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Cuatro librerías únicas para conocer y disfrutar en Bogotá

Las librerías independientes se han convertido en centros culturales que ofrecen múltiples puntos de vista de lo literario, como la ilustración, los viajes, el feminismo y la música. En el Día de las librerías, le recomendamos cuatro que puede conocer en Bogotá.

Foto: Unplash/ C.C 0.0

Las librerías independientes se han convertido en centros culturales que ofrecen múltiples puntos de vista de lo literario, como la ilustración, los viajes, el feminismo y la música. En el Día de las librerías, le recomendamos cuatro que puede conocer en Bogotá.

La librería que le gustaría tener a Wes Anderson

Cruzar la carrera Séptima, esquivar el ruido, sacudirse el gris de la ciudad. Entrar por una puerta como si se entrara a una madriguera. Olvidar la ciudad, descruzar los brazos. El espacio parece de ficción. Luz tenue, lámparas como ramas agrupadas, una sala de la película Fantástico Mr. Fox, de Wes Anderson. Hay un estante, o un árbol de libros, en el centro y abre el pequeño espacio en múltiples, infinitos rincones. Los objetos están dispuestos para la felicidad: un Principito de fieltro que sonríe, una pared de retratos de zorros, el famoso sofá amarillo para quedarse horas hablando o leyendo el significado, siempre tan personal, de las imágenes. Madriguera, refugio, paraíso de textos ilustrados. Este es Libros Mr. Fox.

En este espacio íntimo, cálido, se gesta un proyecto de provocación a la lectura con una argucia –cualidad típica del zorro– llamada prescripción literaria. Lucas Insignares, su director general, explica que se trata de indagar qué inquieta a ese lector, adulto o niño, y así llevarlo por su propio camino que lo enganche irrevocablemente con un libro.

La primera parte de ese camino, que puede ser la más importante, es la del libro ilustrado. Insignares abre El árbol rojo, de Shaun Tan, para preguntarse qué es la tristeza y si esa tristeza es esencial. Este libro, que puede considerarse para niños, aborda la perplejidad filosófica que cuestiona el mundo a través del pensamiento infantil: “desencaja el mundo que ya se cree conocido para dejarlo de ver bajo los mismos preceptos”. La imagen como forma primigenia de lectura. La imagen, sus metáforas, su cercanía con la poesía: no está todo dicho. Al leerla, y luego al leer palabras, aprendemos a “ficcionar”, como dice Insignares, esto es crear voces, escenarios, ideas.

Libros Mr.Fox es un espacio ambientado con luz tenue y una sala que recuerda la película Fantástico Mr.Fox de Wes Anderson. Foto: David Rugeles


Gracias a estas valientes argucias, Libros Mr. Fox ganó este año un estímulo-beca del Instituto Distrital de las Artes para programar el Encuentro Ilustrado Señor Zorro, que se hará cada año. Durante el evento, que comenzó en agosto pasado y finalizará el próximo 24 de noviembre, han participado escritores, críticos y editores que han estado cerca de la gente, tomando café, haciendo talleres, sin distancias. El cierre del Encuentro estará dedicado a la ilustración con invitados como Ivar Da Coll (el “padre” del libro álbum en Colombia) y Alejandra Acosta, artista chilena con reconocimiento en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Boloña 2017.

Aquí las prescripciones, encuentros y conversaciones en torno al libro ilustrado son formas de crear ese puente entre un lector y aquellos mundos en el papel donde se puede crear una bella ficción.

Literatura en do mayor

Se abre la Caja de Pandora. La artista aguarda al fondo de la mínima sala de conciertos. El público se acerca, se acerca más. Muchos no habían visto un arpa clásica, ni mucho menos la habían escuchado. Celestial, sí. Inolvidable, mucho más. Al final de su interpretación se abre la tertulia, algunos preguntan cómo se afina, otros se interesan por el repertorio. Es domingo a mediodía en la librería Tornamesa y las familias llegan no necesariamente a buscar un libro, sino a disfrutar de un recital. A tener una experiencia.

