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Invitados de honor en la Filbo 2013

Jean-Marie Gustave Le Clézio y Pilar del Río, invitados de honor en esta versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2013.

Jean-Marie Gustave Le Clézio y Pilar del Río, invitados de honor en esta versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2013.

A los 30 años, fue justo a esa edad cuando leí a Le Clézio. Lo publicó Mauricio Wacquez en una maravillosa colección de la desaparecida editorial Versal, La Biblioteca del Colondel. Fue Viaje a Rodrigues, y lo comencé –curioso por lo que cada uno comienza una lectura– por el extraño y largo nombre de su autor. Me fascinó inmediatamente. Se apoderó de mí un hambre desconocida de más Le Clézio.

Tuve suerte ya que en el mismo sello apareció meses más tarde El buscador de oro. Con ese libro quedé tocado. Tocado por las palabras de un creador. Porque J. M. G. Le Clézio no es solo un excelente narrador, es fundamentalmente un creador de mundos. Es un Faulkner, un García Márquez. Ha tenido el don de crear un territorio propio, y eso está al alcance de muy pocos. No le conozco personalmente, pero le conozco. No hemos almorzado juntos, pero hemos compartido el ocaso y el amanecer. El mar y sus orillas.

Cuando le concedieron, con total justicia y merecimiento, el Premio Nobel de Literatura, en 2008, yo estaba ejerciendo de director editorial en Grupo Editorial Norma, en España. La alegría me duró varios días, y lo comuniqué a todos mis amigos con la sorpresa de que “les sonaba” pero no habían leído nada de él. O directamente no lo conocían. Eso me entristeció pero me animó al mismo tiempo. ¡Tenía que recuperar aquellas dos primeras novelas que de joven me habían fascinado!

Sus editores, Tusquets, no las habían recuperado, y en tres días –Feria de Frankfurt de por medio– localicé a su traductor, Manuel Serrat Crespo, con quien ya tenía buena relación y pasé oferta a Gallimard. Les machaqué más de una vez al día. Lo recordarán, sin duda. No decidían, me daban largas, estaban directamente colapsados. En la Feria de Frankfurt me senté en su stand hasta que me dieron el sí. Una vez con el sí, la emoción me llevó en volandas a trabajar con mis editores para que los dos títulos estuvieran en el mercado el 20 de noviembre, como muy tarde. Y lo logré. Lo que no se logre con entusiasmo, no se logra. Y estoy orgulloso de que aquel chavo que se comía el mundo, pero que no sabía nada, con el paso de los años pudiera lograr llegar a ser el editor de J. M. G. Le Clézio. Creador inmortal con Premio Nobel o sin él.

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Pilar del Río: la heredera de Saramago

Por: Jerónimo Pizarro, doctor en lingüística portuguesa

Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago, traductora y periodista, es una mujer de armas tomar que se lleva por delante a todos los portugueses que viven en dulce “calmaria”, a todos los seres que no viven mínimamente inquietos, a todos los resignados que sueñan con una pensión temprana, a todos los críticos que no llegan a construir con desparpajo. Con ayuda de los derechos de autor de la obra de José Saramago, pero sobre todo con tesón y amor, Pilar sostiene hoy un pequeño centro cultural en Lanzarote (la Casa-Museo José Saramago) y una Fundación en Lisboa, que en su momento surgieron un poco de la nada y hoy representan una especie de milagro: es imposible no entrar en esos dos espacios y no pensar “pero cómo fueron posibles”. La respuesta hoy la puede dar Pilar. Quien la conozca, quien converse con ella, quien acompañe su ritmo vertiginoso, quien la escuche hablar sin eufemismos, descubrirá esa fuerza que ha hecho posibles espacios únicos en dos lugares diferentes, además de decenas de traducciones, adaptaciones y todo tipo de intervenciones y actividades «saramaguianas». Pilar le infundió vida al Nobel portugués y hoy lo irradia por todo el mundo como un dínamo. Es una mujer que cimienta los sueños con amor.

Juan José Millás por Adolfo Zableh, periodista

Vea también: “Sería de necios no hacerle caso a la astrología”, Florencia Bonelli

Juan José Millás empezó a escribir antes de que yo naciera, y cuando supe que Millás existía, yo ya llevaba un tiempo escribiendo. Pero fue descubrirlo y sentirme como el adolescente que coge una guitarra y la toca porque le nace, pero un día oye a los Stones y entiende que así es como quiere sonar. (…) Millás es el escritor que más me ha marcado, por encima de Borges, Cioran y Pessoa (no se deje descrestar, no he leído mucho más). Durante mucho tiempo me negué a decir que era mi escritor preferido. Por vergüenza, primero, porque me sentía como una quinceañera que no quiere decir de quién está enamorada, y también porque cada vez que escribía algo sentía que lo estaba plagiando (aún lo siento y no sé cuándo pueda desmarcarme de esa sensación).

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Abril
16 / 2013

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