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¿Recuerda a estas poetas colombianas?

A pesar de que poetisa es el femenino de poeta, ante su inevitable matiz evocador de cursilería, preferimos poeta, ya usado como femenino según lo recuerda el lingüista español Manuel Seco en la época clásica por Lope de Vega: «Solícita, poeta, enferma, fría» (Poesías líricas).

Foto: Archivo Diners

A pesar de que poetisa es el femenino de poeta, ante su inevitable matiz evocador de cursilería, preferimos poeta, ya usado como femenino según lo recuerda el lingüista español Manuel Seco en la época clásica por Lope de Vega: «Solícita, poeta, enferma, fría» (Poesías líricas).

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 116 noviembre 1979

Responden a Diners las hijas de Eduardo Carranza, Fernando Charry, Jorge Gaitán Durán, Rafael Maya, Jaime Paredes y Jorge Rojas.

Paula Gaitán Moscovici

Su padre, Jorge Gaitán Durán, fue un absoluto enamorado de París. Murió precisamente cuando viajaba de retorno a aquella ciudad, desde Bogotá, en una isla del Caribe. Paula, una inquieta mezcla de hada y de mariposa, heredó esa percepción que su padre había adquirido en los poetas franceses modernistas.

Desde muy pequeña dejó perpleja a su mamá, la brasileña Dina Moscovici directora de teatro, cuando escribió sus primeros poemas. Eran extraños, metafóricos, enredados en el delirio del amor y de la muerte. No tenían nada que ver, aparentemente, con ese revestimiento tierno y fugaz de Paula. Pero sí mucho con la poesía de su padre.

Paula estudió en los Andes, de donde la expulsaron por pertenecer al MOIR. Luego se fue a la Tadeo, a estudiar pintura. «Su pintura es siempre un poema», le dijeron sus profesores. Dejó el caballete, igual que abandonaba sus gatos, su disco más amado de Cat Stevens o sus poemas en francés. Y se fue a vivir al Brasil, donde se enamoró de las
canciones de Chico Buarke y del director de cine Glauber Rocha, quien es hoy su esposo y con quien tiene ahora dos hijos. Su último libro de poemas, que iba a ser editado en Colombia por Benjamín Villegas, duerme en las fantasías de Paula.

María Eugenia Rojas de Puerto

Está dedicada a ayudar a su esposo en la administración y el manejo de una importadora de papel y decorados. En los ratos libres, pinta Boteros. Los pinta lo más exactos posible pero le pone los colores a su gusto.

«No he hecho nada ni he dejado de hacer por ser hija de Jorge Rojas: lo que he hecho lo he hecho por mí misma y eso también me hace sentir muy orgullosa».

Y agrega: «Yo escribo muy distinto a mi papá. Su poesía es una poesía castigada, el castiga la forma: en cambio en lo mío el verso es libre completamente». «A mí comenta María Eugenia me sucedió algo simpático. Yo consideraba que papá y poeta eran la misma cosa: escribir era natural, no era difícil, todos a mí alrededor escribían. A los 3
años, en 1948, vi a papá presentar una obra de teatro en El Colón.

A los 4 ó 5 años conocía a Alberti. Dámaso Alonso: Pablo no era sino uno: Neruda. Para mí todo el mundo tenía que ser hijo de poeta. No existía la posibilidad de otra cosa y lo natural era escribir en verso. Así, a los 4 años, le dije al poeta Camacho Ramírez, mirando unas goticas de agua: ‘Un cisne de cristal en cada gota’, y al poco tiempo dijo para una entrevista que era el mejor verso en lengua castellana que él conocía».

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«En esa época mi papá estaba en plena explosión poética. En mi casa se reunían todos los escritores. Tenía yo 4 años cuando montaba a caballo sobre León de Greiff y le decía que era mi león amaestrado. Seguí escribiendo. Escribí comedias, adapte cuentos de Andersen y en el colegio dirigí teatro. A los 20 años tenía 60 poemas en verso libre, casi todos en francés, algunos en inglés y unos pocos en español, pero todos ellos se quedaron por ahí», recuerda finalmente María Eugenia.

María Mercedes Carranza

Actualmente es coordinadora de la revista «Nueva Frontera». Cuando no está ocupada escribiendo artículos, o con su pequeña hija, se dedica a la lectura o se va al atardecer para la cafetería de la Librería El Café de la Loma, cerca de su apartamento, a conversar con sus amigos. Ahora ha decidido colaborar con la Unión Popular Liberal, al lado de Luis Carlos Galán.

