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Camilo Daza, el hombre que le puso alas a Colombia

Nació en Pamplona y se hizo aviador en Estados Unidos. En 1920 fundó la primera empresa aérea del país y tripuló los primeros aviones de pasajeros. Participó en el conflicto con el Perú. Afrontó con éxito 37 accidentes y murió invicto en 1975.

Foto: Archivo Diners

Nació en Pamplona y se hizo aviador en Estados Unidos. En 1920 fundó la primera empresa aérea del país y tripuló los primeros aviones de pasajeros. Participó en el conflicto con el Perú. Afrontó con éxito 37 accidentes y murió invicto en 1975.

El más célebre de los aviadores colombianos nació en Pamplona el 25 de junio de 1898. Camilo Daza contaba apenas cinco años de edad cuando los hermanos Wright sorprendieron al mundo con su hazaña de remontarse en una máquina más pesada que el aire. El desarrollo de este milagro de la ciencia cobró hacia 1910 un auge sorprendente.

El joven Daza devoraba cuanta noticia llegaba a la apacible Pamplona en relación con la aeronáutica. Un día, en la hacienda que su padre poseía cerca a Mutiscua, tomó la decisión de «volar» con un artefacto, consistente en dos alas rígidas de madera de balso y de tela común, que él mismo había construido.

Trepó a un elevado montón de desechos de trigo y, ante la mirada atónita de los campesinos, se acomodó a la espalda la armazón y se lanzó al vacío, agitando los brazos, pero cayó estruendosamente entre unos montones de paja.

En 1913 la familia Daza viajó a España y el inquieto pichón de aviador ingresó a la Escuela Industrial de Tarraza, para aprender técnica de maquinaria. Cinco años más tarde su padre lo envió a Estados Unidos a estudiar ingeniería mecánica.

Pero apenas llegó a Norteamérica, Camilo le escribió una carta en la cual le dijo que no podía vivir sin ser aviador. Esto causó la supresión del apoyo paterno. Trabajó entonces duramente en una panadería, en la factoría eléctrica Westinghouse, en una fábrica de botones y hasta en labores de embalaje.

Así se costeó el aprendizaje básico de pilotaje en la escuela Curtiss Aircraft Corporation. El día de su primer vuelo se rompió una rueda del avión al despegar. Tuvo que aterrizar sobre la única rueda que quedaba, con admirable maestría.

Una tarde, en 1920, regresó Camilo a Cúcuta. El muchacho que siete años atrás había dejado su provincia, se había convertido en un hombre de 1.85 metros de estatura.

Allí se sabía que ahora era aviador, pero los escépticos no lo creían porque no había llegado en avión sino en tren. Ni siquiera lo creyeron cuando don Antonio, abrazándolo, exclamó ante sus amigos: «Aquí tienen a mi hijo, ¡el primer aviador colombiano!».

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No obstante, Camilo convenció a varios potentados sobre la importancia de constituir una empresa de transporte aéreo. Así nació la Sociedad Norte Santandereana de Aviación, con un capital pagado de cinco mil pesos.

El joven piloto viajó a España a comprar un biplano de dos plazas, el cual le fue decomisado en Maracaibo por espacio de un año, bajo la sindicación de que era un avión de guerra para bombardear el palacio del presidente Juan Vicente Gómez.

Se declaró sobre una nube

Un sinnúmero de sinsabores hubo de padecer Daza para que al fin pudiera volar en Cúcuta el «Santander», nombre con el cual bautizó la frágil aeronave, cuya vida habría de ser efímera.

Luego adquirió otro avión de mejores características, el «Bolívar» con el cual realizó numerosos vuelos. Se destacó entre ellos el efectuado a Pamplona el 16 de marzo de 1922, el cual concluyó en un arborizaje, obligado por la imprudencia de la multitud que invadió la pista.

Preparado rústicamente, el «Bolívar», sin brújula ni altímetro, voló el 31 de octubre de 1923 hasta Bucaramanga. Allí ejecutó en tres meses seiscientos vuelos de recreo con pasajeros. En aquel avión nació además el amor.

Un día en que abordó el biplano doña Genoveva Mojíca, le declaró sus sentimientos a dos mil metros de altura, sobre el campo de Palonegro. Poco después ella se convirtió en su esposa.

Chiquinquirá sería más tarde testigo de las grandes condiciones de Camilo como aviador, y especialmente de su pericia para efectuar increíbles aterrizajes de emergencia. Luego continuó a Bogotá, posando el «Bolívar» en una manga sabanera de Muzú.

En la capital, Daza se convirtió en el más popular y el más elogiado de sus habitantes, a quienes mantenía en suspenso diariamente por las frecuentes fallas del motor, las cuales le imponían aterrizajes forzosos en cualquier potrero. En Bogotá envejeció el aeroplano,
que a fuerza de golpes y reparaciones perdía cada vez más potencia.

El 12 de octubre de 1925 se programaron varios vuelos del «Bolívar». Pero el motor solo quiso prender a las siete de la noche, y a esa hora la tozudez de Camilo lo llevó a iniciar, desde una pista improvisada, en «El Lago» de Chapinero, el vuelo nocturno.

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Al pasar el avión sobre los eucaliptos que circundaban el campo, rozó un ala contra uno de ellos y se fue a tierra. El piloto y su mecánico Eugenio Moreno lograron salvarse milagrosamente mientras el «Bolívar» se consumió entre las llamas.

Sobre esta tragedia escribió el diario El Tiempo: «Daza y el Bolívar eran la aviación nacional. Y ahora la ciudad se conmueve ante el esqueleto de la máquina que le había enseñado a desprenderse de las calles grises y a hacer piruetas sobre las nubes…

Después Camilo ingresó a nuestra incipiente aviación militar. En España se especializó en aeronavegación y sufrió el más grave de los 37 accidentes aéreos de su vida, como consecuencia del cual se le fracturaron la nariz, la quijada, las clavículas y varias costillas,
quedándole además seccionada en dos partes la lengua, la cual le fue suturada con siete costuras.

En escuadrilla de tres aviones, con los tenientes Luis F. Gómez Niño y Andrés M. Díaz, cruzó el Nororiente colombiano desde Bogotá. Participó en el conflicto armado colombo-peruano de 1932. Fundó el Escuadrón de Transportes Aéreos Militares. Tornó a la vida
civil y organizó la empresa comercial Arco y creó la Escuela de Aviación ABC.


Foto: Archivo Diners.


Reincorporado a la Fuerza Aérea en 1942, señaló un récord de altura en un planeador de su propiedad, dirigió el Centro de Instrucción Aérea en la base de Madrid, tripuló el avión presidencial DC-3 en vuelo de traslado desde los Estados Unidos y volvió al retiro militar con el grado de Coronel. Ingresó entonces al cuerpo de pilotos fundadores de la aerolínea Lansa.

A los cincuenta y ocho años de edad se convirtió en piloto de helicóptero. Fue nombrado luego director técnico para las obras de construcción del aeropuerto internacional Eldorado en Bogotá. Infatigable, por aquel tiempo rompió la barrera del sonido con una escuadrilla acrobática norteamericana.

El 23 de diciembre de 1973, el gobierno nacional le confirió el grado de Brigadier General de Aviación con categoría honoraria. Y al amanecer del 18 de marzo de 1975, en el Hospital Militar de Bogotá, próximo a cumplir 77 años, concluyó la vida extraordinaria del
precursor de la aviación en Colombia.

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