Camilo de Mendoza y Álvaro Roa son los fundadores de este espacio que empezó siendo una “quijotada” en un rincón del centro comercial avenida Chile para que la gente se reencontrara con la buena música, casi como con un objeto precioso y en vías de extinción. Fueron de los primeros en volver a vender vinilos y tornamesas antes de que fuera una moda y de los que hoy en día tienen, entre librerías, una de las más jugosas programaciones de conciertos con músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y charlas preparatorias para la temporada de ópera de CineCo Alternativo. En noviembre, para la muestra, tendrán en su Caja de Pandora conciertos de violín, guitarra y tuba interpretando a compositores colombianos y a grandes clásicos.

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Claro, venden libros, pero tal vez sea apenas una excusa, un colchón económico. La música, el cine y los vinos son sus grandes pasiones. A veces se crea una sinergia entre estos elementos y convocan eventos como aquel en el que en una sola tarde hubo una charla sobre Pessoa, una cata de vinos portugueses y un concierto de fado.

 Tornamesa lanzó el año pasado su propio sello editorial. Es una propuesta que combina música, libros y vinos. Foto: David Rugeles


La apuesta de Tornamesa, ahora con una amplia sede en la zona G, va más lejos aún. El año pasado inició su propio sello editorial con la publicación de “El jaguar de Orfeo”, un poema escénico (en parte libreto para una ópera) de Hugo Chaparro Valderrama y con ilustraciones de Sandra Restrepo. Pronto lanzará un libro objeto sobre historias alrededor del tango, escritas por diferentes artistas argentinos. Este es un proyecto de Marcela Otero, su asesora de arte, que reúne libro, foto y exposición para hacer referencia a cada una de las historias. Además, tiene su propia marca de merchandising con cuadernos, tazones y camisetas que le rinden un homenaje a lo retro.

Hay cierto placer en el gesto de pasar los dedos por los vinilos, como tecleando. Se escriben historias mientras se buscan canciones. Acariciar la discografía completa de Soda Stereo y Bob Marley, tener por un instante las ediciones rusas de compositores clásicos o a Glenn Gould tocando a Bach, un tesoro que suele esfumarse en unas pocas horas.

Encontrar lo femenino del lenguaje

Lo femenino nos habita a hombres y mujeres. A veces lo íntimo del lenguaje puede ser esa parte femenina, o la llama, la creación, la fuerza misma. Esa parte que a veces escasea en los estantes de las librerías. Hace dos años, María Isabel Martínez, feminista, trabajadora incansable por los derechos, quiso que ese vacío no lo fuera más: que se estudiaran escritoras, así como se han estudiado hasta el cansancio autores como Borges y Cortázar, que en los clubes de lectura se descubriera el trabajo de las jóvenes creadoras, que las mujeres tuvieran su “cuarto propio”.

En El Telar de las Palabras, la única librería especializada en la escritura de las mujeres, se aviva esa llama de la escritura (no necesariamente feminista) con poesía negra, como la de Carmiña Navia Velasco y su libro Instantes en fuga; con las colecciones de cuentos infantiles y afrocolombianos de Mary Grueso Romero; con voces dolidas y poderosas como la de Virginia Woolf, Clarice Lispector o Emily Dickinson.

Nada más entrar a este acogedor espacio en el primer piso de una casa de estilo inglés y se encuentra un libro sorprendente de novela, poesía, ensayo, historia. Por ejemplo, en la mesita central reposa Baluarte, de la poeta española Elvira Sastre. Se abre una página al azar: “Siempre estoy de vuelta/ porque uno es de donde llora”. La selección también incluye a escritores que, a veces de forma muy sutil, abordan lo femenino. De esto surgen conversaciones. La conversación como alma de una librería independiente.