Sobre su padre y sobre su poesía dice: «Papá y yo siempre nos hemos respetado en el terreno del trabajo; a él le divierten mis cosas, a mi me interesan las suyas, aunque, desde luego, ya a mis 34 años resulta aburrido seguir contestando reportajes como este en calidad de hija de…».

Y añade: «La poesía colombiana ha estado siempre muy apegada a la forma y a las fórmulas, excediéndose en las buenas maneras. La poesía hoy debe tratar temas y utilizar términos que sean propios de la preocupación cotidiana y del uso corriente del hombre de la calle, porque creo que es la única manera como se puede impedir que este género reciba un entierro de tercera frente al boom cultural y económico de otras manifestaciones como el cuento y la novela».

«¿Que cuando empecé a escribir? No lo sé a ciencia cierta. Parece que a mi abuela y a mi bisabuela también les interesaba el asunto, así que en mi caso la cuestión puede ser de siglos».

Cristina Maya Gallego

Cristina estuvo vinculada por un año a la Universidad del Cauca. Actualmente es profesora de Humanidades en Uniandes. Está realizando una investigación de la novela antioqueña.

«El problema de ser hija de un poeta no radica en que uno pierda su identidad, sino en que la gente le roba su identidad porque tal vez para ellos pesa más la figura del padre. La culpa la tienen los demás», opina la hija de Rafael Maya.

«Encuentro un poco de contradicción entre mi poesía y mi inquietud de conocer la realidad económica y social del país. La poesía para mí se ha quedado en un plano subjetivo e íntimo mientras que mi inquietud como investigadora se centra en temas sociales y políticos.

Me es muy difícil plasmar inquietudes sociales en mi poesía. En cambio considero que la mejor manera de proyectar la inquietud social y política es dictando una cátedra», expresa finalmente.

Claudia Paredes

Claudia Paredes estudió Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana. Trabajó en Colcultura y actualmente se dedica a los negocios, a su esposo, a su hijo, a sus libros y a los boleros, de los cuales es fanática.

Descomplicada y sencilla hace que el ambiente se llene de un gran amor paternal al hablar del padre poeta y de la herencia sensible: «Mi padre me ha dado seguridad y sensibilidad hacia el mundo. A mí me encanta que digan que soy la hija de Jaime Paredes Pardo y si no me lo dicen lo digo; así se me han abierto muchas puertas de afecto.
Nunca me he sentido oprimida, al contrario. Además me fascinan las preferencias».

«Pero eso sí, mi acercamiento a la literatura no fue una inquietud sentimental sino estética: yo era la fea de la familia, y me responsabilicé de eso. Flaca, escuálida y de anteojos, me consolaban después de decirles a mi hermana y a mis primas, lindas. Me decían inteligente, de lo cual también me responsabilicé, y me puse a escribir. Ahora
quisiera volver a escribir si realmente pudiera transmitir lo que siento. Soy muy gráfica cuando hablo, pero no soy capaz de transmitir lo mismo en un papel. Me gustaría también retratar la vida del ser humano y quisiera ser una buena periodista para denunciar muchas cosas que veo».

Sylvia Charry Delgado

Actualmente directora del Centro de Documentación Cultural de Colcultura y jefe de redacción de la revista «Pluma».

De su padre y de su poesía dice: «Mi padre ha sido un estímulo para hacer algo y para ser alguien. Es una gran ayuda en mis investigaciones. En ellas me ha servido de apoyo y de motivación, más cuando lo que valoro en mi padre es el aspecto serio y riguroso de su crítica, y no es que no lo valore como poeta, sino que para mí, papá es ante todo un crítico literario».

«En mi poesía los temas que más me gustan son los del amor, la muerte, el tiempo, la nostalgia, la tristeza. El mundo de mi poesía es un mundo con un poco de fantasmitas, de encantamiento, más que de sueños y de luces.

En mis poemas hay alguna influencia de mi papá, sobre todo en algunos temas. Pero es que en poesía siempre se escribe y se vuelve a escribir sobre lo mismo: El amor, la muerte, el tiempo.

Lo importante no es tanto sorprender sino decir lo que se ve todos los días de una manera nueva y fresca».

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Agosto
15 / 2019


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