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El lado positivo del cambio climático según ex-CEO de Greenpeace

La necesidad de responder al cambio climático puede convertirse en una oportunidad para realizar transformaciones nunca antes imaginadas en el sistema global económico y social. Esto es el lado positivo del cambio

Foto: Shutterstock/Alphaspirit

La necesidad de responder al cambio climático puede convertirse en una oportunidad para realizar transformaciones nunca antes imaginadas en el sistema global económico y social. Esto es el lado positivo del cambio

El artículo El lado positivo del cambio climático según ex-CEO de Greenpeace fue publicado originalmente en Revista Diners Ed. 522 de septiembre de 2013

Cuando imagina el mundo que heredarán sus hijos en 25 o 50 años, ¿qué siente? ¿Recelo? ¿Temor? ¿Emoción? Voy a decirle lo que pienso acerca de ese futuro; mostrarle por qué el cambio climático, la energía y la limitación de recursos causarán una gran transformación que, en últimas, incidirá en la sociedad de manera positiva. Aunque me baso en los hechos, la ciencia y la historia, conviene recordar que lo que sentimos acerca de este tema –la perspectiva emocional, cultural e incluso espiritual a través de la que miramos el futuro– es igual de importante.

Esto se debe a que el futuro no es algo que simplemente ocurre, sino algo que creamos. Entonces la forma como lo pensamos –lo que creemos posible y cómo actuamos al respecto– resulta crucial a la hora de decidir qué futuro recibirán nuestros hijos.

El lado positivo del cambio

lado positivo del cambio climático


Personalmente creo que pensar el futuro es algo que motiva e inspira, lo que me convierte en un bicho raro frente a los demás expertos en cambio climático y sostenibilidad, un campo en el que las noticias y los pronósticos suelen ser nefastos. No obstante, tampoco soy un tecno-optimista de los que creen que el futuro es de color de rosa porque siempre encontramos una solución a nuestras dificultades.

Los retos que enfrentamos son grandes y sus consecuencias serán muy severas. Estamos entrando en un período de la historia de la humanidad desordenado y caótico en el que aumentará el sufrimiento y surgirán revueltas sociales. La razón por la que puedo reconocer que esto será así y aún sentirme optimista es sencilla: resulta demasiado tarde para prevenir una crisis, pero no para decidir cómo responderemos y qué construiremos a partir de esta.

Para comprender lo que nos espera empecemos con la premisa básica del cambio climático según las principales entidades científicas del mundo: no podemos permitir que el mundo se caliente más de dos grados centígrados sobre los niveles preindustriales. Si eso pasara, no solo sería complejo, nos pondría en riesgo de impactos catastróficos que amenazarían la estabilidad de la economía y las civilizaciones globales. A la larga podría elevar el nivel del mar muchos metros más, producir climas extremos y amenazar seriamente la seguridad alimentaria y la estabilidad geopolítica.

Las corporaciones no ayudan

hojas verdes


Pese a estas advertencias –que muchos gobiernos del mundo y la mayoría de las grandes corporaciones, incluso las petroleras, han aceptado como verdades–, no hemos hecho mucho al respecto. Nos acercamos rápidamente a un precipicio sin dar señas de reducir la velocidad.

Como si esto fuera poco, el cambio climático es solo uno de nuestros problemas. Hay toda una gama de recursos críticos limitados, como el agua, el terreno cultivable y la pesca que, en conjunto, apuntan hacia una crisis global alimentaria y posibles conflictos internacionales por el acceso a estos. Los ejércitos del mundo están alerta, pues han percibido agudamente el riesgo de una confrontación a escala global.

Si este es el futuro al que nos dirigimos, ¿por qué soy tan optimista? ¿Por qué no me entrego a la desesperanza? Precisamente porque los riesgos son demasiado grandes. La humanidad suele demorar y postergar al máximo sus reacciones frente a las amenazas más serias, pero cuando las crisis estallan, la respuesta usualmente es efectiva y a gran escala.

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Demora, crisis y respuesta

Naturalmente, cuando se trata de temas tan complejos como el cambio climático y la escasez de recursos, la tendencia a postergar es más fuerte. Pero seguramente podemos esperar el patrón de reacción básico que hemos visto a lo largo de la historia: demora, crisis y respuesta.

Quizás el único ejemplo parecido que tenemos de este patrón es la Segunda Guerra Mundial, en la cual la escala y la velocidad de la movilización económica fueron asombrosas. Ese constituye un buen punto de referencia.

Lo que la ciencia demuestra es que para evitar el potencial catastrófico del cambio climático, necesitaremos transformar el sistema de energía global a una escala semejante a la movilización económica de la Segunda Guerra Mundial.

