SUSCRIBIRME
INICIO//Cultura//Música//3 jóvenes colombianos cantantes de ópera que triunfan en el mundo

3 jóvenes colombianos cantantes de ópera que triunfan en el mundo

A la soprano Julieth Lozano y a los tenores Pablo Martínez y Juan David González los une su pasión por la ópera y lo alto que han llegado gracias a su talento y perseverancia. Diners conversó con los tres

Foto: Juan David González, Pablo Martínez y Julieth Lozano

A la soprano Julieth Lozano y a los tenores Pablo Martínez y Juan David González los une su pasión por la ópera y lo alto que han llegado gracias a su talento y perseverancia. Diners conversó con los tres

El barbero de Sevilla

Acto 2 / Escena

(Salón de música de la casa de don Bartolo. Un clave y un par de butacas)

“El mío es el más alegre y el más feliz de los corazones enamorados”, canta dichoso el conde de Almaviva. Por fin todo parece resuelto: le ha confesado a Rosina su verdadera identidad, la ha liberado del yugo de Bartolo, su tutor, y está a punto de fugarse con ella. “Que no se acabe nunca este momento de felicidad”, canta de nuevo en un agudo sostenido. Es casi el final del segundo acto de la ópera El barbero de Sevilla, compuesta por el italiano Gioachino Rossini, y es Cessa di piú resistere, una de las arias más difíciles del repertorio rossiniano. 

Pocas veces se canta y en la mayoría de montajes suele omitirse, primero porque crea un aparente desenlace que resulta inoportuno faltando tan poco para el verdadero final, y segundo porque es demasiado exigente para quien hace las veces de conde. Sin embargo, esa fue el aria que el tenor colombiano Pablo Martínez, de 30 años, eligió para presentarse a la International Hans Gabor Belvedere Singing Competition, uno de los concursos más importantes en el mundo para cantantes jóvenes de ópera. 

“Fue una apuesta. Éramos más de 1.100 participantes y yo iba a cantar algo muy difícil durante nueve minutos. Si lo hacía mal, los jurados podían pararme en la mitad y decirme: ‘muchas gracias, adiós’, pero si lo hacía bien, iban a saber que existo”.

Aunque es hijo de actores y creció muy cerca del escenario, ser cantante de ópera no fue su primer sueño. Cuando tuvo que decidirse por una profesión, eligió ser politólogo. “Quería ser el próximo Foucault”, cuenta entre risas. Las cosas nunca se ajustaron del todo y las circunstancias lo obligaron a buscar otras opciones. Tenía dos: cantar o cocinar. Para ser cantante le quedaba poco tiempo, ya era un hombre adulto y en la música cada año de más es una oportunidad menos. Pero con la misma terquedad que lo hizo presentarse a uno de los concursos más importantes del mundo con un aria que pocos se atreven, decidió que sería cantante. En cualquier caso, siempre estaría a tiempo de empezar a cocinar. 

En Bogotá pasó por la Universidad Javeriana y el taller de ópera de la Universidad Central. Viajó a España antes de cumplir 25 años y fue admitido en el Conservatorio Reina Sofía de Madrid, del que se graduó con honores hace pocos meses. Ha sido Ernesto en la ópera Don Pascuale, Ferrando en Cosi Fan Tutte, Fenton en Falstaff, el príncipe Ramiro en Cenerentola y el conde de Almaviva en El barbero de Sevilla. Ha cantado en óperas de Rossini, Donizetti, Verdi y Mozart. Ha estado en escenarios de Polonia, España y Colombia. 

“Me he vuelto un poco nómada y esa es una de las cosas más difíciles de esta profesión –dice–. Tengo que estarme moviendo y al mismo tiempo intentar construir una familia. Mi trabajo como cantante tiene que ser tan estable como el hogar que tengo con Jacobo, mi pareja”. 

Y es que para Pablo Martínez el éxito es una mezcla de varios aspectos, algunos obvios como talento y dedicación, y otros menos evidentes como estabilidad emocional, tolerancia al rechazo y algo de terquedad. O, quizá, mucho de terquedad. Insistir y seguir creyendo hasta que las puertas se abran. Arriesgarse, aventurarse, lanzarse con osadía. Cantar una de las arias más difíciles en uno de los concursos más difíciles. Apostar. 

–¿Ganó la apuesta que hizo en Belvedere? –le pregunto.

Vea tambien: 13 enciclopedias que puede consultar diferentes a Wikipedia

–Por supuesto. Llegué a estar entre los 15 finalistas y me llevé dos de los nueve Awarded Engagements (contratos con teatros) que entregaba el jurado: uno con el Stadttheater Klagenfurt en Austria y otro con el Dzintari Concert Hall en Letonia.

Così fan tutte

Acto 2 / Escena 2

(Una habitación de la casa. Están Fiordiligi, Dorabella y Despina)

“Una mujer a los 15 debe tener trucos para enamorar a sus amantes: fingir la risa, fingir el llanto e inventarse buenos porqués”, canta la criada Despina mientras las hermanas Dorabella y Fiordiligi la miran atónitas. Sus prometidos han partido a la guerra y dos albaneses apuestos se han ofrecido a cuidarlas. Ambas se sienten abandonadas y quieren que alguien calme su desconsuelo, pero no se atreven a ser infieles. La criada insiste con picardía: “Una mujer a los 15 debe tener ojos para cien, hablar con mil y darles esperanza a los feos y los brutos también”. 

“Es un rol que pide mucho del artista sobre el escenario porque es la columna narrativa de la historia. Cada cambio pasa con y por Despina”, dice la soprano Julieth Lozano, quien se llevó varios aplausos del público cuando la interpretó en el pasado Cartagena Festival Internacional de Música. 

