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El día que Rafael Escalona conversó con él mismo para Diners

El maestro Rafael Escalona le contó a Diners pinceladas sobre su vida y, por supuesto, los diferentes detalles de su mural y los símbolos que en él se representan.

Foto: Rodrigo Moncada

El maestro Rafael Escalona le contó a Diners pinceladas sobre su vida y, por supuesto, los diferentes detalles de su mural y los símbolos que en él se representan.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 278 de mayo 1993

Se me ha pedido que diga algo sobre Rafael Escalona. Eso en una biografía es lo más fácil, pero en este caso resulta un poco embarazoso porque yo no puedo decir de mí mismo que soy mala persona, ni tampoco puedo jurar que he sido un angelito de esos que pintó Miguel Ángel y que se encuentran allá en el Vaticano con la Santísima Virgen.

Por eso me limitaré a recordar, entre comillas, algunas cosas que sobre mí han dicho ciertos amigos. Son cosas buenas, claro, y por eso es que las recuerdo. Mi buen amigo, el presidente Belisario, en homenaje y condecoración que me brindó en el Palacio de Nariño, dijo: «Hoy vamos a acercarnos al arte más auténtico porque emana directamente del pueblo, y al cantor que ese pueblo más quiere. Y el asunto va en serio.

Tan en serio, que Gabo ha dicho más de una vez, y hoy me pidió que lo repitiera aquí ante ustedes, que Cien años de soledad no es más que la tentativa de un vallenato de 450 páginas.


«En dedicatoria de un libro de Gabo para Escalona, Gabo le pone: ‘Al hombre que más admiro en el mundo’. Esta no le gustó al maestro porque pensó que era, en lenguaje de Macondo, ‘mamadera de gallo’ de Gabriel. El cual explicó que no, que era de veras; que la gente que él más admiraba es aquella que sabe hacer bien hechas las cosas que él habría querido hacer y no es capaz, por ejemplo componer vallenatos».

Otro de los amigos que me aprecian bastante es el doctor Alfonso López. El dice de mí: «Nadie puede convertirse en poeta si no nace con ángel. El de Escalona es grandote, como decimos en el altiplano, o ‘cipote ángel’, como se dice en la Costa, porque siendo un hombre letrado consigue ser un creador de folclor que alcanza una popularidad de dimensiones increíbles.

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Es uno de los más extraordinarios fenómenos colombianos entre mis contemporáneos. «Rafael se tomó a Colombia y posiblemente a los países de habla hispana, desde el momento en que proyectó los ritmos de las ciudades de los santos reyes del Valle de Upar hasta aquella región del aire a donde sólo van los satélites extraterrestres y se construyen casas en el aire con una cuota de canciones».

Vallenatos a pincel


En esta obra pictórica he tratado de resumir gráficamente algunos aspectos fundamentales de mi vida, a los cuales están ligados también mis ancestros legendarios expresados así: el indio Tayrona; personajes de la tradición folclórica popular vallenata como «Juanaria», que influyó grandemente en mi creación musical; también están mis admirables amigos y hermanos folclóricos Emiliano Zuleta y Colacho Mendoza, quienes representan, entre otros, a los juglares de mi tierra vallenata.

Aparecen –no podían faltar dos grandes patriarcas de Colombia, dos entrañables amigos, dos banderas de lucha y superación: Gabriel García Márquez y Alfonso López Michelsen, ex presidente de la república, éste, principal gestor del departamento del Cesar y amante sincero de mi pueblo y del folclor vallenato.

No podía dejar por fuera a mi comadre Consuelo, “La Cacica», heredera de la rebeldía, el tesón y la fuerza espiritual de los arhuacos. La casa en el aire, canción a una hija, es el retrato de mi inspiración.

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Están el arco iris y las golondrinas, y la caja, la guacharaca y el acordeón, instrumentos cómplices de mis serenatas amorereras. Dejo volar las «mariposas amarillas” de Gabito por el paisaje universal de la fantasía, hasta posar mi corazón en el sagrado convento de Santo Domingo en Valledupar, donde invoco una oración de paz por toda mi Colombia.


Con mucho amor saqué estas canciones de la mochila india dibujada de estrellas que me regaló Pedro y que a él le había regalado un cacique de la Sierra Nevada.


En esta mochila también están escondidos muchos tesoros de la «Ciudad Perdida». Mis canciones, todos lo saben, las regalé a Colombia; se llaman Cantos Vallenatos de Escalona. En cada pie de foto les hablaré de los detalles.

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Octubre
10 / 2019


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