También se realizan talleres creativos, como el taller de escritura Uña Roja, dictado por María Antonia León, en el que “se busca partir de experiencias, escenas o elementos de la vida de las estudiantes para hacer diferentes textos intimistas”.

El Telar de las Palabras se convirtió en la única librería especializada en la escritura de las mujeres. Foto: David Rugeles

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El Telar de las Palabras acoge el único círculo de lectoras que se reúnen cada quince días a leer a viva voz a una escritora. Han pasado, con vino y queso para acompañar la velada, por novelas como Azares del cuerpo, de María Ospina Pizano, o la muy sentida Memoria por correspondencia, de Emma Reyes. Leen y se detienen. Lloran si es necesario, pero ríen más. Comentan el libro desde sus propias vivencias, lo hacen propio.

De un ático al Museo de la Inocencia de Pamuk

Para tomarse la casa, como en un sueño de Cortázar, hay que pasar por un jardín. El jardín tiene un liquidámbar y hojitas que colorean el piso. La casa, una antigua y bella, como de esas que ya no hacen más, está invadida por los libros. Se atraviesa una sala iluminada por el sol de las cuatro, se suben las escaleras hasta llegar al ático. Ahora sí, aquí está la Casa Tomada.

En ese ático fantasmal y delicioso empezará el viaje. Alguien lee Estambul, de Orhan Pamuk: “Para mí esta siempre ha sido la ciudad de ruinas y de una melancolía de fin de un imperio. He pasado mi vida o luchando con esta melancolía o (como todos los estambuliotas) haciéndola propia”. ¿Cómo sería experimentar esa melancolía? ¿Cómo hacerla propia, apropiándose a la vez de una ciudad? Las letras son un buen comienzo. Bien podría conocerse la Buenos Aires de Borges, la Praga de Kafka, el Dublín de Joyce y la Lisboa de Pessoa. Para los que quieren llegar más lejos, realmente más lejos, está el Club de Literatura y Viaje de la Librería Casa Tomada.

Empezó este año con la lectura de Pessoa, Saramago y Tabuki, y luego con la visita a Lisboa de la mano del profesor Jerónimo Pizarro, experto en estudios portugueses y en Pessoa. La idea era desmarcarse de la ruta turística tradicional, visitar la fiesta popular de Lisboa, presentaciones de fado, hacer una ruta de librerías y, sobre todo, caminar las calles de las que hablan los escritores que leyeron, sentirse un poco habitantes de aquella ciudad luminosa y nostálgica.

El próximo viaje será a Estambul, a finales de mayo de 2019. Casa Tomada se prepara con una serie de actividades para conectar a los lectores y viajeros con esta ciudad. Se encuentra en curso el seminario “De los otomanos a los islamistas” con el profesor de historia Luis Eduardo Bosemberg y, a partir de febrero, cada primer sábado del mes se hará el Club de Lectura y Viaje con obras de Pamuk y Yusuf Atilgan. En Estambul se visitarán lugares emblemáticos como la Mezquita Azul, el Palacio de Topkapi, el mercado cubierto Gran Bazar, el valle de las chimeneas de las hadas y por supuesto el Museo de la Inocencia, el mismo de la novela del Premio Nobel.

En Casa Tomada se conocen los países y sus ciudades gracias a los libros, y luego se organizan viajes con el fin de realizar turismo literario.  Foto: David Rugeles


Ana María Aragón, librera de la Casa, quien junto con su esposo Fabrizio Ciurlo idearon estos viajes literarios, comenta que “se siente que quieres la ciudad, que la has estado queriendo a través de los escritores”. Hay nostalgia por esos lugares pasados que sirvieron de escenario en las novelas, pero jamás decepción. Los caminos están hechos para ser andados, conversados, pero también para perderse y comenzar un affair único con ellos.

*Escritora bogotana. Autora, entre otras novelas, de Los últimos días del hambre. Profesora de la maestría de Creación Literaria de la Universidad Central. @julianadelaurel.

 

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