Tiene 27 años, se graduó del Royal College of Music de Londres, una de las mejores academias del mundo, y recibió de la corona británica el Premio Príncipe Carlos que la reconoce como una de las mejores cantantes actuales del Reino Unido. Ha estado en óperas de Mozart, Rameau, Pergolesi y Britten. Don Giovanni, Las fiestas de Hebe, Sueño de una noche de verano y La serva padrona. En junio de este año, se convirtió en la primera colombiana en protagonizar la cantata Carmina Burana del alemán Carl Orff. 

Julieth cree que para ser cantante, además de esfuerzo y buena voz, se necesita suerte. Y de eso ha tenido bastante. Al Royal College of Music entró sin planearlo. “Me acuerdo haberlo visto por internet y haber pensado: ¡qué lugar de ensueño!”. Pero como estaba en el otro extremo del mundo y era demasiado costoso, lo dejó pasar y se concentró en una universidad de Estados Unidos que, de muchas maneras, parecía más accesible. Días antes de viajar se enteró de que el Royal College haría audiciones en Nueva York y decidió presentarse. “Lo peor que puede pasar es que me digan que no. Y si pasa, aprovecho para preguntarles en qué tengo que mejorar”, pensó. 

La respuesta llegó el mismo día: había sido admitida con una beca completa. Sin embargo, el camino no siempre estuvo tan claro. De niña prefirió la flauta y la guitarra. “Cantar me daba vergüenza”, dice, y ya adulta, le costó adaptarse a las exigencias de la que más tarde sería su profesión. Hasta entonces, no había tenido ningún entrenamiento vocal más allá de participar en coros y tuvo que aprender a lidiar con lo que significaba llevar el cuerpo como instrumento: “Si eres pianista y un día estás triste, por supuesto que eso afecta tu música, pero no tienes un montón de lágrimas corriendo por tus manos”.

“Varias veces he pensado en dejarlo todo –confiesa–. Han pasado cosas muy bonitas en mi carrera, pero ninguna de ellas ha sido fácil. He tenido muchas sonrisas, pero también muchos rechazos y muchos días en los que me pregunto si esto vale pena. En esos días me aferro con más fuerza a esa voz interna que me dice: viniste a cantarle al mundo”. 

La Cenerentola

Acto 1 / Escena 5

Vea tambien: "Es refrescante interpretar a alguien que no le importe lo que piensen de ella" Carla Gugino

(Don Ramiro solo. Luego aparece don Magnífico vestido de gala, sin sombrero)

“Voy volando libre como una abeja de abril. De lirio en lirio, de rosa en rosa buscando la flor más dulce”, canta Dandini, el príncipe falso, en la casa de don Magnífico. En realidad es el criado de don Ramiro, pero han intercambiado identidades para que el verdadero príncipe pueda ver de cerca el comportamiento de las mujeres de la casa y elegir entre ellas a su futura esposa. Don Magnífico intenta por todos los medios que sea alguna de sus dos hijas, Clorina o Tisbe, y se esmera en esconder la existencia de su hijastra: Cenicienta. “A las bellas miro y remiro, y aunque he visto tantas, no encuentro un rostro ni un semblante digno de mí”, sigue cantando el príncipe falso. 

La Cenerentola, de Gioachino Rossini, está basada en La Cenicienta, de Charles Perrault. Con un padrastro en vez de madrastra, un brazalete en vez de zapato de cristal, un consejero real en vez de hada madrina y, sobre todo, una comedia en lugar de drama. 

“Dandini es un personaje que recuerdo con cariño –dice el barítono Juan David González, de 35 años–. Fue un rol muy divertido en el que tuve que explorar mi parte más histriónica. Existen pocos papeles tan fuertes en escena para mi tipo de voz; por razones de argumento, en la ópera, el protagonismo masculino siempre se lo llevan los tenores”. 

Aunque en su familia dicen que cantaba de niño, el amor por la música se lo despertaron un par de baquetas y una batería. Por diez años ese fue su instrumento y a la universidad llegó con él. Comenzó a estudiar Ingeniería de sonido y en los primeros semestres, luego de que varios de sus profesores insistieran en que tenía una voz suficientemente potente, decidió probar con el canto. Desde ahí, la historia se cuenta sola: se graduó summa cum laude de la Fundación Juan N. Corpas, estudió en el Conservatorio Superior del Liceo de Barcelona gracias a una beca de la Fundación Carolina y se graduó de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid. 

Llegó a España para poder dedicarse a la ópera. En 2011, las posibilidades de hacerlo en Colombia eran escasas y lo siguen siendo. Faltan escuelas, se hacen muy pocas producciones al año y no hay suficiente público. “Es necesario salir porque los grandes maestros están afuera”, dice. Sin embargo, durante su último año en el Reina Sofía, cantaba en más producciones nacionales que españolas. “Estaba ganando en pesos e intentando vivir en euros, así que resolví volver”. 

Con la ópera de Colombia ha sido Paris en Romeo y Julieta, el barón Douphol en La Traviata, Schaunard en La Bohème, el Comisario Imperial en Madama Butterfly, Stuermann en Tristán e Isolda y, por supuesto, Dandini en La Cenerentola. Gounod, Verdi, Puccini, Wagner y Rossini. En dos ocasiones ha sido invitado al Cartagena Festival Internacional de Música como Joven Talento. 

–¿Serán distintas las cosas algún día para los cantantes en Colombia? –le pregunto. –¡Seguro! Aunque seguimos muy verdes, la ópera colombiana vive un cambio generacional y los que venimos detrás estamos trabajando muy fuerte por ella.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Septiembre
03 / 2019


Send this to a friend