria que perdimos y entender eso que somos. Nosotros construimos una carretera sobre el delta y tapamos el cruce del agua salada con el agua dulce, matamos el mangle, espantamos las aves que venían a emigrar. No entendimos y como no entendimos, dañamos. Por eso es importante recuperar esa memoria.

Cumbiana reúne sonidos del folclor, como porros y cumbias, fusionados con ritmos contemporáneos.

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Algunas de las críticas a esas fotos han sido bastante duras. Lo acusan de apropiación cultural y colonialismo. ¿Qué opina?

Yo siempre supe el riesgo que implicaba inventarme este viaje. Podían levantarme en redes y decir que soy un irrespetuoso con los indígenas. Que me estoy disfrazando, que todo es pose. Pero aun así, me fui para allá y me vestí tratando de recrear ese pueblo, ese mundo que desconocemos porque nunca entendimos y fuimos desapareciendo poco a poco. Un mundo que tenía diferentes edades.

Cuando llegaron los europeos, no todos los pueblos tenían la misma edad ni la misma evolución espiritual. Por eso creo que vale la pena recrear esos universos y contarlos. A todos nos gusta que nos pongan a volar y a viajar con la imaginación. Que nos cuenten historias, que nos enseñen. Yo quería apostarle a eso.

Carlos Vives

Esta producción musical es la número catorce del cantante samario y cuenta con colaboraciones como la de Rubén Blades.


¿Cuál es su objetivo con Cumbiana?

Yo aspiro a tocar el corazón de los colombianos y a mostrarles que le debemos mucho a ese río, lo que hemos sido y lo que somos ahora. Aspiro, también, a que entendamos que vivimos en el mundo del entretenimiento y, más que lamentarlo, lo convirtamos en nuestro aliado. Uno piensa en películas y en dibujos animados y nosotros como país tenemos una reserva increíble para esa industria.

¿Cree que la música debe ser política?

Sí, claro. La música debe ser política, pero jamás politiquera. Porque ella es fiel al territorio, a la gente, a sus orígenes. Y a esas cosas deberíamos ser fieles siempre.

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Julio
07 / 2020


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