Leonardo da Vinci, una vida de proyectos fracasados

Leonardo da Vinci. La biografía.
Walter Isaacson. Debate, Bogotá, 2018. 582 páginas.

Hijo bastardo de un notario, Leonardo nació en la población de Vinci en la Toscana. Vivió su homosexualidad con tranquilidad a pesar de haber sido acusado dos veces de sodomía. Autodidacta, se definía como un “discípulo de la experiencia”. Convivió con Maquiavelo y compitió con Miguel Ángel. Tuvo patrones destacados: César Borgia, Ludovico Sforza, Juliano de Médicis y Francisco I, rey de Francia. Perfeccionista hasta el extremo, sufría por tener que desprenderse de sus obras y quizás por ello solo quince de sus pinturas puedan ser atribuidas, total o parcialmente, a él. Hoy subsisten, todas ellas estudiadas con minucia y comprensión en esta detallada biografía de Walter Isaacson, quien ha basado su trabajo en cuanto escribió Leonardo.

Sus cuadernos sobre todos los temas, escritos de forma especular y dibujados con la minuciosidad y el sombreado zurdo incomparable del maestro están saturados de vida y observación, sean sobre óptica y astronomía, hidrología y anatomía, sean de animales u hombres, de las formas del agua y los rizos del cabello, de armas y fortificaciones, del vuelo de las aves y la cuadratura del círculo.

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La vida de Leonardo está jalonada de proyectos fracasados. Máquinas que no volaron y tanques que no atacaron, un monumento ecuestre cuya maqueta será destrozada por soldados napoleónicos. Pero en medio de ello, sin cesar, remolinos y torbellinos que no dejan de girar y lo impulsan una y otra vez a intentar dibujarlos, con el afán desmedido de inmovilizar ese vórtice con su arte. Por ello, quizás, sus últimos dibujos nos hablan del apocalipsis: barro y fuego, piedra y sombra.

Sin embargo, en aquellos cuadros que lo acompañaron hasta el final de sus días como la Mona Lisa, o Santa Ana, la Virgen y el Niño, impera una lejanía atemporal, con esos paisajes de rocas milenarias, indicando otros mundos, horizontes de un más allá inasible. El hombre de las disecciones físicas es también el hombre de los misterios metafísicos.

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El pintor que enalteció la pintura con su conocimiento de la ciencia abarcó el mundo, los seres y los astros y concentró todo ello en pinceladas que extendía una y otra vez en capas de brillante poesía expresiva, enigmática siempre.

Óscar Mena

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