Con base en el análisis detallado de varios expertos en cambio climático y en el impacto de la industria energética sobre la economía, sabemos qué esperar. La conclusión a la que han llegado grupos como Carbon Tracker es que para tener un 80 % de probabilidad de no pasar de los dos grados centígrados, jamás podrán usarse cerca de tres cuartas partes de todo el carbón, petróleo y gas que se encuentra en las reservas mundiales conocidas.

Climas extremos, el futuro presente

otoño


Este análisis demuestra que tenemos dos caminos posibles. El primero es el que actualmente transitamos y el que la mayoría de las corporaciones y los gobiernos asumen que seguiremos recorriendo. En este camino superaremos el umbral de los dos grados y llegaremos a cuatro de calentamiento; viviremos en un mundo sobrecogido por climas extremos, crisis alimentarias y posibles hambrunas. El mundo estará al borde del colapso económico y social y no es el escenario que deseamos para nuestros hijos, quienes nos juzgarían severamente, con mucha razón, si lo recibieran.

El camino alternativo requiere la transformación económica más grande y más rápida de la historia. Debemos eliminar las industrias de petróleo, carbón y gas de la economía global en tan solo veinte años y reemplazarlas por tecnologías solares y eólicas, entre otras, que podrían cambiar nuestras vidas notable y positivamente. Esto es lo que la ciencia considera necesario para alcanzar una sociedad y una economía global estables. Ahora bien, ¿podemos imaginar este cambio?

Transformación del mercado

La Segunda Guerra Mundial demostró que una transformación económica de este talante es posible, aunque con el mercado globalizado de la sociedad actual los gobiernos son mucho menos intervencionistas que entonces. Esto quiere decir que una respuesta sustancial al problema del cambio climático y la limitación de recursos sería principalmente una transformación en el mercado.

Entonces, si queremos entender cómo podría desarrollarse el futuro y qué tipo de mundo habitaremos, debemos revisar las tendencias actuales de los mercados de tecnología y energía para ver cuáles son las posibilidades.

Mientras muchos se quejan de que su gobierno no interviene en el problema del cambio climático, en la última década hemos visto surgir iniciativas políticas que promueven la energía renovable, especialmente en Europa y sobre todo en Alemania.

En consecuencia, la energía solar está tomando fuerza a gran escala, generando cambios significativos en el mercado de energía global. Con las políticas de producción masiva en Europa y China, el precio de los paneles solares ha bajado un 80 % en los últimos cuatro años y ha aumentado significativamente la capacidad de producir energía solar alrededor del mundo.

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Industrias petroleras y de carbón quedarán obsoletas

Hoy en más de cien países es más barato generar energía a través de paneles solares en el tejado que comprarla de las redes de suministro eléctrico, y se calcula que en los próximos dos años y medio Estados Unidos duplicará la capacidad de sus instalaciones de energía solar. El experto en energía de la Universidad de Stanford, Tony Teba, afirma que para 2030 la mayoría de las industrias petroleras y de carbón quedarán obsoletas por la tendencia creciente a tener energía solar en las viviendas y por los carros eléctricos capaces de almacenar ese tipo de energía.

Por supuesto, no podemos saber cómo evolucionarán todos los factores involucrados: tecnología, mercados, política y población. De lo que sí podemos estar seguros, y la ciencia lo demuestra, es que si sigue por el mismo camino, la humanidad se encontrará con un futuro potencialmente catastrófico.

Así que si pensamos la situación en conjunto –los riesgos que nos aguardan, la tendencia histórica a postergar dramáticamente las respuestas a las crisis y el desarrollo extraordinario del mercado de energía actual–, es clara nuestra oportunidad. La transformación completa del sistema de energía global puede ser una meta real en cuanto decidamos tomar ese camino.

Un futuro brillante

eolic


Por eso resulta emocionante pensar en el futuro. Imagine una economía mundial movida por energía solar y eólica, que resultará beneficiando laboral y económicamente a poblaciones locales; un mundo sin guerras por el petróleo, porque nadie puede apropiarse del sol, donde la energía de cada país es independiente. Imagine lo que eso haría por la lucha contra la pobreza.

Estos no son los sueños de un idealista, es el mundo que hoy se nos ofrece. Si lo elegimos, podremos mirar a nuestros hijos directamente a los ojos y decirles con seguridad que hicimos nuestro mejor esfuerzo para dejarles un mejor mundo para vivir.

Imagine una economía movida por energía solar y eólica, un mundo sin guerras por petróleo, porque nadie puede apropiarse del sol, donde cada país tiene su energía. ¿Que significaría en la lucha contra la pobreza?

*Paul Gilding: Ambientalista australiano. Ex CEO de Greenpeace International, autor de The Great Disruption: Why the climate crisis will bring on the end of shopping and the birth of a new world.

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