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Los Fierros: una película de bandidos, cine negro y una reflexión sobre la familia

El 12 de septiembre llega a las salas de cine la película Los Fierros, conversamos con su director, Pablo González.

Foto: Gregorio Mariño

El 12 de septiembre llega a las salas de cine la película Los Fierros, conversamos con su director, Pablo González.

Los Fierros cuenta la historia de Federico, quien acaba de salir de la cárcel, después de pasar siete años por un intento de robo que realizó junto a su hermano Ramiro. A su llegada al pueblo donde creció se reencuentra con su mamá y su padrastro. Ella lo ama profundamente, mientras él lo odia y lo culpa de los malos caminos que siguió Ramiro. 

Su hermano no ha cambiado mucho y sigue metido en negocios extraños con el capo que maneja el pueblo a su antojo. Por eso Federico decide desafiarlo a una carrera en motos para que perdone las deudas de Ramiro. Sin embargo, la carrera está arreglada y eso desencadena una serie de sucesos que obligan a Federico a ir hasta las últimas consecuencias para salvar a su familia. 

Este es el segundo largometraje del director Pablo González, quien logra plasmar una historia llena de dilemas y traiciones, pero en la que también se conjuga la de un hombre que está dispuesto a hacer lo que sea por su familia.

Conversamos con González sobre su película, el proceso de rodaje y la familia. 

¿Cómo se empezó a gestar Los Fierros?

Me llamaron de Dynamo y me dijeron que tenían un proyecto que podía ir por la línea de cine negro y de las cosas que había hecho. Me abrieron la puerta y dejaron que me apropiara del proyecto y le metiera cosas. Dago García y los productores de Dynamo me dieron total libertad para hacer lo que quisiera con el proyecto.

¿De quién es el guion?

La idea original es de Mauricio Leiva-Cock y el guion que filmamos es una versión de Camilo Prince, Mauricio y yo.

¿Cómo fue el proceso para escoger los personajes? ¿Apenas leyó el guion supo quienes eran los indicados?

No, en realidad fue un proceso largo. No me sentía contento con nadie y un día llegó Alejandro Buitrago (el protagonista) a regañadientes, no quería hacer el casting, se quería dedicar a otras cosas y el horario no cuadraba. Empezamos a hablar, le conté, se empezó a entusiasmar y logré convencerlo de hacer la película.

Con Rodrigo Jerez pasó algo también. Él se presentó para hacer de Federico, el protagonista, pero yo le dije que intentara con Ramiro, el hermano de Federico. En el guion era un personaje mucho menor, pero cuando lo hizo me encantó y cambiamos la historia para que funcionara.

Los Fierros

Foto: Gregorio Mariño

¿Dónde grabaron la película?

En un barrio que se llama San Javier, en el sur de Bogotá, en Fontibón, hacia la salida por Mondoñedo, en Cajicá y en otros lugares cerca a Tabio.

¿Por qué escogieron estos paisajes medio lúgubres, tristes, un poco tediosos y que se alejan de lo que muchas veces quieren retratar en otras películas sobre lo que es Colombia?

Primero, quería crear una atmósfera que representara lo que le pasaba a los personajes por dentro. Entonces ahí se refleja esa turbulencia, la pesadez y todos los problemas que viven los personajes. Por otro lado esta película también tiene mucho de western. Se desarrolla en un pueblo, pero tampoco quería que se sintiera ese ambiente rural exótico, ni idílico, ni esa visión romántica del campo. 

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Yo viví en la sabana de Bogotá y vi el cambio que ha vivido esta zona de la ciudad. He visto cómo pasó de ser una zona de campos a convertirse en industrial, cómo pueblos que eran muy tranquilos se volvieron medio lumpen y cada vez que llega una nueva industria y sus trabajadores, también se vuelve un problema social. Por eso quería configurar a partir de muchos espacios la idea de ese pueblo.

Los Fierros Película

Foto: Gregorio Mariño

¿Cuánto duró el rodaje de la película?

18 días, fue a toda “mecha”. 

¿Hubo contratiempos durante la producción?

No, todo funcionó perfecto, de hecho un día salimos temprano y todo. La película está hecha en un esquema muy claro que tiene unos presupuestos que no son muy grandes, pero que si no se hace dentro de unos límites no funciona. Fue un experimento que al final impacta con el resultado a nivel estético. Creo que uno se vuelve más creativo cuando le ponen estas restricciones. Digamos, para Cord, mi primera película, me pude demorar el tiempo que quise pero no tenía un peso, en cambio aquí había presupuesto pero no me podía pasar del tiempo. Unas por otras.

