4 poemas de Mario Rivero

Recordamos al poeta, escritor y crítico de arte Mario Rivero, quien además era cantor de tango en su juventud, con estos poemas publicados exclusivamente en Revista Diners.
 
4 poemas de Mario Rivero
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POR: 
Mario Rivero

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 155 febrero 1983

MI PESAR

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0.


Mi pesar cuando está conmigo
se porta como un niño malcriado.
Cuarto tras cuarto revuelve la casa,
me habla muy mal de Dios,
me rompe los versos, porque,
¿para qué es necesario un nombre?
Muda en ruido mi estar de ojos cerrados.
De nada vale decirle: “no más, no más, sal de ahí”
“no vengas a sentarte frente a mí, a mi lado”
tengo ilusión, tengo amor y esperanza.
Se ríe por dentro.
Sabe que me ha bastado durante años y años.
Aún ahora, que escribo,
sacude polvo y ceniza en mis dedos.
Pero además me dice medio burlón,
me da a entender,
que es por lo que él anda siempre conmigo
por lo que soy poeta.

EL CABALLO BLANCO

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0.


En la mañana vi un caballo blanco
pasando entre flores brillantes,
con la crin fogosa, al galope,
un caballo cuya carrera no deja huellas, blanco.
En verdad que creo que lo vi
demasiado presente para imaginarlo.
Al caer de la tarde,
al ver que se va por el desfiladero
de mis sueños frustrados,
va tornándose negro, el caballo blanco.

SUERTE

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0.


Pedíamos lluvia, y no hubo
ni relámpagos ni truenos,
pedíamos el sol, y llegaron los hielos.
Cuando basta para nosotros el cabeceo del sueño
(dormir llenos de nada, sea el sueño que sea)
seguimos oyendo el ruido que llega…

IMÁGENES DE LA VIDA

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0.


El hombre salió de la whiskería
metiendo el cambio en el bolsillo del pantalón.
Yo lo conozco, es el borrachito de siempre.
Con la lengua reseca,
empeñado en trasegar noche a noche
por un vasto prado de sueños.
El dueño de la whiskería se asomó a la puerta.
Como por un reflejo instintivo el borrachito
se volvió y me vio y me hizo una seña de adiós.
Yo le grité “adiós compañero”,
y el mundo se me antojó frío y triste,
sin ideal ni esperanza con la luna a lo lejos-
pero el dueño de la whiskería sonrió
complaciente a la calle despejada,
meneó la cabeza y se quedó a la puerta.

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agosto
26 / 2019