 

Fuera del tema de la violencia, la historia también es una referencia muy fuerte hacia la familia y esos lazos que son inquebrantables, ¿por qué?

La verdad no sé. Pero hay muchos de mis cortos y películas que tienen que ver con eso, me parece que es un tema muy fuerte. La película trata sobre bandidos, pistolas, cine negro western, pero también es una reflexión sobre la familia. 

Siento que la institución de la familia la asumimos como algo dado y es muy difícil que alguien ponga en duda el valor de la familia por encima de todo, sobre todo en Latinoamérica. En Europa, donde el Estado es tan poderoso, el concepto de familia se diluye un poco porque es el que se puede encargar de uno en alguna carencia. Aquí no, la institución básica es la familia y es lo que nos ayuda a sobrevivir. Con Camilo reflexionamos sobre eso y nos preguntamos qué pasaría si estuviéramos mejor sin la familia y si romper ese vínculo que es sagrado podría ser más positivo.

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Tomamos un elemento muy característico del cine negro que es el destino y lo unimos a eso de que es imposible escoger las personas que van a hacer parte de su vida.

¿Cómo han recibido la película?

En el Festival de Roma la catalogaron como una película de crítica social sobre las realidades de algunos sectores, pero esa no era mi intención. Uno trata de decir algo y lo pone en la película, pero la gente la puede interpretar de otra forma, y con suerte no lo hace quedar tan mal, y que la gente la asuma como quiera me parece muy chévere.

¿Cómo empezó el amor por el cine o cuál es su primer recuerdo?

Por mi papá. Él es William González, director de cine y televisión, así que crecí en ese medio. Desde chiquito me llevaba a los sets de grabación. Así que siempre me ha gustado el cine, es una vocación. Me encanta que hay que saber cosas técnicas, pero también es un buen receptáculo para otras artes. Uno puede ver todo desde el cine: la literatura, la fotografía, la pintura, el teatro, todo tiene que ver, es un medio que está en el centro de las cosas creativas.

¿En algún momento pensó dedicarse a otra cosa?

Me interesaba la biología. Estaba muy pequeño y pensé que de pronto podía hacer documentales sobre animales. Igual siempre estuvo relacionado con el cine.

Película Los Fierros

Foto: Gregorio Mariño

¿Hubo alguna película que lo hubiera marcado en su infancia?

Cuando estaba chiquito me gustaba Indiana Jones. De hecho todavía la referencio un montón con mi socio, Camilo Prince, que es el co-guionista de Los Fierros.

¿En dónde estudió cine?

Entré a la Universidad Javeriana porque había énfasis en producción audiovisual y mi plan a largo plazo era irme a Francia a estudiar cine, pero antes quería estudiar algo de Humanidades. Luego me fui a Francia y no me aceptaron en la escuela de cine y no tenía plan b, pero tampoco me quería devolver, entonces empecé a estudiar teoría cinematográfica que era algo que odiaba.

Yo decía, despectivamente, que era algo para profesores y críticos. La verdad fue el mejor accidente que me ha pasado en la vida porque me ayudó a entender conceptualmente una cantidad de cosas que sabía y sentía del cine, pero que no las podía verbalizar y entender. 

En Francia hay toda una tradición de pensar, escribir y reflexionar sobre el cine, así que como parte de esa maestría había que hacer una tesis. Lo que yo hice fue una aproximación a cómo analizar la violencia del cine latinoamericano y me enfoqué en tres películas que son Un oso rojo, El bonaerense y Ciudad de Dios.

¿Hay alguna fascinación especial por el cine de violencia?

No necesariamente. Fue porque cuando yo estudié en la Javeriana hice una tesis sobre cómo se podría hacer cine negro en Colombia- Hice un corto y funcionó muy bien, y luego me gané un premio del FDC (Fondo de Desarrollo Cinematográfico) con el que hice otro corto. Cuando llegué a Francia sentía que la manera como representé la violencia en esos dos trabajos me conflictuaba moralmente y no entendía por qué. 

Así que la tesis de la maestría la enfoqué en ese tema porque me dio las herramientas académicas para pensar cómo se filma, por qué importa, qué genera en el espectador y reflexionar de otra manera. Esa investigación terminó en Esto es un revólver, que es el tercero de esa trilogía de cortos de cine negro.

¿Sobre qué trataba ese corto?

La historia se parece un poco a Los Fierros. Son dos hermanos, el mayor es un criminal y el menor quiere demostrarle que también puede serlo, pero el mayor no quiere que el otro siga ese camino. En ese escenario el hermano menor decide robar al otro para demostrarle que sí puede ser un criminal, pero todo sale mal.

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Septiembre
11 / 2019


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